edición: 2763 , Jueves, 18 julio 2019
18/06/2019
El BCE, alarmado, en estado de alerta

El Banco de España envía a la banca un mensaje de riesgo elevado, de tormenta perfecta

El sermón del regulador al sector transmite nervios e intranquilidad por la desaceleración de la economía y no oculta su preocupación por la solvencia (insuficiente) y la rentabilidad (en riesgo)
Juan José González
Insiste el Gobernador del Banco de España en que el colchón de seguridad que le aportan los niveles de solvencia, por encima de los mínimos fijados por la regulación europea, han mejorado frente a los riesgos futuros que habían calculado los test de estrés. Y que, incluso, superaban la ratio de endeudamiento del promedio europeo. Si esto es así, sigue sorprendiendo la reiterada persistencia del regulador en apremiar a los bancos para que perseveren y aumenten sus niveles de solvencia, los cuales, a pesar de las alabanzas y elogios considera insuficientes. La comunicación que mantienen regulador y sector bancario es un juego que suele precisar traducción especializada para averiguar las verdaderas intenciones de los mensajes del primero. Y en este sentido, habría que interpretar que la petición machacona del regulador, que subraya el carácter relevante que tiene la ratio de solvencia, tiene que estar relacionado a la fuerza con la intuición o certeza del Gobernador del Banco de España sobre la existencia de un riesgo cierto, de unas cifras que presagian turbulencias o curvas para el sector bancario. Como bien asegura el Gobernador Pablo Hernández de Cos, la solvencia está en la primera línea de la defensa de los bancos frente a crisis sistémicas. Si la insistencia en el aumento de la solvencia responde al temor de un hecho cierto, previsible o esperado, es obvio que el regulador debería ser más directo y más claro, porque es probable que no esté llamando a los problemas por su nombre.
Lo cierto es que el Gobernador no deja pasar la ocasión de sermonear al sector sobre la conveniencia de avanzar en los niveles de capital, aspecto en el que viene a replicar al supervisor europeo (BCE) insistente en el compromiso permanente de elevar las ratios de solvencia, la de capital de máxima calidad (CET1 fully loaded) hasta alcanzar el 12%. A pesar de que, como se ha dicho muchas veces, la demanda de los supervisores en este aspecto no es vinculante, se trata de una exigencia o deseo compartido con los inversores, que estiman que la mayor solvencia en capital de la banca redunda en la seguridad de sus inversiones.

En todo caso, el sector, conocedor del fondo del mensaje del Gobernador trata de averiguar las razones de la intensidad de la presión que muestra el sermón del regulador, puesto que, como ya avanzó el pasado mes de marzo, el ciclo maduro de la economía invita a pensar en mayores riesgos y estos, a su vez, demandan más provisiones para hacer frente a posibles problemas. El ciclo maduro es visto también como una oportunidad en tanto ciclo de crecimiento y expansión, cuando las entidades bancarias deberían aprovechar al máximo la capacidad para aumentar capital, en cierta medida, es algo así como la política de la cigarra y la hormiga.

Es probable que el regulador bancario se sienta más exigido por el supervisor central europeo sobre la base de que éste último ya se encuentra desde hace unos meses en posición de guardia, de alerta ante lo que parece evidente como es la desaceleración de la economía. Por tanto, no debería extrañar que con el BCE en estado de alerta, al Banco de España se le hubiera ocurrido activar el protocolo (por darle un nombre no técnico, reconocible) del colchón anticíclico, habida cuenta de que ya pudo constatar que el freno de la economía estaba afectando a la solvencia y también a la rentabilidad del sector.

Cuando se dice que el regulador, en este caso, el Banco de España, debería ser más claro y directo en el contenido de sus sermones a la banca, se está apuntando a la dificultad de algunos sermoneados en interpretar la gravedad del mensaje del Gobernador, para unos nervioso, para otros agitado, intranquilo y alarmado. Y todo por la valoración de una realidad que indica que la desaceleración económica no es la única razón ni la de mayor peso la que hoy amenaza la solvencia y la rentabilidad del sector.

En las últimas semanas ha trascendido que algunas de las más grandes entidades del sistema bancario estarían esperando una `tormenta perfecta´, la suma y conjunción de riesgos que habrían pasado de la situación de probables a inminentes. Estos serían la suma de las caídas de las economías turca y argentina; el Brexit duro; la crisis política y la quiebra de algún banco italiano; el parón de la economía alemana y el problema latente de una guerra comercial global. Con este escenario de riesgo multilateral parecería razonable que el regulador se sintiera inquieto, como también que el sector compartiera el desasosiego.

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