edición: 2936 , Lunes, 30 marzo 2020
27/02/2020
Regreso al estilo más MAFO del supervisor

El Banco de España aconseja al Gobierno y a la banca sobre la economía verde

Teme que el Ejecutivo destine los ingresos procedentes de la fiscalidad verde a tapar agujeros como el déficit público y la deuda, cuando deberían ser orientados a compensaciones sociales
Juan José González
Recordando los mejores tiempos del gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez (MAFO), el actual supervisor Pablo Hernández de Cos, ha querido recuperar el fondo y la forma de aquel antecesor en el cargo y recomendar al Gobierno que sea más ejecutor que promotor y no pierda el tiempo `vendiendo´ la economía verde. De Cos insta al Ejecutivo a impulsar los impuestos verdes dada la evidencia de los efectos reales que ya se dejan sentir en numerosos ámbitos de la vida del cambio climático y hoy ya reconocidos por la comunidad como crisis climática. Seguramente bien aconsejado, el supervisor bancario español, aprovecha la coyuntura política y en medio del ambiente general, en medio de anuncios y confirmación oficial de nuevas tasas y más que probables subidas de otros impuestos, presiona, en definitiva, para impulsar los impuestos verdes. Y recuerda a los mejores tiempos de MAFO cuando este animaba públicamente al Ejecutivo de turno a intervenir en la política fiscal para provocar cambios en la economía. Esta vez, De Cos es más elocuente y señala la necesidad de la política fiscal para desempeñar una función destacada, promotora de la gestión del cambio "hacia una economía más sostenible" según sus palabras. A diferencia de su antecesor, De Cos deja bien claro que este trabajo corresponde al Ejecutivo y al Parlamento dado que son los que tienen la legitimidad para fijar las pautas de la transformación.
El mensaje, sin embargo, va más allá de la simple recomendación al Gobierno, pues hace hincapié en el compromiso de este en priorizar la fiscalidad verde. Un compromiso que parece haberse frenado, de repente, tras el fiasco de aquellas gloriosas declaraciones de la responsable de Medio Ambiente cuando anunció el final próximo del diésel. Es probable que aquel anuncio haya provocado tantos daños directos y colaterales en el sector de la automoción que el Ejecutivo haya decidido dar una pensada a su política verde, y en concreto, a su fiscalidad. Política fiscal verde que sí han sabido coger al vuelo las Autonomías, que no han dudado en diseñar nuevos impuestos al diésel y a algunos grandes emisores de carbono.

El gobernador parece haber querido enviar mensajes al Gobierno cuando lo ha considerado oportuno, si bien, De Cos no se ha prodigado tanto como aquel MAFO reivindicativo y militante de la macroeconomía. Y ha procedido al envío en la medida en que sospechaba (y sospecha) del destino y utilización de los ingresos procedentes de la `fiscalidad verde´. Seguramente la desconfianza del supervisor hacia el Ejecutivo provenga de la falta de transparencia de este en asuntos de política fiscal. Pero en todo caso, se sigue sin aclarar el destino que vayan a tomar los ingresos procedentes de la `fiscalidad verde´. A nadie se le escapa que la construcción del nuevo edificio presupuestario tiene una potente estructura interior fiscal, diseñada para cubrir agujeros y rotos como déficits y deudas.

Si esto se cumple, la sospecha del Banco de España, como parece que se puede interpretar, habrá que resolver que el supervisor no descarta que los planes del Ejecutivo para reducir el déficit público o la deuda pública, pasen por aplicar una parte importante de los ingresos procedentes de la `fiscalidad verde´ a sofocar´ deudas y déficit público. Si no se le ocurren más fuegos. En este sentido, el supervisor se ha mostrado claro y tajante: no sería de recibo que los ingresos de la `fiscalidad verde´ se destinaran a fines diferentes de los medioambientales, como los citados del déficit público y la deuda, dos de los problemas que mayor presión ejercen sobre la gestión política.

El Banco de España ha tenido consejos para el Gobierno y consideración para el sector bancario que tienen relación con el cambio climático (transición climática en palabras exactas). De Cos hace gala de conocer perfectamente la mecánica que están siguiendo algunas entidades en este nuevo campo climático. Observa un postureo excesivo (al que denomina "ecopostureo") en relación a que muchas compañías, bancos entre ellas, suelen abusar de la etiqueta verde que `plantan´ a muchos de sus activos que de verde no tienen nada salvo el color de la publicidad que los envuelve. Para ser eficaces recomienda el supervisor que determinen con exactitud los riesgos de sus actividades a la transición climática y que, a continuación, los incorporen a los precios.

En definitiva, las ideas que lanza el supervisor bancario son buenas, con perspectiva social, significan redistribución justa de rentas, tienen en cuenta que en asuntos de sostenibilidad hay ganadores y perdedores porque en el proceso de transición que implica la adopción de tecnologías limpias el pagador, el pagano, siempre es el mismo. Y con esta idea social de compensación al perdedor el Banco de España le quiere recordar al Gobierno que, si bien, es muy correcto que el ministerio de Transición Ecológica haga hincapié en la reducción de la huella de carbono y esté considerando asimismo que a la misma le corresponde un impuesto, no debe olvidarse de compensar a los que mayoritariamente pagan los impuestos. Como se verá, el mensaje dirigido al Ejecutivo de coalición progresista no puede ser más social.

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