edición: 3095 , Miércoles, 25 noviembre 2020
08/10/2020
banca 
En doce años se ha reducido un 84% el número de entidades bancarias

El BCE llama a la banca a evitar los riesgos perversos para los clientes de la menor competencia

La concentración bancaria se lleva por delante la competencia o se reduce a mínimos y aumenta la posición de oligopolio en un sector que en pocos meses estará formado por tres grandes entidades dominantes y tres o cuatro dominadas. Y en el medio los usuarios
Juan José González
No cabe duda de la satisfacción que embarga a las autoridades bancarias europeas por el acelerado proceso de consolidación bancaria que inunda Europa, corriente que no arrastra únicamente al sector bancario sino que también está soplando con fuerza en otros sectores empresariales como las `telecos´, automóvil (ya bastante avanzada la primera fase) y otros sectores como el asegurador, éste un tanto retrasado y al margen del ritmo que marcan los tiempos. En principio, nada debería oponerse a esta ola empresarial por cuanto se trataría de consolidar empresas -financieras e industriales- reforzar sus balances, asegurar rentabilidad y eficiencia y hacerlas más competitivas, todo lo cual se entiende que debe traducirse en un beneficio general, común para todos los agentes económicos. Aunque quizá el elemento que no suele aparecer destacado en el escenario de las fusiones empresariales es el cliente particular. En el caso de las operaciones de fusión bancaria, el público, el cliente parece ser uno de los factores clave: de su aceptación, bien como accionista, bien como consumidor de servicios, se encuentra en un escenario insólito: de los 62 bancos y cajas que operaban en 2008 se ha pasado a sólo 10 entidades doce años después, una concentración salvaje si se compara con países del entorno que aún no han afrontado la nueva ola de la consolidación bancaria alentada por el BCE.
Es obvio que el cambio no es sólo físico sino que también afecta a sus intereses, sus cuentas, cobros y pagos, créditos y demás servicios. Y todos con un precio y características singulares. Los servicios bancarios, su calidad, coste y eficacia, están en la base de la competencia bancaria. Y esta se reduce como primera consecuencia de la concentración del sector. Entidades fusionadas que multiplican su tamaño, que adquieren mayor cuota de mercado en crédito, en fondos y también en la venta de otros productos parabancarios como los seguros de todo tipo. 

Las fusiones aumentan el poder de la competencia. Y las autoridades temen que esta nueva situación, si bien supone dar mayor solidez a los bancos que sobreviven también se traducirá en una menor competencia, algo que habitualmente tiende a convertirse en una posición de dominio, en un oligopolio que, necesariamente, no juega a favor de la clientela. Tras una fusión desaparecen bancos con sus oficinas, o estas se transforman y convierten en nuevos puntos de venta. Desaparece la competencia, o se concentra. Y este es un problema grave para los usuarios. 

La fusión reciente entre Caixabank y Bankia, con una cuota de mercado en crédito del 23% -mayor aún en algunas Autonomías- provocará de facto la eliminación de un competidor, y con este la posibilidad de negociación y de alternativa en precio y en características de un crédito. El mismo ejemplo se aplica a la inversión en otros productos, léase los fondos de inversión, o los planes de pensiones, hipotecas, depósitos, etc. la concentración bancaria resta y elimina competencia. Si la primera fusión en marcha está acelerando la reducción de la competencia, los próximos o siguientes candidatos a fusionarse la multiplicarán por dos o por tres veces. 

Una nueva fusión, caso de BBVA y Sabadell, como Unicaja con Liberbank, elevarían la presión contra la competencia hasta niveles desconocidos en el mercado español. El oligopolio de oferta bancaria sería de tal calibre que estaría dominado por tan sólo tres `monstruos´ financieros nacionales que impondrían sus leyes, esto es, sus comisiones y condiciones de servicio. La unión entre bancos provoca el cierre de oficinas y pérdida de clientes que sus rivales aprovechan. Hoy los bancos medianos como Bankinter no dejan escapar la oportunidad de hacerse con clientes de los dos bancos fusionados. 

La banca mediana se encuentra hoy en un proceso de cambio y adaptación de sus políticas comerciales al nuevo escenario. Esta parece ser la única competencia que permanece viva pero que el paso del tiempo, con más fusiones en marcha, acabará eliminando. Y aunque no parecen que hayan saltado las alarmas, al menos en la Comisión Nacional del Mercado de la Competencia, las autoridades bancarias, en boca de sus principales responsables, ya se han interesado por enviar a las entidades fusionadas una advertencia señalando que vigilarán el grado de concentración de servicios bancarios para asegurarse de que los intereses de los usuarios no resulten perjudicados en la nueva situación.

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