edición: 2747 , Miércoles, 26 junio 2019
28/01/2019
Bancos y empresas seguirán ganando, pero menos

El BCE se alía con la coyuntura y abre la vía a una etapa de inversión especulativa

Las elecciones europeas en mayo añaden más incertidumbre e inestabilidad a los mercados en la primera parte del año
Juan José González
La economía europea ha pasado en dos meses desde una placentera posición con corrientes de viento a favor a las turbulencias, del anticiclón a la amenaza de borrascas. Una guerra comercial, más o menos activa entre EE UU y China, con Alemania al borde de la recesión en el cierre del año, Italia estancada y Reino Unido en amenaza de inestabilidad permanente, han obligado a los rectores del Banco Central Europeo a revisar los planes de futuro. Nada de subida de tipos en el medio plazo, quizá en el primer trimestre del próximo año y freno al cambio de política monetaria, ilustran el cambio de opinión e inmediata reacción de las autoridades para adaptarse (mejor readaptarse) a los vientos de una nueva coyuntura. La economía no puede caminar sola y deberá continuar asistida, estimulada y muy vigilada (como hasta ahora) con el objetivo de siempre: evitar una recaída, una nueva crisis económica, una versión actualizada de la anterior o incluso, la segunda parte.
Tipos en el cero, crédito barato para que familias y empresas mantengan un ritmo aceptable de consumo los primeros y de inversión los segundos. Quizá ahora lo de menos es el debate sobre si los nuevos vientos traen frenazo, desaceleración o simple corrección, un asunto que puede esperar unos meses, al menos, hasta conocer la evolución de las grandes magnitudes económicas del primer trimestre. Para los más teóricos, que el BCE haya clarificado un poco el horizonte al descartar una subida de tipos en el corto plazo ha servido para tranquilizar al personal: si no hay subida de tipos, la deuda seguirá más o menos en los mismos niveles actuales, es decir, no aumentarán y por tanto, se puede descartar una crisis de deuda en el corto y medio plazo.

España toma aire y respira para los próximos meses, un año aproximadamente de tregua para conseguir avances en la reducción de la deuda, siempre en el entorno del 100% del PIB. Con el horizonte despejado por el BCE será posible algunos planes, tanto en el terreno de las cuentas públicas como en el de las inversiones empresariales y también en el de los inversores de corto y medio plazo: no hay que perder de vista que todos los elementos de la coyuntura que han propiciado la reflexión del BCE y mantener su política monetaria, no dejan de ser elementos de incertidumbre que son el mejor caldo de cultivo de la volatilidad y el mejor terreno donde se juegan las oportunidades.

Si a las incertidumbres de la guerra comercial entre las dos economías más poderosas del planeta y la inseguridad del Brexit, se une la inquietud por los posibles cambios que se puedan producir en las elecciones europeas de mayo, no es fácil adivinar que los inversores más especulativos intentarán sacar rendimientos a los vaivenes que se producirán entre tanto acontecimiento.

En los últimos días y tras la reciente comunicación de las intenciones de futuro del BCE, varios analistas han recordado el escenario económico que mostraba el panorama mundial en 2016, cuando las bolsas mundiales cayeron en torno al 20%, la economía china se desaceleró y los dos grandes organismos económicos, FMI y BM, adelantaron que la economía mundial se desaceleraba. El relato de las causas y de sus efectos en 2016 puede decirse que se ha repetido como la misma historia en el cierre de 2018, y que se mantienen la desaceleración de la economía china así como también el resto de economías, entre estas, varias europeas.

Pero al final, los augurios de entonces (2016) no se cumplieron y la economía global avanzó por encima del 3% anual y se recuperaron las cotizaciones bursátiles. Los más optimistas entienden que la caída de las bolsas en 2018 se parecería a la de 2016 y que las previsiones de FMI y BM para 2019 no se cumplirán de la misma forma que tampoco se materializaron en aquel año. El único acontecimiento que puede avalar la repetición de aquella historia en el presente ejercicio es que el BCE ya se ha adelantado a los acontecimientos y adoptado las medidas oportunas, es decir, mantener la política monetaria y adaptarse a la coyuntura.

Sin embargo, y a pesar de que las economías se han recuperado, han estado creciendo en los últimos años, el endeudamiento no ha dejado de crecer. Tampoco los resultados de las empresas han dejado de aumentar en 2018, pero no al ritmo ni con la fuerza de anteriores ejercicios. Otro escenario es el que ha ofrecido el sector bancario americano, en el filo para lograr doblar los beneficios. Claro que, en este caso -sin turbulencias- con el viento y huracán de la política fiscal del Gobierno y la ayuda de la Fed. El BCE puede verse obligado a adaptarse aún más a la coyuntura si la incertidumbre se prolonga más allá del segundo trimestre.

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