edición: 3005 , Miércoles, 8 julio 2020
12/05/2020
banca 
Un movimiento oportunista... un chantaje

El BCE utiliza su `visado´ a la banca para pagar dividendos a cambio de cerrar la consolidación

El supervisor deja a un lado que las cuentas bancarias de 2019 han dado beneficios como tampoco tiene en cuenta que la interrupción de los dividendos no colabora a dar la imagen de normalidad que debe exhibir el sector en tiempos de crisis
Juan José González
Los responsables del Banco Central Europeo mantienen un debate interno e intenso sobre la necesidad de acelerar la concentración del sector financiero con el objetivo de cerrar algún día el proceso de reestructuración de la industria financiera. Pero para lograr el propósito necesita de la colaboración indispensable del sector bancario, actor principal en esta industria. El debate en el seno del supervisor pasa, como todo, por sus fases, más o menos intensas según se presente o sorprenda la coyuntura. Recuerdan los expertos en planificación de una entidad bancaria que en su día el supervisor se mostró especialmente "fuerte" en solicitar al sector un recorte de los dividendos a propósito del dudoso nivel de solvencia que presentaban algunas entidades bancarias europeas, entre ellas tres españolas. Se libró un pulso entre la institución europea y la banca con un resultado neutro: algunas entidades limitaron la cuantía del dividendo, otras lo suspendieron temporalmente y varias lo convirtieron en scrip para salir del paso. Entonces, el supervisor había argumentado que tarde o temprano deberían mostrarse más exigentes con el sector y no descartaban que un futuro no muy lejano (2020 o 2021) se mostraría más radical y estaría dispuesto a legislar condiciones extraordinarias para el reparto de los beneficios.
La amenaza se quedó en algún despacho y nada más se supo, puesto que la misma no dejaba de ser un atentado a la libertad de mercado y otras libertades. Pero la coyuntura parece haber reavivado el tema que preocupaba al supervisor: el pago de los dividendos. Como si fuera una fijación el BCE recupera la polémica y quiere aprovechar la oportunidad para recordar que en esta ocasión no se trata de la solvencia como argumento condicionante del reparto de beneficios sino que ahora se trata de acelerar y cerrar con urgencia el proceso de concentración bancaria y con él la reestructuración de la industria financiera europea.

El punto de partida del BCE es que la crisis en la que ya entrando la economía va a afectar el sector bancario en breve. Una primera muestra ha sido los resultados presentados recientemente, las peores cuentas de la banca desde el último rescate conocido -en España, el de Bankia-. La coyuntura ideal para los objetivos del BCE es una crisis general, global, que afecte a todos. Y a todos alcanzan los daños de la pandemia en términos humanos como también en términos financieros. La ocasión para el BCE ha provocado la reacción de sus responsables en la dirección esperada: recomendar la suspensión del pago de dividendos, que según los cálculos más aproximados se estiman cercanos a los 29.000 millones de euros.

En la decisión, como siempre, considerada polémica en un sector más capitalizado que en crisis pasadas, y que además ha obtenido beneficios en los últimos ejercicios, no se entiende muy bien la postura del supervisor en tanto que una suspensión del pago de dividendos rompería la normalidad y la imagen de fortaleza del sector. Pero ahora el supervisor quiere aprovechar de nuevo la coyuntura con la pretensión de un canje: regular el pago de dividendos bajo dos supuestos. El primero, que se cumplan las exigencias sobre solvencia de forma que se mantenga en esta posición durante un período largo de tiempo (se entiende que por el que dure la crisis). El segundo, muy concreto y novedoso, que las entidades muestren algo más que interés por acelerar la consolidación del sector. 

El canje no deja de ser una provocación, un exceso de poder e influencia que pretende el BCE y una intromisión en el gobierno de las entidades bancarias en tanto que sociedades de capital privado. Por otro lado, el supervisor no sólo se muestra exigente en sus propósitos sino que también ofrece a cambio la liquidez dispuesta en sus fondos y colaborar para que las entidades se animen y se apliquen en el objetivo. 

Otras razones como la presión política de los Gobiernos locales o la tensión social por parte de una población muy afectada por la crisis, parecen haberse sumado al grupo de motivos que conforman el actual argumentario del supervisor. Unas autoridades bancarias europeas que se decantan desde hace tiempo por la retención de beneficios sacrificando, incluso, la pérdida de lo que se ha dado en llamar `normalización de los mercados´, un estado que ahora puede figurar en un segundo plano de las prioridades del BCE habida cuenta que la primera de ellas es la salvaguardia de la población. Con todo, no parece que sea la coacción (a un paso del chantaje) el camino más apropiado para apremiar a la banca para que finalice la concentración del sector. Y mucho menos en una coyuntura que puede traer en los próximos trimestres un deterioro mayor de las cuentas bancarias.

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