edición: 2887 , Martes, 21 enero 2020
24/10/2019
Alemania es la referencia

El aplazamiento de la reforma de las pensiones haría imposible la gestión del sistema

El futuro de las pensiones sigue al albur de la marcha de la economía, de la afiliación y del empleo, paliativos temerarios que aplazan una quiebra
Juan José González
La tensa calma que mantiene el problema de las pensiones públicas se altera por momentos, en particular cuando se conoce alguna nueva cifra sobre el déficit del sistema de la Seguridad Social, hoy ya en zona de amenazante desequilibrio contable, o cada mes con la publicación de la afiliación al sistema o las cifras sobre la creación de empleo o de actividad económica. Se diría que entre unos y otros, el horizonte se presenta cada día un poco más difuso. Como también complejo la gestión del actual sistema de pensiones. Respiran bien los jubilados de hoy mientras que los del futuro contienen el aire conocedores de la realidad y de las consecuencias que para ellos puede tener el aplazamiento de una solución, arreglo que en todo caso no estaría exento de nuevos efectos y exigencias. El problema de la sostenibilidad del actual sistema de pensiones públicas parece destinado a ser uno de los asuntos prioritarios en la agenda del Gobierno que vaya a salir de las próximas elecciones. Problema heredado que ha propiciado su carácter crónico y tamaño creciente y que ni siquiera su reforma, por imposición de la Unión Europea a partir de 2012, cuando se estableció el aumento paulatino de la edad de jubilación, ha logrado resolver, tan sólo aliviar y aplazar. Problema que ahora obliga a tomar decisiones inmediatas, definitivas, inaplazables y seguramente dolorosas.
No es la primera vez que el Banco de España advierte en los últimos dos años sobre el crudo panorama que dibujan las cifras sobre la población afectada por el sistema de la Seguridad Social como jubilados, ofreciendo ideas y soluciones razonadas en base a cálculos sobre realidades presentes y estimaciones futuras. Y sin embargo, no parece que cunda el pánico, tan sólo son capaces de crear las advertencias del supervisor financiero una leve señal de alarma que el tiempo se encarga de difuminar y desaparecer. Otras organizaciones privadas y organismos públicos como la autoridad independiente fiscal Airef, han señalado el problema y ofrecido numerosas soluciones.

Nada habría provocado la alarma al respecto si la evolución de la población española en los últimos años se hubiera comportado de forma diferente, es decir, si hubiera bajado la media de años de vida. Pero no, al contrario, la población ha alargado considerablemente los años de vida, obviamente, percibiendo la debida jubilación. Con el dato objetivo y principal premisa del problema, aparece la esperanza de vida, sobre la que recaen la gran mayoría de las soluciones propuestas. Hasta el punto de asignarle el principal -que no único- elemento sobre el que se debe actuar de forma inmediata para empezar a resolver el problema del desequilibrio financiero del sistema de pensiones, asunto diferente al sostenimiento o supervivencia del mismo.

En este sentido, el Gobierno en funciones, con alta probabilidad de repetir el próximo 10 de noviembre, parece acariciar los cambios en el sistema de pensiones que recomienda un informe del Bundesbank, publicado esta semana, para Alemania. Expone con claridad el informe la cruda realidad del panorama alemán, con los mismos problemas de esperanza de vida de la población y cambios demográficos que pueden tener en la actualidad otros países, como España. 

Propone que la edad jubilación dependa de la esperanza de vida (hasta los 69,3 años) recortes en las prestaciones de los jubilados y aumentos de la cotización de los trabajadores en el salario bruto desde el 18% actual al 24%. Es probable que la estrategia de los últimos Gobiernos (el actual en funciones incluido) se haya centrado en fijar las medidas y proporciones del problema avanzando algunas cifras que son las que han provocado las alarmas.

Pero esas mismas cifras devienen ahora en anuncios próximos a la catástrofe si no se toman medidas. Y las cifras presentan cada vez con mayor claridad que la supervivencia del sistema de pensiones pasa por la supervivencia financiera del mismo y éste a su vez, pende de las aportaciones de los afiliados y de un alargamiento, aún más, de la edad media de jubilación, ambas actualmente insuficientes para que se mantenga el sistema de pensiones. Las cifras, los cálculos oficiales y las características del problema de las pensiones en España son similares y muy parecidos a los que recoge el informe del Bundesbank. De la misma forma que el peligro acecha a los sistemas y jubilados españoles y alemanes, deberían también las autoridades armarse de valor y pasar de confiar en los paliativos como solución a poner las bases para salvar el sistema y eliminar las probabilidades de una catástrofe.

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