edición: 3025 , Viernes, 7 agosto 2020
23/06/2020
banca 
El dinero europeo llegará tarde, si es que llega 

El BCE no quiere ser el único pagador de la deuda y le hace un guiño a la banca

El sector bancario hace diferentes valoraciones a la decisión del banquero central a propósito de la línea de préstamos aprobada el viernes por 1,3 billones de euros
Juan José González
El pasado viernes, la presidenta del Banco Central Europeo, Christine Lagarde, pronunció unas palabras que apenas están encontrando en el sector bancario opiniones muy diferentes, ya que todos interpretan "lo peor de la crisis por la pandemia está aún por llegar" que avanzó la mandataria supervisora. Y no son muy diferentes las opiniones por cuanto la opinión de Lagarde se interpreta como una sentencia que contiene en su enunciado partes positivas y partes negativas. En principio, la decisión del BCE de proporcionar una línea de liquidez formada por préstamos directos a la banca, nada menos que 1,3 billones de euros (a tres años y al -1%) parece haber levantado el ánimo del sector que al menos puede albergar la esperanza de un beneficio íntegro que le proporcionará la medida en cuestión para los próximos meses y para el ejercicio de 2021. Una línea de préstamos con resultado neto, limpio de polvo y paja puesto que al vencimiento de los préstamos las entidades tendrán que devolver al banquero central menos dinero, un 1% menos. Un margen que en principio no desagrada a nadie ni tampoco amarga pues se trata de una `ayuda´ que no estaba prevista, que se tenga constancia, en ningún guion de los bancos españoles, un resultado -beneficio- por esta línea de 1,3 billones de euros que utilizarán las entidades para comprar deuda pública de los Gobiernos.
Para los más críticos con el banquero central -en este caso, banquera Lagarde- lo que algunos consideran `concesión´ del BCE no es si no más que una compensación "por los daños y perjuicios permanentes que viene provocando -y seguirá provocando- su política monetaria como medicina para recuperar las posiciones perdidas en las crisis". Sin embargo, hay otras lecturas en el sector que muestran una mayor profundidad en la intención del BCE, quizá también a una reflexión de un banquero más incisiva.

Esta última estaría considerando que la nueva línea de liquidez aprobada el viernes guarda relación directa con las malas expectativas que considera esa decisión de ofrecer 1,3 billones de euros de préstamos a tres años y al-1% y que no es otra que el convencimiento de los rectores del BCE de que el `dinero europeo´ por diversos planes y conceptos tardará tiempo en llegar (si es que llega, dicen los críticos) a su destino lo que forzará a que los Gobiernos de los países miembro se endeuden aún más. El concepto de "mutualizar" las deudas, las cargas y los costes está siendo otro de los argumentos que parece estar en el fondo de la decisión del BCE con su línea de liquidez.

Según otra explicación que se ha escuchado en el sector, el BCE, consciente de que el endeudamiento de los Gobiernos alcanzará niveles "estratosférico", habría decidido evitar "ser el único pagador de la fiesta" (fiesta de las deudas) ofreciendo tan cuantiosa línea de dinero a buen precio a la banca privada para que coparticipe (mutualice) con los costes y financiación de las deudas, es decir, que el -1% a tres años del dinero del BCE sería el coste para éste de que la banca privada colaborase con el banquero central en la adquisición de las emisiones de deuda de los Gobiernos.

Y esta interpretación es la que parece ajustarse más a la realidad de la situación, en opinión de varias fuentes consultadas, por cuanto el endeudamiento al que tendrán que hacer frente los Gobiernos -en su mayor parte ya en el ejercicio actual- se situará según las estimaciones del BCE en 1,45 billones de euros, volumen que obviamente, no está dispuesto a afrontar en solitario. Si a este deseo no manifestado expresamente por el supervisor, pero sí recogido en forma implícita en sus últimas decisiones, se le añade la sensación general de desconfianza que muestran algunas instituciones financieras respecto a las ayudas prometidas para los planes estratégicos -de largo plazo-, el escenario coincide plenamente con la opinión de Lagarde que no es otra que "lo peor de la crisis por la pandemia está aún por llegar". Contrasta la `sentencia´ de Lagarde con la opinión que se está formando en la última semana en el Gobierno español, cuya principal preocupación pasa en estos momentos, de intensa labor de creación presupuestaria, con las dificultades que ya se están registrando en algunos organismos públicos y Comunidades autónomas ante las facturas que ya comienzan a llegar con carácter urgente si es que el objetivo de reflotar rápidamente la economía se mantiene.

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