edición: 2862 , Martes, 10 diciembre 2019
29/10/2019
banca 
Los ajustes indican el nuevo tamaño de la banca

El BCE diseña el futuro sector bancario a golpe de regulación y política monetaria

Mantener con vida el euro ha provocado quitarle al sector bancario el oxígeno vital y crear un grave problema de rentabilidad que ahora pretende corregir con una reforma integral
Juan José González
Del todo por el euro, por el que se hará todo lo necesario, lo que haga falta, hasta salvar al sector bancario el Banco Central Europeo ha aplicado una medicina enérgica, firme pero corrosiva. Ácida o picante para los resultados bancarios que han visto como estos se deterioraban desde 2016 en adelante y se siguen destrozando poco a poco a medida que avanza la vida de la una política monetaria de bajos tipos de interés que se prolongarán unos años más. Así las cosas, los responsables del BCE añaden a la vida del sector una rígida y apretada legislación sobre el capital y la solvencia que viene a complicar aún más el negocio bancario. Sobre la base de una acción obligada del supervisor bancario en aras de mantener primero y de reactivar después la economía europea, parece haber elegido la salvación de la moneda única en primer lugar para a continuación volcarse sobre el sector bancario, al que la política monetaria ha provocado más de una avería. Entre la actividad del BCE para salvar al euro y la nueva normativa para del regulador bancario, el sector se encuentra en un proceso de transformación por el que se verán modificados algunos de los parámetros principales que definen el negocio, cambios que se podrán ver en la evolución de algunas ratios como es la eficiencia. En el fondo, el BCE está modificando la estructura del sector bancario europeo de la que el ajuste de capacidad es el punto más visible.
Pasa el sector bancario europeo por una profunda revisión que se plasma en la reestructuración de la capacidad empleada por las entidades para conseguir obtener rentabilidades acordes con el capital empleado o a riesgo. Pero las cuentas no salen y el sector pierde rentabilidad debido a que el negocio ordinario no es capaz de ingresar lo suficiente como para cubrir los gastos corrientes propios de su negocio típico de servicios. Las autoridades europeas no pierden la ocasión de destacar el modelo de la banca española como uno de los mejores, por no decir el mejor, de la Unión Europea. Modélica banca si se tienen en cuenta la ratio de eficiencia del sector, situada en el 54,3%, notablemente mejor que la media que registra el sector en Europa.

Las autoridades bancarias europeas, sin embargo, tienen fijadas sus prioridades y el foco centrado en la economía, un problema que se está revelando por sus efectos como el más peligroso en el corto y medio plazo. La actitud del BCE lleva implícitas una serie de medidas que, aunque orientadas a evitar el freno de la economía y a combatir el actual proceso de desaceleración económica, provocan mayor profundidad en los problemas de las entidades bancarias, reduciendo la capacidad de mejora del negocio. Para el sector, la política del BCE en su intento de revitalizar la actividad económica, está obligando a realizar ajustes más amplios, mayor intensidad en la reducción de gastos.

Es la forma indirecta más directa de la política del regulador bancario en su trabajo por aplicar la nueva estructura del sector bancario para el futuro. Indirectamente propone el BCE un ajuste de las capacidades del sector para imponer un objetivo a la nueva banca. Y el mensaje son las fusiones, la integración y consolidación del sector. De la misma forma el regulador propone una revisión de los costes e ingresos del sector para sugerir un trabajo profundo en la mejora de la eficiencia. Y, finalmente, profundiza el regulador un cambio en la estrategia de ingresos, la cual considera inadecuada en la medida en que considera que los precios de los servicios deben responder a un nuevo criterio de selección de la clientela.

En su función de regulador, el BCE anima a las entidades bancarias a una búsqueda sin pausa de la eficiencia. Los numerosos ajustes de plantillas y oficinas de estos últimos meses responden al compromiso del sector con los planes del supervisor y que en España se puede expresar con números bastante elocuentes: en los últimos diez años, el sector ha reducido su plantilla un 33% y cerrado el 44% de sus oficinas. Cifras que indican que el modelo que propone el BCE para el sector bancario en España puede estar ya muy cerca de los objetivos de eficacia y rentabilidad deseados.

Sin embargo, los ajustes que demanda la nueva estructura bancaria ideal para el supervisor, se está encontrando con la resistencia del sector para sumir todo el coste de los mismos. Los ajustes de oficinas y de personal resultan ser costosos y gravosos para las cuentas de las entidades, dado que se trata de realizar importantes indemnizaciones, proporcionales al volumen del ajuste, pero también, al mismo tiempo, provocando un desequilibrio en las cuentas que erosiona y daña la ratio objeto del trabajo principal: la eficiencia. El supervisor no tiene reparo en contestar a las quejas del sector, recomendando que la mejor solución al problema, pasa por las fusiones. Es la idea que tiene el regulador de la estructura del sector financiero del futuro, que hoy se impone a golpe de implacable regulación y apretada política monetaria.

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