edición: 2861 , Jueves, 5 diciembre 2019
02/09/2019

El decreto argentino de reestructuración de deuda sufre serios riesgos de rechazo en el parlamento

Christine Lagarde pretendió desengancharse del derrumbe fugándose del FMI pero la onda la golpeó
Carlos Schwartz
El Gobierno de Argentina anunció el pasado miércoles una serie de medidas que calificó de “reperfilación” de la deuda, un neologismo para designar su incapacidad de pago y una reestructuración. La medida afecta a la deuda interior de corto plazo equivalente a 7.000 millones de dólares, pero implicará además la renegociación de 40.000 millones en créditos del Fondo Monetario Internacional (FMI) y otros 50.000 millones de dólares en otros instrumentos financieros. Es decir que el impago total ronda la cifra de los 110.000 millones de dólares, con ciertas variaciones menores de acuerdo con las fuentes que se consulten. Mientras tanto el FMI guarda silencio sobre los anuncios aunque fuentes del Banco Central de la República Argentina insisten en que el Consejo de la organización multilateral fue consultado y habría dado su visto bueno al decreto, cabe preguntarse si no lo ha inspirado directamente. 
Ciertamente el Consejo del FMI nunca fue entusiasta de la operación por la cual el organismo dio a Argentina el crédito más grande de su historia: 57.000 millones de dólares, la operación más bien fue inspirada y empujada por la Directora Gerente Christine Lagarde. Estos recursos no fueron utilizados para cancelar la principal bomba de tiempo que amenaza al Banco Central, los instrumentos financieros de corto plazo ni otras deudas. 

El cambio de Gobierno con la asunción de Mauricio Macri implicó en 2015 la transformación de las letras del banco central (Lebac) en letras de liquidez (Leliq), pero el saldo vivo siguió siendo espeluznante. Las letras se utilizan para drenar dinero de los bancos y para atraer la inversión bancaria mediante tipos de interés siderales, ahora cercanas al 80%. Es decir son un mecanismo precario de financiación del estado. El Gobierno recibió una señal clara de que se vería privado de financiación cuando un grupo de bancos exigió el 20 de agosto la devolución de 2.600 millones de dólares de Repos por la desvalorización de los activos en garantía. Entre las entidades las había afines a Macri como HSBC, Citi, Credite Suisse, Santander y BBVA…

A la luz de los acontecimientos, queda claro que Christine Lagarde decidió abandonar el FMI antes del desmoronamiento financiero de Argentina, que ocasionará un agujero de 57.000 millones de dólares al organismo. Entre otras cosas porque es la principal responsable de esa operación, pero falló en los tiempos porque no esperaba un desmoronamiento antes de las elecciones generales. La Comisión Europea (CE) decidió echarle una mano para sacarla del atolladero y acordó darle la presidencia del Banco Central Europeo (BCE) aunque ahora la mancha argentina le afea el cargo. Conviene tomar nota de esta secuencia y estar prevenido para ver qué “rescate” va a organizar desde el banco emisor europeo si finalmente llega a su cúspide. 

El dinero que el FMI entregó a Argentina se ha utilizado para financiar la salida de capitales del país, en especial de los grandes inversores como los fondos y los bancos prisioneros de una trampa para salir de la cual era indispensable disponer de liquidez en divisas… que las dio el FMI. Las cifras cuadran. La previsible catástrofe financiera argentina es lo que determinó que Bruselas propusiera para la presidencia del organismo multilateral, en reemplazo de Lagarde, a la búlgara Kristalina Georgieva, actual consejera delegada del Banco Mundial. Una funcionaria de carrera sin vínculos con el país iberoamericano, y que no es ciudadana de ningún país con intereses en Argentina. 

Georgieva no será permeable a los intereses de las empresas ni los bancos de España, Francia e Italia. Mientras tanto el Gobierno argentino cerró el grifo para los bancos que no podrán remitir utilidades a sus casas matrices en el exterior. Para Banco Santander y para BBVA se trata de un nuevo revés. Aunque lo más grave está aun por llegar. Es importante no perder de vista el hecho que la “globalización” todavía va a jugar su carta en torno a la crisis argentina, como acelerador de la crisis a escala internacional. El evento va a tener efecto sobre otros países, como Turquía.

Mientras tanto, esta semana el decreto del Gobierno de Macri aterrizará en el Congreso y corre el serio riesgo de ser rechazado por la oposición, cuyo voto es necesario para que pase. La coyuntura es delicada porque el 11 de agosto la coalición de Gobierno fue aplastada en las primarias denominadas PASO por el binomio Alberto Fernández-Cristina Fernández de Kirchner (F&F). Ocurre que las elecciones generales están fijadas para el 27 de octubre. La situación del país desde luego no se sostiene hasta entonces de ninguna de las maneras. 

El 30 de agosto el candidato a presidente Alberto Fernández acusó al FMI y al Gobierno en una entrevista en el Wall Street Journal de haber alentado la fuga de capitales del país. Dejó claro que no va a aceptar tender la mano al Gobierno de Macri para crear un bloque homogéneo que facilite una transición hasta las generales. Sería dar un crédito político a su adversario que no está en el ánimo de F&F. Un rechazo del decreto dejaría en posición de dimisión al gobierno y crearía una situación de acefalía similar a la de 2001 cuando el presidente Fernando de la Rúa debió abandonar la casa presidencial en helicóptero. 

Puede que esta vez las imágenes sean menos dramáticas aunque serán probablemente tan contundentes como entonces. Si el Congreso tiene que designar un Gobierno y toma en cuenta a las PASO para hacer su propuesta habrá un ejecutivo provisional encumbrado por el parlamento y sin elecciones generales formado por F&F, un cuadro de gran inestabilidad política para hacer frente a la inmensa crisis que el país tiene por delante. La reestructuración de la deuda será para los acreedores voluntaria o sino forzosa, habrá control de cambios y el Gobierno que salga de esta crisis volverá a imponer las retenciones a las exportaciones agrarias como fuente de financiación de emergencia.

Argentina entra en territorio desconocido y bancos y fondos de inversión van a consolidar las pérdidas significativas que ya están anotando. No parece posible que Christine Lagarde salga indemne de este trance aunque estamos viendo cosas impensables, como el cierre del Parlamento británico con el consentimiento de la reina Isabel II y medios de comunicación que dicen que ese es un ejercicio de “neutralidad”. Solo falta que en Argentina haya un estallido social.

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