edición: 3028 , Viernes, 14 agosto 2020
02/10/2019
Sólo las familias parecen haber aprendido la lección

El aumento del ahorro contrasta con el catastrofismo oficial en la interpretación de las cifras

Se abre paso un relato interesado que descuenta una crisis, cuando todavía se desconocen las causas que provocaron la anterior y sin la certeza de que las instituciones han aprendido de la experiencia 
Juan José González
Se frena la economía, hoy en el 2% anual, se frena la creación del empleo, también el consumo y cae la demanda industrial. Cifras que quieren ponerle cara a una crisis. Por sorpresa se produce un aumento notable del ahorro de las familias, casi el 9% de la renta disponible. Al margen de que las causas, originariamente, se encuentren en el aumento del empleo de los últimos meses y las mejoras salariales, la propensión al ahorro de las familias bien parece la prueba de una enseñanza, de haber aprendido una de esas lecciones que deja una crisis: la necesidad de la austeridad y el ahorro. En este escenario, sin embargo, ya se perciben las interpretaciones, los relatos y los pronósticos que apuntan hacia un horizonte de precrisis. Incluso comienzan a circular las primeras proyecciones económicas para fin del presente año y del próximo. Contrastan las opiniones expertas que descuentan la crisis con la actitud previsora de las economías familiares de hacer acopio de fuerzas y recursos para lo que se pueda esperar. Contrasta también con el excesivo catastrofismo de la interpretación de las cifras, ajustada, según convenga el relato, al público interesado. Y todo sin conocer las verdaderas causas, la verdad, que han provocado la última crisis.
Se mantienen, 19 años después del inicio de la crisis financiera, las dudas sobre si nuestras instituciones han aprendido las enseñanzas de la crisis y, por tanto, están en condiciones de aplicarlas, o bien, si por el contrario volverán a mostrarse ineficaces y fallidas cuando llegue la próxima. A falta de un relato fiel, independiente, de los motivos y causas de esa fase económica, es quizá ahora cuando de echa en falta una de esas ocurrencias que, como las `Comisiones de la Verdad Económica´ han llevado a la práctica -en mayor o menor medida y con diferente profundidad- algunos países, caso de Islandia, que han servido para establecer un relato fiel de los pasos, decisiones e iniciativas erróneas que llevaron a la economía de un país a la crisis.

Relato de hechos y análisis de los motivos realizado por expertos independientes, sin intervención política alguna. Una comisión de la verdad que pudiera dar una idea cierta a la ciudadanía sobre los factores que provocaron la crisis y despejar las dudas sobre si el relato oficial es erróneo, incompleto o falso. Explicaciones de ¿por qué no sonaron las alarmas? y quiénes deberían haber advertido de estas; quién pudo detener o frenar la burbuja, por ejemplo, inmobiliaria, y no lo hizo; a quién benefició su explosión; cuánto costó la crisis, en fin. 

Lo cierto es que los Gobiernos europeos ya han comenzado a advertir, en base a las primeras cifras que se consideran como un freno de la economía, sobre una etapa de enfriamiento económico, muy próxima, y que en apenas unos trimestres se podrá denominar recesión. En paralelo se construyen también los relatos, los escenarios, y se señala a los culpables, en esta ocasión, los excesos del presidente norteamericano y su particular guerra comercial contra China. Se abre el debate institucional en Europa sobre la dudosa eficacia de la expansión cuantitativa y sus herramientas monetarias.

Algunos bancos centrales, el europeo, el estadounidense, el británico, el francés, el alemán y el italiano se presentan, de nuevo, como pretendientes a controlar la crisis. Se mantiene la confianza política en que serán capaces de planificarla y ponerle cifras. Incluso preparan nueva regulación anticrisis y modelos de intervención novedosos. La práctica, sin embargo -el histórico- muestra que nunca un banco central ha sido capaz de anticipar una crisis, si acaso advertir de la tendencia hacia una recesión y poco más. Porque no constaba en sus modelos econométricos. Modelos en los que previsiblemente no contaban con las decisiones del mandatario norteamericano ni con sus efectos.

Recordar que fue una Comisión de la Verdad la que analizó los errores y las causas del crash bursátil de Wall Street en 1929, cuyas conclusiones se plasmaron en reformas concretas que ayudaron a que durante casi ocho décadas no se produjera otro crash. Quizá es que aquellas reformas se quedaron obsoletas, o quizá alguna no fue bien aplicada a la realidad, dado que el episodio replicó en 2008. Lo cierto es que tan sólo once años después de la réplica regresa, de nuevo, el fantasma de una nueva crisis de la que ya se anuncian algunas medidas.

Sería muy útil contar con un grupo de trabajo organizado de expertos independientes que pudieran sugerir las posibles decisiones que se pueden adoptar para que, o no vuelva a suceder lo mismo -otra crisis- o al menos, evitar que los efectos sean tan malignos. Aunque ahora es probable que ya sea demasiado tarde. O no.

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