edición: 2748 , Jueves, 27 junio 2019
11/12/2018
Se recomienda hacer caja

El Banco de España vigila la carrera por ofrecer el mejor dividendo para 2019

A pesar de que el PER refleje una oportunidad histórica de compra, no todas las entidades bancarias estarán en condiciones de hacer frente al dividendo estimado para el próximo ejercicio
Juan José González
Se advierte la vigilancia del supervisor local sobre los bancos españoles en un mal momento para el sector, cuando sus ratios indican que no están siendo bien valorados por los inversores en el mercado bursátil. Santander, BBVA y Caixabank sufren con cotizaciones bajas, muy bajas, casi históricas, que hay que relacionarlas con los beneficios generados. Y la relación -expresada en términos de PER, o veces que los beneficios están recogidos en la cotización- no es la mejor, entendiendo un PER de 9 veces en Santander, 8 en BBVA o un 10 en Caixabank reflejan, por su baja relación, el estado de ánimo de los inversores frente al sector bancario. Aunque, como siempre, hay quien dirá que a estos múltiplos la banca es un gran negocio. Quizá no opine lo mismo el inversor de corto plazo -incluso el de medio y largo- si en vez de echar un ojo al PER se fija en la depreciación de los valores en lo que va de año, un ejercicio aciago, con pérdidas superiores al 25% en Santander, 35% en BBVA o incluso en Caixabank con un recorte del 13%, en todo caso, niveles de caídas que recuerdan a los peores castigos de los años 2008 y 2010.
En este escenario, que se precipita a partir de junio y se agudiza particularmente en el sector bancario, es el que el Banco de España analiza previsiones de cuentas, resultados trimestrales, avances de cierre y, sobre todo, los compromisos contraídos por las entidades bancarias con sus accionistas, esto es, con el reparto de los beneficios o dividendos. Con este panorama, parcialmente centrado en la marcha de los valores en el mercado bursátil, pero muy indicativo de la salud puntual de su desempeño, el Banco de España se vuelve crítico pero constructivo a la vez.

Crítico porque el nivel de reparto de dividendos, la salida de dinero de la caja, debería ser más prudente, lo que equivale a ser más restrictivos, mantener el dividendo en las mismas cifra en el mejor de los casos o, incluso, recortándolo en el peor. Dos escenarios distintos por los que el supervisor parece enviar un mensaje directo al mercado y por el que alguna entidad bancaria debería estar muy cerca de anunciar la conveniencia de hacer caja en vez de repartir el excedente.

Constructivo por otra parte al entender que los bancos españoles, en términos generales y salvo una o dos excepciones, son ahora más solventes que hace dos y tres años, que han reforzado sus balances y que están protegidos convenientemente (aunque no suficientemente) frente a escenarios de crisis más exigentes y que han logrado recuperarse de la fase de caída de beneficios superando, incluso, las previsiones más optimistas. Y como muestra ahí están las ganancias logradas por Santander y BBVA, resultados que según las primeras estimaciones de analistas superarán en 2018.

Al Banco de España le preocupa lo que no va tan bien y lo que va mal, mientras le presta menor atención al cumplimiento de las obligaciones, que da por hecho que se cumplen en términos generales. No va bien la progresión de las retribuciones a los accionistas, con aumentos de dividendos que responden, no sólo a la coyuntura que indican unas perspectivas de tipos que pueden inclinar al reparto de más dividendos en la medida en que los tipos bajos permiten menores costes financieros, si bien, por otro lado, están obligadas a mejorar la rentabilidad del dividendo para evitar la fuga o huida de los inversores hacia rentabilidades más atractivas que ya ofrecen las emisiones de renta fija.

En cualquier caso, el Banco de España tiene difícil oponerse a la tendencia más generalizada del mercado que apunta claramente hacia el incremento de los dividendos, tendencia ya muy marcado y consolidada en 2018 pero que ahora parece que va a marcar el futuro de los pagos. En este sentido, la mejora de la rentabilidad de la renta fija va a ser el factor que más presión va a ejercer sobre las entidades bancarias (y en general sobre las industriales y servicios) que están abocadas a mejorar la retribución a los accionistas. Y en la medida en que los tipos consoliden y aumenten la subida, mayor será la presión por mejorar el dividendo bancario.

Con todo, difícilmente evitará el Banco de España hacer alguna recomendación al respecto. La primera, que no parece demostrado que competir en el mercado por ofrecer una rentabilidad por dividendo mejor que la del competidor más próximo sea una garantía de fidelidad o permanencia de accionistas e inversores internacionales, estos últimos, no siempre pendientes de mayores ganancias sino también de una combinación de rentabilidad, seguridad y riesgo. Y la segunda es que se trata de una ecuación que probablemente no podrán cumplir todas las entidades bancarias para el próximo ejercicio, a pesar de que su PER esté reflejando una oportunidad histórica de compra. Y en esta situación, mejor será aplazar el dividendo para mejores tiempos.

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