edición: 2576 , Miércoles, 17 octubre 2018
22/05/2018
banca 
A 38 puntos del óptimo

El ajuste de la red bancaria podría haber alcanzado ya la zona de riesgo

Para llegar al punto óptimo, España debería bajar de las 62 oficinas por 100.000 habitantes hasta las 24 de media de la UE, demasiado lejos
Juan José González
La convicción de que la capacidad instalada de la banca española continua siendo muy superior a la media de los países del resto de Europa, está animando no sólo a mantener los planes previstos de cierres de oficinas y reducción de trabajadores, sino a acelerar la velocidad de cierres y de paso afinar un poco más las previsiones a la situación actual. Continua, en cualquier caso, el proceso de ajuste en el sector bancario, dentro del marco global de la reconversión iniciada en 2011. El primer trimestre del año confirma que la marcha del ajuste transcurre dentro de los planes y cifras previstos por las entidades bancarias, y que según las últimas cifras alcanzan a un total de 350 oficinas cerradas en ese período. Suma y sigue el cierre de oficinas y la reducción del tamaño del sector parece estar cada vez más próximo a la media de los países del resto Europa, medida y criterio considerado por las entidades y expertos del sector como el óptimo de capacidad instalada para hacer frente a la demanda de la clientela. De las cerca de 47.000 sucursales que mantenía abiertas el sector en 2008 hasta las 27.500 al cierre de 2017, el sector ha recortado la red en un 40%, mientras que en términos de empleo lo ha reducido en un 32%, unos 30.000 trabajadores menos. Por contra, el sector ha registrado un avance importante en términos de eficiencia (entre 3 y 8 puntos). Pero quizá el resultado que más atrae a los expertos del sector, respecto al tamaño de la red, es el que hace referencia a la ratio de oficinas por cada cien mil habitantes. Según este criterio, y a pesar de que el sistema financiero prosigue en su plan de adelgazamiento, éste parece estar aún muy lejos de alcanzar el nivel óptimo de oficinas por habitante (24) que se fija como media en la UE.
Incluso daría la impresión de que aún tienen que pasar varios años para alcanzar ese nivel óptimo de capacidad, habida cuenta que en España todavía hay 62 oficinas por cada cien mil habitantes. La diferencia de opinión entre los expertos y el sector es evidente. Mientras que las entidades financieras siguen al pie de la letra los planes de ajustes tanto de red como de plantilla, los expertos del sector señalan en sus estudios que la reducción de capacidad podría llevarse a más velocidad dada la necesidad de ajustar costes y de ganar eficiencia del sector, una asignatura pendiente convertida en crónica.

Todas las estrategias tienen una carga de riesgo que deben asumir y graduar sus responsables. En este caso, todo indica que las entidades cuentan con las medidas oportunas del riesgo asumido en los ajustes de capacidad, como también que de su graduación dependerá que sus cálculos de ahorros de costes se queden cortos o bien, que se pasen de frenada y pierdan capacidad de generar resultados. El mercado y los expertos parecen demandar un ajuste mayor, en algunas zonas geográficas e incluso, en algunos sectores de clientela, el ajuste de capacidad podría ser aún mayor de lo previsto por las estrategias de las entidades.

Por otro lado, en el mercado también se cuentan partidarios de rebajar el ajuste y, dado que la reducción de red y trabajadores ya ha alcanzado un nivel significativo, esperar el resto del ejercicio de 2018 -tres trimestres- a la espera de los efectos que sobre la actividad económica pueda proyectar el regreso a un escenario con tipos de interés más altos y, por tanto, a un aumento de las expectativas de mejora de las cuentas bancarias. Incluso es probable que algunas entidades bancarias procedieran a la revisión de su estrategia de cierre.

Y sin embargo, no parece que las encuestas de opinión que analizan el nivel de satisfacción de la clientela registren cambios o novedades que repercutan en una mejora de los servicios ni en un aumento de la calidad de estos, como tampoco se hayan percibido las mejoras en términos de menores costes o abaratamiento de las comisiones a la clientela. Al contrario, una parte de los clientes advierten del deterioro de los servicios bancarios y de la atención en las oficinas.

Se podría concluir por tanto que los ajustes en el sector han beneficiado en primer lugar y sobre todo a las entidades, mientras que los beneficios del ajuste todavía no son percibidos por el público. Y la ratio de oficinas por habitante que registra la media de los países de la UE, no parece que esté encaminada, en el caso español, a mejorar los servicios ni su calidad como tampoco se vaya a traducir en una mejora de los costes para la clientela. Podría suceder también que el óptimo de capacidad bancaria europea no se correspondiera con el óptimo de las necesidades de la banca española ni del cliente en España.

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