edición: 3025 , Viernes, 7 agosto 2020
12/12/2019
Giro estratégico

El BCE cambia su objetivo de controlar la inflación por un tipo de interés mínimo del dinero

Se propone frenar en seco el endeudamiento público estableciendo un tipo de interés positivo para que los gobiernos no cobren por emitir deuda sino que paguen
Juan José González
Muchas cosas están cambiando últimamente en el comportamiento del Banco Central Europeo (BCE). Seguramente provocadas por el cambio en la presidencia de la institución y probablemente también por la situación que han alcanzado los niveles de deuda, y que según un informe de la propia Comisión Europea podría haber superado ya a seis generaciones de europeos, justo las que llegarán al mercado, al sistema y a la convivencia en próximas décadas. Todo parecía encarrilado, atado y bien atado, en la planificación estratégica del BCE tras la salida de Mario Draghi: uno o dos años más de políticas monetarias como terapia para corregir desviaciones fiscales y evitar caídas estrepitosas y luego, golpe de timón, subida de tipos y corte de liquidez, nada de deuda pública en exceso (sólo según presupuesto con aprobación previa) y nada de deuda privada desbocada, temeraria, peligrosa. Se sabía que las políticas del BCE caminaban, inexorablemente, hacia un precipicio, en dirección peligrosa hacia el impago, el colapso y el default de alguno de los grandes países que conforman la Unión Europea. Sería algo similar a la quiebra de Enron pero aquí, en Europa, y con bancos. Esta parece ser la principal preocupación del nuevo equipo al frente del banco central: se teme más a la quiebra de un banco, porque detrás vendrían varios en cadena, que el cierre de una siderúrgica o de una o dos plantas de montaje de automóviles. Por eso es obligado un cambio. Radical.
La salida de Draghi del BCE se pudo realizar en barco, sin problemas de navegación, que dice un vicepresidente y otro directivo del banco. La razón de esta facilidad en la navegación reside en el mar de liquidez creado por el navegante. Una situación a la que llega tras una larga etapa de barra libre para las empresas y los bancos, con capacidad ilimitada de emisión de deuda y claro, con los gobiernos europeos en actividad financiera fabril, emitiendo deuda de manera incontrolable. La situación es curiosa y peligrosa, tanto como que en los últimos meses las empresas, en términos generales, no han necesitado acudir al mercado, al sector bancario para endeudarse, sino que, han acudido al BCE. Había, y sigue allí, la barra libre.

Tan libre como que financiarse ya no es para las empresas grandes un problema mayor ni menor porque la emisión de deuda, pública y privada, tiene la barra libre. Pero esta situación es difícilmente sostenible en el futuro inmediato si se piensa que los niveles de deuda alcanzados por algunos gobiernos (y también algunas empresas) amenaza al sistema: varios gobiernos estarían imposibilitados para cubrir el pago del endeudamiento, no podrían devolver nada salvo que fueran autorizadas a emitir deuda para pagar deudas. Esta situación se puede producir en el ámbito de las deudas de los organismos públicos, pero también, y este el mayor peligro inmediato, se puede dar en las empresas privadas, grandes empresas.

Y contra esta enfermedad, el endeudamiento, la terapia que parece aconsejar las autoridades y recetar tanto para gobiernos como para empresas privadas es, ni más ni menos, que el corte del crédito. Sobre el papel, el objetivo no entraña mayores dificultades, sino que el principal problema parece residir en este caso en la articulación del cambio, en el cómo se lleva a cabo la revisión de la política monetaria del BCE y en un momento delicado, puesto que el escenario económico (sin olvidar el político en varios países de la UE) en el que se van a producir los cambios no es el mejor ni el más fácil: el freno en el crecimiento económico ya parece ser un mal general confirmado con algunas cifras.

Y ahora, bajo la nueva dirección de Christine Lagarde, el BCE gira y cambia de rumbo. Es la señal y el mensaje que están difundiendo los responsables de la entidad a través de reuniones con los responsables de Economía y Finanzas de los gobiernos europeos. Y Nadia Calviño parece haber sido la segunda en pasar por el despacho de Lagarde. Se podría interpretar la prelación como una atención por la coincidencia en los objetivos de ambas responsables -Lagarde y Calviño- o también por la situación comprometida que viven las cuentas españolas, las segundas peor paradas en déficit entre los mayores socios de la Unión. 

Sea por uno u otro motivo, lo cierto es que las noticias del cambio no han agradado a la española porque los planes de Bruselas son un obstáculo para los planes deficitarios de algunos socios. Y sin embargo, es el sector bancario el que ahora parece respirar, en principio, satisfecho, al ver el horizonte un poco despejado. Entre los planes del giro del BCE figura el establecimiento de un tipo de interés mínimo y fijo, de referencia, para el dinero. Disuasorio para los gobiernos, para que comiencen a pagar por emitir deuda y no cobrar intereses como en la actualidad con tipos negativos. Un tipo mínimo fijo que, de paso, obraría el milagro de la recuperación de las cuentas bancarias. El giro supondría para el BCE un nuevo registro, como es cambiar el control de la inflación por el control monetario como primer objetivo. Ahora sólo queda esperar a ver los resultados.

Noticias Relacionadas

Director
Juan José González ( director@icnr.es )

Esta web no utiliza cookies y no incorpora información personal en sus ficheros

Redacción (redaccion@icnr.es)

Intelligence and Capital News Report ®
es una publicación de Capital News Ediciones S.L.
Editor: Alfonso Pajuelo
c/ Real, 3. 40400 El Espinar (Segovia)
Teléfono: 92 118 33 20
© 2020 Todos los derechos reservados.
Prohibida la reproducción sin permiso expreso de la empresa editora.

Optimizado para Chrome, Firefox e IE9+

loading
Cargando...