edición: 2765 , Lunes, 22 julio 2019
22/04/2019
El supervisor no consigue imponer su criterio

El BCE aplaza el objetivo de fusiones trasnacionales y se centra en fortalecer la banca

El proyecto de crear una red bancaria supranacional europea en base a grandes fusiones deberá esperar a una nueva ocasión. Pero en la próxima las autoridades bancarias deberán tener en cuenta que la clave puede estar en la colaboración de los Estados y Gobiernos
Juan José González
No ha resultado. Finalmente, el esfuerzo empleado por las autoridades bancarias europeas para lograr que los responsables de las entidades bancarias considerasen la posibilidad de establecer alianzas que con el tiempo fructificarían en fusiones, ha terminado en un estrepitoso fracaso. Cuestiones nacionales, económicas, políticas, de inmadurez y falta de desarrollo de la cultura financiera, pero el hecho cierto es que las entidades bancarias europeas siguen manteniendo la asignatura pendiente de las fusiones o uniones corporativas para crear estructuras financieras y bancarias de mayor tamaño. Seguramente los responsables del sector bancario europeo han caído en la cuenta del trabajo que supone poner a dos bancos de distintas nacionalidades con vistas a alcanzar a una operación corporativa. Si el trabajo para intentar poner de acuerdo a dos países sobre algún asunto político que interese a ambos es una tarea complicada y en el terreno de las empresas y entidades bancarias privadas se convierte en misión imposible.
Quizá por esta razón, probablemente, es por lo que habría que pensar en que sólo el concurso de intereses comunes o la intervención de los gobiernos podrían ser decisivos para el lograr el objetivo de las autoridades bancarias europeas de crear una entidad fusión de dos o más grandes bancos supranacionales en Europa. La experiencia en este sentido, muestra sucesivos fracasos tanto de las autoridades comunitarias como de los propios Estados que, en el más de medio siglo de vigencia de las instituciones europeas nunca se ha podido lograr una verdadera unión de bancos de distinto países del continente. 

En este sentido, ni las etapas de crisis en las que podrían razonarse las ventajas de una alianza o fusión de bancos podría resolver algunos asuntos, como tampoco en las mejores, de bonanza financiera, se ha logrado conformar una fusión entre entidades de distintos países socios europeos. Quizá el desencanto que hayan podido sentir las autoridades reguladoras europeas al haber fracasado su intento de lograr una fusión trasnacional tenga algo que ver con la coyuntura actual, caracterizada por una política monetaria de salida larga (muy larga) de la crisis, en la que se están produciendo nuevas situaciones que impiden a las entidades alcanzar sus objetivos de rentabilidad. 

Por si no fuera suficiente, es decir, si las necesidades individuales de los bancos europeos no pudieran ser cubiertas en solitario, el sector tiene por delante uno de los mayores retos de su historia: el desafío tecnológico de la banca digital. Una empresa que se obliga al sector a considerar que unas fuertes inversiones a lo largo de los próximos diez años, y que seguramente la gran mayoría de las entidades no van a poder acometer en solitario, incluso pensando en un marco geográfico local.

De ahí que las autoridades bancarias europeas contasen con la seguridad de que tanto el terreno como la oportunidad de la coyuntura financiera se unirían para lograr que entidades de diferente nacionalidad entablasen conversaciones con vistas a una operación bancaria de ámbito europeo. Pero los bancos parecen estar en otras batallas, con otras prioridades en el corto y medio plazo, dejando a un lado la planificación estratégica del más largo plazo. Porque antes de preocuparse por la creación de estructuras financieras de base europea, es fácil entender que sean los resultados en el corto plazo, el negocio bancario, los beneficios, la seguridad y la solvencia, los dividendos y demás, las necesidades que establezcan el orden de prioridades, entre las cuales no se encuentra, al menos en este momento, la formación de fusiones trasnacionales europeas. 

Otro asunto diferente, que quizá no haya sido ponderado lo suficiente por los responsables bancarios europeos, es la consideración de que las fusiones bancarias transnacionales necesitan el concurso de los responsables políticos de los países de origen de las entidades para emprender una aventura que como es el caso de una fusión, es materia compleja, de grandes esfuerzos y apoyos amén de mucha voluntades que coincidan en la misma dirección. De ahí que el fracaso del BCE en conformar estructuras financieras transnacionales se haya debido, en buena parte, a no considerar que los Estados implicados tienen también intereses y capacidades para llevar a buen puerto fusiones bancarias.

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