edición: 2974 , Martes, 26 mayo 2020
05/03/2020
Dos pilares del PIB español en alto riesgo

El automóvil se tambalea, el turismo tropieza y la economía entra en depresión

Una desmedida aplicación de criterios ideológicos en la normativa medioambiental y un imprevisto evento internacional, parecen golpear con fuerza dos industrias capitales, riquezas básicas nacionales
Juan José González
El sector del automóvil viene manifestando una especie de gripe en los últimos nueve meses que levanta las sospechas sobre su auténtico estado de salud. El turismo acaba de coger un resfriado a cuenta de un virus inesperado que ha provocado un malestar presente y futuro de incalculables efectos. Son dos industrias claves en el edificio de la economía española, que representan cerca de la mitad del PIB español. Los dos fuertemente relacionados con el comercio exterior y con la entrada de divisas, entre otros lugares comunes. La riqueza nacional está representada en estos dos sectores, se diría que de bandera, que además de la riqueza dan empleo a cientos de miles de personas. España es una factoría automovilística para el mundo, al que envía unos dos millones de vehículos al año. Y el turismo es una puerta abierta por tierra, mar y aire por las que entran 82 millones de viajeros en un año. De esta forma, matriculaciones y producción de automóviles, y entradas, permanencia hotelera y consumos, se convierten en el retorno de los bienes y servicios producidos, vendidos y exportados. Sin embargo, no parecen que las industrias citadas vayan a proporcionar muchas alegrías en el próximo futuro si se entiende por alegrías el aumento de producciones y ventas y las mayores llegadas de turistas, pernoctaciones y consumos de estos valiosos viajeros. ¿Cuáles son las razones?
De nuevo las miradas se vuelven hacia el Gobierno, el centro de los reproches del sector de la automoción, que se tambalea peligrosamente y al que, con un plan inédito, se quiere tomar como conejillo de indias para los experimentos que las autoridades proponen hacer en asuntos relacionados con el medio ambiente. Porque al parecer, la salvaguardia y la protección ecológica pasan, precisamente, por fustigar al sector del automóvil, culpable por sentencia que más o menos se conoce, del cambio climático. Los poderes públicos aseguran contar con pruebas suficientes para fundamentar que el mayor mal que se le puede ocasionar al medio ambiente procede de las emisiones contaminantes de los motores de combustión. Quizá aquí habría que apuntar, por colosal olvido, las emisiones igualmente contaminantes de las naves aéreas.

Pero el medio ambiente merece una atención inmediata y contundente, en el que el Gobierno tiene hipotecado un compromiso con la Unión Europea que le pondrá las cosas difíciles si intenta dar marcha atrás en las políticas medioambientales. Aunque es probable que más de un departamento ministerial, y no sólo el de Transición Ecológica, se encuentre ahora mismo dándole vueltas a una legislación alternativa a la propuesta inicialmente por el Ejecutivo, para que suavice y module su primer entusiasmo legislativo medioambiental por el bien de la industria y de la riqueza nacional. Algunas cifras, principalmente, laborales y de ingresos, de nuevas medidas de los distribuidores del sector, habrían conseguido entrar en razón a los redactores de algunas de las medidas que prepara el Gobierno en esta materia.

En el convencimiento, al fin, de que entre el final del motor de combustión (ya sentenciado a muerte el diésel) y las nuevas gamas (insuficientes en prestaciones) que están apareciendo en el mercado, hay un gap o intervalo de muchos meses, años, en los que la industria del automóvil no puede parar sus cadenas, el advenimiento del coche eléctrico puede llevarse por delante a cientos de miles de empleos y cientos de miles de millones. Un desastre al que habría adjuntar los daños correspondientes a los cierres de concesionarios e industrias auxiliares. El Gobierno, aseguran conocedores del problema, se ha vuelto sensible y reconoce que el primer golpe (la sentencia del diésel) fue tan contundente como desmedida. Lo que lleva a sospechar que rectificará en breve.

Sin embargo, en el otro pilar industrial de la riqueza nacional que tropieza, el turismo, el Ejecutivo se encuentra más atado, más dependiente de variables que no controla ni puede controlar, se puede decir, incluso, que con un muy escaso margen de maniobra para que el golpe de una mala campaña no se lleve por delante varios millones de esos 82 que llegan cada año al país (y que en esta campaña se había apuntado que podrían alcanzar los 84 millones). 
Y de repente llegó el Covid-19. Un imprevisto de mayor alcance que aquel protagonizado el verano pasado por la quiebra del operador Thomas Cook. O el muy reciente también de la crisis en Cataluña, otro evento que, sin embargo, no parece haber desequilibrado mucho las cifras previstas de visitantes. Se desconoce por el momento qué tipo de acciones oficiales debe estar preparando el Ejecutivo, que a buen seguro estará dándole alguna vuelta a la crisis del citado virus, dada su trascendencia y daños colaterales que puede provocar en la riqueza del país. Un pilar el turismo que ahora tropieza pero que desde hace algún tiempo viene emitiendo señales de agotamiento, a pesar de que mantiene una racha de récords y de sus más de 91.000 millones de euros de ingresos que proporcionaron los más de 82 de millones de visitantes. Y que ahora se pueden reducir en una cuarta parte.

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