edición: 2705 , Viernes, 26 abril 2019
07/02/2019
Pretensión ambiciosa y objetivo gravoso

El coche eléctrico choca con la falta de unidades, consenso social y potencia de recarga

La potencia eléctrica instalada deberá aumentar hasta los 120 GW para recargar 23 millones de coches
Juan José González
El Gobierno, a través de su departamento de Transición Ecológica, viene trabajando en los últimos meses en profundizar en la idea de la necesidad del cambio en el mundo del transporte privado mediante la sustitución de los vehículos de gasolina y gasóleo por vehículos de propulsión eléctrica. En principio, a ningún Ejecutivo se le puede negar propuestas que vayan dirigidas a mejorar el medio ambiente o la seguridad, por citar algún aspecto del asunto, en el transporte público o privado. Por eso el objetivo de una de estas políticas, además de conveniente y seguramente necesaria, además de estar claramente definido debe contar con una parte complementaria que indique el por qué, para qué, quién o quiénes serán los beneficiarios, plazos de ejecución y, por supuesto, cuánto va a costar al Estado y cómo se va a financiar, si esta va a ser pública, privada o mixta.
La sustitución del automóvil de combustión por el eléctrico no es, sin embargo, un capítulo de su política energética, sino tan sólo una pretensión en base a una idea que persigue únicamente ponerse a la altura de la misma idea y objetivo de otros gobiernos europeos con la mirada puesta en un horizonte de largo plazo, en este caso, hacia el año 2050. Sin conocer, por falta de explicación oficial, los detalles y pormenores de esa pretensión energética, la población casi al completo sigue haciendo cábalas sobre la conveniencia de elegir, a la hora de comprar un vehículo, entre el coche de combustión tradicional o esperar a no se sabe qué para adquirir uno eléctrico. Quizá el aspecto más polémico sea el relativo a la capacidad del sector eléctrico para satisfacer a la nueva y futura demanda, un esfuerzo que requerirá fuertes inversiones empresariales que alguien, el consumidor final, deberá pagar y que se verá reflejado en el recibo eléctrico.

Aunque cuente con alternativas intermedias de combustibles como el gas, el daño causado a la industria ya es una realidad, como muestra la caída de las ventas y de la demanda de automóviles para los próximos meses. En cualquier caso, la sustitución que se propone como un deseo o aspiración política del ministerio de Transición Ecológica, no deja de ser un imposible en el corto y en el medio plazo; desde el aspecto técnico (autonomía de las baterías) el industrial (escasa oferta y producción de unidades) y finalmente, la imposibilidad por parte de las compañías suministradoras, grandes eléctricas, grandes superficies de alimentación e hipermercados, así como otros distribuidores locales menores (las actuales gasolineras, muchas de ellas ya suministran recargas de gas y electricidad) de satisfacer de forma suficiente la demanda teórica del parque automovilístico actual (alrededor de 28,5 millones de unidades).

Teniendo en cuenta los cálculos que ofrecen en los últimos meses varias compañías del sector, así como las del operador del mercado eléctrico (REE) el sistema eléctrico, en su conformación actual, sólo podría satisfacer a una quinta parte del parque de automóviles, es decir, la ineficacia sería la nota que más caracterizaría la distancia que separa la realidad del mercado del objetivo o aspiración de la responsable del departamento de Transición Ecológica, Teresa Rivera.

Por el momento, se desconoce si el sector eléctrico está alineado (no con el objetivo de transición ecológica que propone el Ejecutivo) con los plazos que se proponen para la citada transición, habida cuenta que la sensación más extendida señala que el objetivo oficial es excesivamente ambicioso, muy por delante en plazos y costes de la realidad, lo que resta credibilidad a los objetivos y metas del ministerio de Rivero. 

En resumen, la potencia del sistema eléctrico instalada actualmente (105 GW) necesitaría, según los expertos hasta los 115 o 120 GW de punta para satisfacer una demanda de consumo eléctrico para unos 23 millones de vehículos eléctricos conectados todos a la vez a partir de las 22:00 horas, puesto que si esta recarga se produjera entre las 19:00h y las 22:00h es probable que, como señala un experto del sistema "saltasen los plomos nacionales".

Se entiende que cuando el operador del mercado eléctrico declara su voluntad de asumir la integración del coche eléctrico es porque tiene capacidad para dar respuesta a las previsiones futuras del parque automovilístico. Previsiones que apuntan a que los 28,5 millones de unidades del parque actual, al ritmo del 1% anual esté reconvertido en el año 2050. Cálculos que tienen en cuenta, según REE, que "por cada millón de vehículos nuevos que se incorporen, la demanda eléctrica se incrementaría en torno al 1%".

Hoy por hoy, la realidad, con los pies en el suelo, el motor eléctrico no parece figurar como una necesidad apremiante en los presupuestos de los particulares, entre otras cosas porque el cambio del motor de combustión por el eléctrico supone aceptar otros cambios en las costumbres, la autonomía del transporte así como, por supuesto, nuevos precios, de compra del automóvil ecológico y del precio del combustible, en este caso, la electricidad que llegaría en el recibo de la luz. Y no parece que el público esté convencido de la virtualidad el objetivo del Gobierno, hoy más bien una fantasía, una visión o un sueño gravoso.

Noticias Relacionadas

Director
Alfonso Pajuelo ( director@icnr.es )

Redacción (redaccion@icnr.es)

  • Juan José González
  • Javier Ardalán
  • Carlos Schwartz
  • Rafael Vidal

Intelligence and Capital News Report ®
es una publicación de Capital News Ediciones S.L.
Editor: Alfonso Pajuelo
C/ Joaquín María López, 30. 28015 Madrid
Teléfono: 92 118 33 20
© 2019 Todos los derechos reservados.
Prohibida la reproducción sin permiso expreso de la empresa editora.

Optimizado para Chrome, Firefox e IE9+

loading
Cargando...