edición: 2847 , Viernes, 15 noviembre 2019
14/10/2019
banca 
Fusiones bancarias

BBVA encomienda el destino de Carlos Torres al resultado electoral del Gobierno

El mapa político puede obrar la carambola de la privatización de Bankia con el pricipio del final de la crisis en BBVA, que sólo quedaría pendiente del fallo judicial del caso Villarejo
Juan José González
La próxima ronda de integraciones bancarias (las fuentes sugieren este término frente al de fusiones por "razones de respeto y cortesía") parece estar sujeta al destino que marquen las urnas a partir del próximo día 10 de noviembre y a la formación del futuro Gobierno, probablemente de coalición o, al menos, condicionado por alianzas de legislatura. Pendiente de este primer desenlace político se encuentra la crisis de la segunda entidad bancaria del país, BBVA, a raíz del caso Villarejo y el relevo de Francisco González al frente del banco por su heredero y actual presidente de la entidad Carlos Torres. Suceden los hechos (el escándalo de las presuntas escuchas y seguimientos a determinadas personas, presuntamente por encargo del banco a una empresa del ex comisario José Manuel Villarejo) en un escenario político complejo y no menos enredada coyuntura económica, marcada por la política monetaria del Banco Central Europeo, que decide prolongarla y endurecerla, combinada con el ambiente negativo que ya ofrecen algunos indicadores de la actividad económica. La coincidencia de la crisis del BBVA con el tiempo político y económico, junto a la situación de Bankia, al parecer siempre motivo de especulación en todas las quinielas del sector, obligan a considerar que en esa próxima ronda de integraciones bancarias sean las citadas las llamadas al protagonismo.
Así fijados los términos de una posible ecuación en el sector bancario español, la coyuntura económica parece exigir velocidad y determinación en las decisiones, algo que se antoja muy difícil habida cuenta de las diferentes estrategias que juegan los implicados. Para empezar, el primer cambio que se puede producir tras la cita electoral de noviembre es la actitud del presidente del BBVA Carlos Torres, en este momento enrocado en una posición de la que solamente un empeoramiento de la investigación del caso Villarejo le obligaría de deponer su actitud y su permanencia al frente del banco. En esta posición, Torres se siente amenazado pero también lo suficientemente fuerte como para resistirse a aceptar una integración con Bankia.

Una integración que es el deseo del Gobierno de Pedro Sánchez, que no es mal vista por el Banco de España, apoyada por el BCE y seguramente respaldada por los grandes fondos e inversores de la entidad. Claro que, una operación corporativa como la señalada supondría la salida de Torres y su equipo de confianza más próximo, entre estos el consejero delegado Onur Genç. La integración de ambas entidades cuenta hoy con la oposición de Torres, aunque en realidad siempre ha sido así, puesto que los trabajos para una fusión de BBVA y Bankia se vienen desarrollando, con numerosas interrupciones, desde hace al menos dos años.

De la misma forma que se contemplaba en la fusión que -hace unos meses estaba sobre la mesa de las autoridades bancarias y políticas de Bankia y Sabadell- situaban a José Ignacio Goirigolzarri en la presidencia de la nueva entidad; a Jaime Guardiola como consejero delegado y a Josep Oliú en la presidencia honorífica, en el caso de una fusión de Bankia y BBVA el fijo en la presidencia sería Goirigolzarri mientras que la presidencia honorífica y el consejero delegado seguramente no corresponderían a Carlos Torres -presidente del BBVA- y a Onur Genç -consejero delegado del BBVA- sino con alta probabilidad a José Manuel González Páramo -consejero del BBVA- en la presidencia de honor, José Sevilla sería el CEO del nuevo banco y Jaime Sáenz de Tejada -actual director financiero de BBVA- su director general financiero.

Desde distintas fuentes se reconoce que la situación de Bankia, a pesar de que el equipo de Goirigolzarri y Sevilla no han perdido el tiempo y han realizado un trabajo de libro, no puede estar siempre en cuestión, al albur de cambios en el sector, de la economía o de la política, factor este último determinante por cuanto se trata de una entidad que actualmente pertenece al Estado en un 61% y por ello sensible a cualquier movimiento político en el Gobierno. Por otro lado, a la entidad bancaria le perjudica la incesante incertidumbre de su privatización (por paquetes, en función de la cotización, minimizando el coste del contribuyente...). De ahí que, entre otras razones, la situación de Bankia debe contar con un horizonte más definido y, si es posible (y deseable) más próximo. Y en ese punto del horizonte o destino aparece la oportunidad de integración con BBVA.

Pero la situación del BBVA puede dar un vuelco radical y ofrecer una salida segura para los planes de integración con Bankia si el nuevo Gobierno que salga de las próximas elecciones cuenta con el apoyo necesario, mayoritario, para promover la integración de ambas entidades. Sería en ese escenario, políticamente complejo, donde Torres parece que se mostraría favorable a una integración con Bankia a cambio de que en la futura estructura de gobierno corporativo se respetaran algunas posiciones actuales del BBVA, lo que no parecería ser un obstáculo si bien no en el mismo orden que propondría Torres. A partir del 10 de noviembre la ecuación puede estar más cerca de la solución definitiva.

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