edición: 2940 , Viernes, 3 abril 2020
03/04/2019
Revisión de exenciones y deducciones

El cruce de campañas, electoral y de renta, pone en bandeja la propuesta de reforma fiscal

Los partidos políticos creen que tras varios años de beneficios empresariales, la exención de la doble imposición por dividendos debería convertirse en simple deducción
Juan José González
El azar o el capricho del destino han tenido a bien que se den cita en un mismo escenario dos eventos de gran trascendencia pública y social, dos campañas a la vez: la campaña electoral de las generales (luego vendrán todas las demás) y la campaña de la renta. A diferencia de anteriores convocatorias políticas, la de ahora parece rebajar el grado de hostilidad ideológica y social mostrada por los programas electorales, de modo que algunos de estos se podían calificar como verdaderas armas para la contienda, para la batalla contra las multinacionales españolas y las extranjeras que tributan en el país, y las grandes fortunas. Lo cual no significa que estos nichos de pesca para el fisco hayan caído en el olvido de los programas políticos, todo lo contrario. Porque ahora más que en otras ocasiones, la sensibilidad social (y política) por el nivel de las prestaciones del Estado del Bienestar Social ha sido elevada a categoría principal. Por tanto, no será difícil escuchar en los próximos días propuestas de nuevos impuestos, más deducciones para unos y menos para otros asuntos, según convenga y facilite la caza de los votos. Y seguramente más de una formación aspirante al poder recuperará la propuesta de una "necesaria y urgente" reforma fiscal.
Al margen de promesas y ofertas edulcoradas por necesidades del guion, de la coyuntura, parece meridianamente claro que este será el año de la revisión del impuesto de sociedades. Quizá el primer y mejor argumento para quienes se atrevan con la tarea sea la coincidencia de las necesidades de recaudación y el óptimo nivel de beneficios empresariales conseguido en el último año (2018) muestra a su vez de la consolidación de los anteriores beneficios a lo largo de los tres últimos años. Es decir, la buena cosecha de la campaña pasada, como la esperada de la presente, bien merecería un premio para las deficitarias arcas del Estado del Bienestar español.

La afirmación anterior, constatada por las cifras de resultados empresariales, por la distribución de los beneficios en forma de dividendos, así como por las retribuciones de la alta dirección y consejeros dueños, no dejan lugar a dudas que las rentas del capital como las relativas a las sociedades, merecerían ser objeto de una revisión, darles una vuelta con el objetivo de considerar cuantías como de examinar la pertinencia de algunas deducciones y exenciones fiscales, dadas las necesidades crecientes y las carencias vergonzosas de unas cuentas públicas en precario.

De ese ejercicio de revisión, que se supone ya realizado a estas alturas de ejecución del calendario electoral por los ideólogos y fontaneros expertos de los partidos, se desprenderán las propuestas políticas fiscales destinadas a la pesca de seguidores. Llama la atención la ausencia en el debate general de cuestiones que afectan a las grandes fortunas y conglomerados empresariales del país, caladeros que, como se sabe, reúnen más del 75% de la evasión total de impuestos del país (estimada en el 25%) equivalente a unos 70.000 millones de euros y que por diversos motivos no se ingresan en las arcas públicas.

Quizá la cifra en cuestión merecería algo más que las opiniones de los partidos políticos en liza, siendo obligada la propuesta de soluciones y plazos para corregir la millonaria deficiencia, un agujero vital en las cuentas públicas. Es probable que una reforma fiscal en toda regla no vaya a ser bandera de ningún partido político en estas elecciones, lo cual no debería eliminar el necesario trabajo por hacer de un análisis serio sobre los gastos fiscales de los grandes conglomerados empresariales y de las exenciones y deducciones aplicadas a los grandes patrimonios.

En este sentido, sale a colación, a modo de ejemplo, como si se tratara de una `imperfección´ del sistema tributario -o desliz del legislador- la exención por doble imposición de los dividendos que, como se sabe es la estrella de la deducción que se aplica al beneficio contable de las empresas, paso previo para averiguar la base imponible. Según una fuente bien informada, las empresas evitaron el pago por la exención por doble imposición de dividendos 110.500 millones de euros en el ejercicio de 2017 (105.000 millones el año antes). El mismo informador apunta que ningún partido político, hasta la fecha, se ha atrevido a introducir en su programa la solución al tema de la exención, que no otro más que modificar el régimen fiscal convirtiendo la exención en deducción. Aunque todavía se está a tiempo de abogar por la necesaria coordinación fiscal de la Eurozona, lo cual podría suceder en este mismo año.

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