edición: 2789 , Lunes, 26 agosto 2019
07/01/2019
banca 
Cambio obligado de estrategia

El BCE prioriza la crisis de Carige y aparca el interés por las fusiones

La intervención de la entidad italiana es considerada como el preámbulo de nuevas crisis de solvencia en la banca europea
Juan José González
Año nuevo y sin fusiones transfronterizas, una intervención, la de la Banca Carige que muestra una crisis de capital y solvencia que algunos ya interpretan como preámbulo de un problema de mayores dimensiones. Sin movimientos ni runrún al respecto mientras el sector bancario europeo parece transitar por las aguas inciertas de la inactividad corporativa. Se decía que el sector estaba sobredimensionado, con exceso de costes inútiles, exceso de personal, falta de eficacia y eficiencia, resultados parcos, con dificultades las cuentas y todo en un entorno de tipos `hostiles´, que diría un destacado banquero. Sea por falta de atractivo o por ausencia de interés empresarial, las fusiones trasnacionales han perdido interés y no parecen interesar a nadie. Ni siquiera los grandes grupos con capacidad para salir de compras mueven una pieza. Sobre el papel, el BCE se mostraba decidido a llevar adelante en 2018 los movimientos necesarios que culminaran con acuerdos políticos necesarios para impulsar la Unión Bancaria, considerada como la base para dar un vuelco al sector bancario europeo, corregir las deficiencias identificadas, esto es, dimensión, rentabilidad, solvencia y seguridad.
Era el año de la consolidación y cierre del balance final de la crisis financiera de 2007. Y era el momento adecuado para comenzar una nueva etapa en el sector bancario. Las fusiones transnacionales serían la clave que lograría corregir los puntos débiles de la maltrecha banca italiana y de la alemana. Pero la industria bancaria se frenó como consecuencia de la desgraciada gestión de la JUR y de la desastrosa decisión sobre la resolución del Banco Popular en beneficio del Banco Santander. Hoy nadie piensa en fusiones transfronterizas, cuyo objetivo figuraba en el proyecto de Unión Bancaria y hoy también en dique seco.

Todo sigue igual un año -y otro año- más en el sector financiero europeo, con la asignatura pendiente, ad eternum, de una frustrada Unión Bancaria que no termina de arrancar ni nada que se le parezca. Con el Consejo de Supervisión hundido, sin señales razonables de gestión ni control: en teoría, debería ser éste el faro que guiara el proyecto de unión hacia el puerto planeado. Pero no, el Consejo es una jaula de grillos sin orden ni concierto y que, para más inri, se hace acompañar de la desidia política de quien corresponde.

El fracaso institucional está servido en todo cuanto afecta al sector bancario. Si hace un año el BCE ofrecía una declaración de intenciones que hacía sospechar que 2018 sería el año de la consagración de la Unión Bancaria, un año después se puede afirmar que todo sigue igual, que dirían los optimistas, o que todo o casi todo ha empeorado. Esta última conclusión se debe entender como una crítica justificada al caso de la resolución del Banco Popular y su adjudicación por un euro al Banco Santander. 

Pero si lo que cuentan son los hechos, habrá que concluir dando la razón a los pesimistas: es evidente que se ha perdido un año, otro más, en el camino hacia la Unión Bancaria europea. Otro año más y después se echan en falta las normas y acuerdos precisos para fijar las bases de la Unión como tampoco la normativa que puede asegurar los cimientos que necesitaría el sector bancario para reconocer la posibilidad de lograr algún beneficio a cuenta de las fusiones transfronterizas.

Es obvio que la ausencia de la seguridad necesaria en el aparato institucional de la supervisión, no motiva a los responsables bancarios a iniciar una aventura corporativa. Y así las cosas, sin movimientos ni pistas que delaten actividad corporativa alguna y con la desidia institucional europea los proyectos de fusiones bancarias se desvanecen. Y no es precisamente este el mejor año -con elecciones y cambios en los niveles institucionales superiores- para poner orden en el proyecto de Unión Bancaria europea.

Los reguladores que defendían la consolidación bancaria ya no presionan. Tampoco les preocupa el sobredimensionamiento del sector, todavía con más de 4.700 entidades. Persisten los problemas de riesgos de quiebras, insolvencias y rentabilidad. Se han convertido en crónicos y siguen poniendo en apuros a los sistemas bancarios de Italia y Alemania. Prueba de que los problemas perduran es la intervención de Banca Carige, el décimo banco italiano al que Fráncfort le ha colocado tres administradores para que gestionen la falta de capital y busquen nuevos socios. Esta entidad sigue, con algunos matices, los pasos del Popular, si bien, y en este caso la visión de la JUR y su diagnóstico parecen ser bien diferentes. El BCE parece ahora más preocupado por las entidades que no llegarán a tiempo de una subida de tipos, entre ocho y diez meses, con riesgos de nuevas intervenciones.

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