edición: 2808 , Viernes, 20 septiembre 2019
20/12/2018
banca 
Sigue a la cola de la banca europea

Banco de España apremia a la banca objetivos más ambiciosos para cumplir con el BCE

De los mensajes de Bruselas se puede interpretar que el retraso de la banca española en tasas de rentabilidad sostenibles, estaría aplazando la puesta en marcha de otras instituciones bancarias europeas
Juan José González
Según ha trascendido, varias entidades financieras habrían recibido el reproche del supervisor en los últimos meses por el retraso en el cumplimiento de algunos de los objetivos comprometidos por el sector con el Banco Central Europeo. En concreto, las críticas tendrían su origen en la deficiente gestión de las entidades en darle salida a los activos improductivos, que aún en cifras muy elevadas, deberían representar menos de 60.000 millones de euros desde los poco más de 190.000 millones de 2013. El supervisor central considera que tras cuatro años de desprenderse de los activos adjudicados, la actual ratio de activos dudosos del sector no ha conseguido bajar del 6,38%. En base a este dato, el Banco de España, según reconoció la subgobernadora de la entidad, Margarita Delgado, en un encuentro financiero el pasado mes de octubre, a pesar del esfuerzo realizado por las entidades, se echaba en falta "una gestión dinámica de estos activos que han de marcar objetivos ambiciosos y creíbles". Algo que parece que no se ha hecho con el suficiente celo y que termina situando a la banca española en los últimos lugares de la banca europea.
Sin embargo, no parece que sea éste el peor reproche que se le puede hacer al sector financiero español, sino que el asunto de mayor preocupación continúa siendo el nivel tan bajo de capital de los bancos y la convivencia con la prolongado fase de baja rentabilidad, cuya amenaza no es otra que la de llegar a convertirse en crónica. El sector bancario español se lleva por tanto varios tirones de orejas a pesar de los esfuerzos y mientras la Autoridad Bancaria Europea (EBA) reconoce que en lo que sí destaca España es en la gestión de los costes de personal, se supone que debido a los ajustes. Pero el descontento del BCE y de la EBA con España va en otra dirección aún peor que las señaladas.

Si por algo llaman la atención las opiniones de los responsables del BCE en sus apariciones públicas, o las informaciones que trascienden de las reuniones con los supervisores locales, es por su contundencia y relevancia. Los reconocimientos por áreas de gestión del sector dejan en un buen lugar a los gestores de costes de personal, apartado en el que España es el país número uno, debido en cualquier caso, no sólo a un factor de sustitución de mano de obra por tecnología -cambio digital- sino también y sobre todo, por los fuertes ajustes que se vienen produciendo en los últimos seis años. 

Que el tamaño del sector bancario español se haya reducido, mediante reestructuraciones intensas, en un 40% sus oficinas y en un 35% sus plantillas, confirma que la banca española se ha aplicado como ninguna en este asunto y de ahí el primer puesto europeo en el sector por la ratio de eficacia. No obstante, esta eficacia en la gestión de costes (sinónimo de reducción de plantilla) se traslada a otra ratio en la que también destaca la banca española, con una tasa media de eficiencia doce puntos menor (mejor) respecto a la media europea.

Sin embargo, y en contra de la lógica del negocio bancario, la mejor eficacia de los bancos españoles no se traslada al terreno de la rentabilidad, donde de nuevo, los bancos españoles vuelven a recibir otro tirón de orejas. Se preguntan los supervisores bancarios, el local y el central, por qué motivo los bancos españoles, con buenas posiciones en solvencia y liquidez no logran convertirse en fuentes de rentabilidad, sino que tiene que ser las menores dotaciones de provisiones las que salven la cara de la rentabilidad.

La preocupación de las autoridades financieras, pendientes de que la subida de tipos de interés (en principio prevista a partir de mediados de 2019 o después del verano) anime la recuperación de la rentabilidad bancaria, se centra en el riesgo que la prolongada fase de baja rentabilidad termine por socavar los niveles actuales de solvencia, suficientes en el caso español pero que en caso de deterioro obligaría a nuevos sacrificios. Advierte el supervisor local que no es sostenible una situación prolongada en la que el retorno es inferior al coste de capital, un lugar que ya es conocido por el sector bancario pero que ahora se apremia para mejorar.

La EBA ha sugerido en un reciente informe sobre el sector bancario europeo mayor compromiso con los objetivos individuales, acortar sus tiempos de ejecución y mayor esfuerzo en progresar en las ratios de capital. Una invitación muy en la línea de la avanzada por el supervisor local, Gobernador y subgobernadora del Banco de España, solicitando esta última "marcar objetivos más ambiciosos" y, lógicamente, creíbles. En el fondo, la sensación general que transmiten en el final del año los mensajes de BCE y EBA (y que reproduce el Banco de España) deben ser interpretados en clave de retraso de cumplimientos. Un retraso, el de la banca española, que estaría provocando el aplazamiento de la puesta en marcha de, entre otros, el sistema europeo de garantía de depósitos o la reforma del sistema de resolución bancaria.

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