edición: 2909 , Jueves, 20 febrero 2020
15/01/2020
banca 
PNV y ERC presionan y Podemos insiste

El Banco de España se pone en guardia para frenar las fusiones políticas

El impulso nacionalizador que interesa al nuevo Gobierno -Bankia-  y las aspiraciones nacionalistas de vascos –con BBVA- y catalanes -con Sabadell- quiere ser neutralizado por el supervisor, que aconseja fusiones con criterio técnico, respetando los deseos de las entidades
Juan José González
Bajan las aguas revueltas en un asunto en el que el Gobierno hace tiempo que ha decidido que tiene algo que decir: las fusiones bancarias. No se sabe si en su condición política de organizador institucional o de impulsor de proyectos, lo cierto es que el Gobierno, representante del Estado, es el dueño o socio mayoritario de un banco nacionalizado: Bankia. Sobre el futuro de esta entidad parecen querer opinar (todos con igual derecho pero desigual conocimiento) propios y ajenos. Y el futuro de la entidad bancaria se encuentra ahora en un momento capital, delicado. Es objeto de deseo político y financiero, sobre todo político porque parece haber sido elegido por el Gobierno como un elemento de negociación política, se entiende que con el PNV. Pero también es deseado, según una información que circula por Bruselas, por los nacionalistas de ERC. Proponen los vascos una fusión del nacionalizado Bankia con el BBVA. Proponen los catalanes otra fusión con Sabadell. Mientras tanto, el Banco de España, en ocasiones autista y a veces profesional de póquer, se ha mantenido en silencio hasta ahora, justo cuando, probablemente consciente de que la pieza (Bankia) está hoy más que nunca en el objetivo de unos y de otros, ha decidido salir en su defensa. Era un secreto a voces escuchado en los pasillos del Congreso de los Diputados, en su cafetería, en sus despachos y en el hemiciclo.
Bankia es objeto de deseo de los nacionalistas para resolver problemas financieros, para tener el control de una entidad bancaria que financie los grandes proyectos locales (nacionales) y para tener la vía abierta de pagos y transferencias de la Administración central del Estado. No es extraño que el supervisor local, el Banco de España, haya salido al auxilio de la causa, de la independencia de Bankia, de la entidad en su tránsito hacia el objetivo inicial que no es otro que sanear y desarrollar el crecimiento de la entidad, alcanzar la rentabilidad y cumplir con la regulación bancaria europea, tareas que viene cubriendo satisfactoriamente en los últimos años.

Metas alcanzadas que le permitirán, más bien a largo que a corto plazo, cumplir otro objetivo: devolver 20.000 millones de euros pendientes de los 24.000 millones que recibió de las ayudas públicas (Bankia más BMN). El Banco de España siente ahora la presión política que ejercen los partidos nacionalistas sobre el principal partido del Gobierno. Sabe el supervisor que el banco nacionalizado es una baza política para mantener la gobernabilidad del nuevo Ejecutivo, en coalición con un socio que siempre se ha mostrado partidario de llevar a cabo una fusión de Bankia con el Instituto de Crédito Oficial (ICO) o, en todo caso, eliminar el objetivo de privatizar el banco y nacionalizarlo en su totalidad.

Y como no es lo mismo escuchar las demandas programáticas de una formación política que pretende alcanzar el poder, como ya en el poder, contar con la capacidad de cumplir la demanda, el Banco de España se ha movilizado (como es habitual, con placidez y calma) y ha querido cuestionar la posibilidad de que el Gobierno novato ponga en marcha alguna operación bancaria. No sería la primera vez que un Ejecutivo de Pedro Sánchez se haya ofrecido públicamente una reflexión general al respecto, una fusión política entre el banco nacionalizado Bankia y otra entidad bancaria como el BBVA o también el Banco Sabadell.

Es probable que el Banco de España haya reaccionado a tiempo, con el tiempo justo, en el momento preciso, cuando el Gobierno en su estreno pretende el anuncio de decisiones sonadas, de largo alcance, deseadas por los interesados. Interesados se han mostrado siempre los nacionalistas vascos y catalanes, animadores e impulsores de la idea de crear una entidad bancaria de peso, con volumen y capacidad suficiente para financiar planes y proyectos autonómicos. En este ambiente, aparece el supervisor para mediar y subrayar el carácter singular de las fusiones.

El Banco de España, oportunamente, pero algo tarde, señala la vía de la ortodoxia que deben observar las fusiones bancarias. Destaca las sinergias y el valor añadido. Nada de fusiones a cualquier precio. Y menos por cualquier motivo. La primera motivación que hoy sienten los nacionalistas (vascos y catalanes, en tanto que socios de la gobernabilidad del actual Ejecutivo) es la política, como instrumento de intercambio para facilitar las decisiones de gobierno. Desde ese punto de vista, el supervisor desaconseja al Ejecutivo el emprendimiento de aventuras corporativas financieras para mantener la gobernabilidad. De la misma forma que el supervisor recomienda que no sean las autoridades quienes ejerzan de patrocinadores de posibles uniones bancarias, se está enviando un mensaje al sector para que, quienes tengan planes de integración, no los demoren demasiado, pues se corre el riesgo de no poder frenar a algunos de los nuevos patrocinadores.

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