edición: 2597 , Viernes, 16 noviembre 2018
19/06/2018
LA OREJA DE LARRAZ

El CES apuesta por una agenda macroeconómica mundial para el empleo

Xavier Gil Pecharromán
El Consejo Económico y Social (CES) considera que es necesario caminar hacia una agenda macroeconómica mundial para el empleo, el crecimiento y el desarrollo para poder abordar los retos derivados de la globalización y el cambio tecnológico. 
Así lo propone este organismo en su ‘Informe sobre el Futuro del Trabajo’ en el que aboga por que se establezcan las condiciones precisas para un crecimiento duradero y sostenible, que sirva para generar empleo, que garantice una adecuada asignación de los recursos y que facilite la adaptación del tejido productivo a los cambios.

Entre las cuestiones con mayor potencial de impacto en el trabajo presente y futuro es necesario poner el acento sobre políticas e instrumentos capaces de maximizar los beneficios de la globalización y de reducir al mínimo los riesgos de inestabilidad macroeconómica de carácter sistémico derivados de la propia, y necesaria, apertura e interconexión de las economías. Ello supone dar respuestas a escala global sobre la base de la cooperación entre países y bloques económicos.

El objetivo prioritario argumentado por el CES debe ser anticipar los cambios, aprovechar las oportunidades que brinda al conjunto de la sociedad y prevenir y minimizar los efectos negativos que pueda haber en el corto plazo, buscando proteger a los más perjudicados, asegurando una transición justa de todo el proceso. 

El CES entiende que, en el marco de las estrategias globales de crecimiento económico, se deben plantear políticas públicas en sentido amplio, que generen empleo, que fomenten la innovación y su difusión, que mejoren el sistema educativo y formativo, que refuercen la empleabilidad de los trabajadores y la competitividad de las empresas y que promuevan la cohesión social y territorial, la igualdad de oportunidades y la equidad.

 Esto supone articular un conjunto de actuaciones orientadas a lograr que el mercado laboral responda mejor a un nuevo entorno siendo capaz de anticipar el cambio e incorporarlo, con el objetivo de asegurar un crecimiento económico sólido e inclusivo, capaz de crear empleo con derechos y bienestar para el conjunto de la sociedad. 

Para ello, es preciso impulsar la cooperación entre los distintos niveles de decisión, instituciones, gobiernos e interlocutores sociales, siendo la participación e implicación de estos últimos en el diseño y aplicación de estas medidas fundamental para lograr su plena eficacia. 

Esto requiere también apostar decididamente por un patrón competitivo de crecimiento de la actividad y el empleo sobre la base de una estrategia de I+D+i coordinada y adecuada a las necesidades de las empresas y ciudadanos, que refleje una apuesta decidida por la ciencia, la innovación y las actividades de alto valor añadido. Además, es necesario impulsar políticas coordinadas para la industria y la I+D+i con el objetivo de fortalecer la competitividad económica y crear empleo de calidad.

Solicita, por tanto, una mejor gobernanza global permitirá gestionar más eficazmente las consecuencias de la globalización mediante la articulación de normas e instituciones mundiales que promuevan soluciones comunes en un mundo globalizado, establezcan claramente condiciones de competencia equitativas y frenen conductas desleales en los mercados. 

Para esos fines ocupará un papel destacado también todo lo relacionado con la gobernanza del trabajo, como se verá posteriormente. No cabe duda de que las nuevas tecnologías en la era de la globalización suponen una ventana de oportunidad para el crecimiento y el empleo siempre y cuando se gestionen los cambios de manera proactiva, eficiente y equitativa.

 Y esto, asumiendo el reto de gobernar la transformación tecnológica y digital, tal y como ha señalado el CES en su Informe 3/2017 sobre la digitalización de la economía, y los compromisos en materia medioambiental en el contexto de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, asegurando un mayor nivel de igualdad y niveles reducidos de desempleo. Para ello será conveniente articular propuestas viables de cambio, aprovechando las ventajas de dicha transformación en beneficio de las personas, la mejora del trabajo y la competitividad de las empresas y países.

Junto a las políticas activas dirigidas a la formación y la inserción laboral de las personas desempleadas, a las que se hará referencia más adelante, son necesarias políticas de atracción hacia el mundo del trabajo remunerado dirigidas al amplio sector de la población que, sin estar en situación de desempleo, no participa en el mercado laboral, considerando los distintos motivos que subyacen a esa no participación.

En el ámbito del trabajo, se requiere mayor flexibilidad a favor de las personas trabajadoras, de modo que tanto hombres como mujeres puedan conciliar su vida laboral, personal y familiar, aprovechando el potencial que brindan las nuevas tecnologías y previniendo sus eventuales riesgos, para lo cual resulta deseable que la negociación colectiva continúe impulsando medidas en este terreno. 

En todo caso, como ha subrayado el CES en diferentes informes sobre participación y situación sociolaboral de las mujeres, no hay que olvidar que la igualdad entre mujeres y hombres requiere de un enfoque transversal que compromete a todos los poderes públicos y a la sociedad en su conjunto. Por ello, debe proyectarse en todas las políticas, no siendo suficiente centrar los esfuerzos únicamente en el terreno laboral, sino que, sin ánimo de exhaustividad, hace falta su consideración en el ámbito de la fiscalidad, la educación, la I+D+i, la cultura, la agenda digital, el urbanismo, la vivienda, la movilidad y transporte urbano, las políticas migratorias y de ayuda al desarrollo y, especialmente, en el terreno de las infraestructuras y servicios educativos y de cuidados. 

Más en general, el cumplimiento del objetivo 5, de los objetivos de Desarrollo Sostenible del Milenio, relativo a la igualdad de género, resulta inexcusable para avanzar hacia el trabajo decente en el mundo y reducir las desigualdades entre países. Especialmente en el caso de las mujeres, el acceso a la educación en igualdad es un requisito básico para que, a nivel mundial, pueda avanzarse en el objetivo de trabajo decente para todos.

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