edición: 2846 , Jueves, 14 noviembre 2019
26/07/2019

El deterioro de las exportaciones europeas y la debilidad industrial alemana empujan a Draghi

El BCE da margen a la Reserva Federal para que tome la iniciativa a finales de julio por el euro
Carlos Schwartz
La latente crisis industrial en Europa, perceptible en la caída de las exportaciones a través de todo el continente, y en especial en Alemania, han impulsado al consejo del Banco Central Europeo (BCE) a anunciar que estudia la posibilidad de reducir los tipos de interés de referencia -con el interés para los depósitos de la banca en -0,4% desde 2016 y el 0% en las subastas y el 0,25% en la facilidad marginal- sugiriendo además la posibilidad de que se reanude un programa de adquisición de activos -deuda pública y privada- en un futuro próximo. En su mensaje el jueves, el presidente del BCE, Mario Draghi, manifestó preocupación por las bajas tasas de inflación, que son un reflejo de la desaceleración económica. El compás de espera del consejo del banco emisor obedece a los signos de que la Reserva Federal de los Estados Unidos considera la posibilidad de una reducción de los tipos para hacer frente al deterioro de la situación económica del país, con un significativo crecimiento de los impagos en las tarjetas de crédito y en los créditos al consumo, en particular en las ventas de coches a plazos. La debilidad de la economía estadounidense se revela además en la caída del salario real, el aumento de la precariedad laboral, de las personas sin vivienda y la tasa de empleo decreciente. 
El presidente Donald Trump ha ejercido una especial presión para una reducción de los tipos de interés, para capear la creciente debilidad económica y los signos de desaceleración, en la perspectiva de su reelección en las generales del 2020. A la vista de esta inminente decisión de la Reserva Federal el BCE ha decidido dejar la iniciativa al banco central estadounidense para preservar el orden monetario y evitar mayores tensiones al euro en un momento económico delicado con el oro al alza y una creciente desconfianza de los inversores en las monedas de curso legal, algo que se refleja en las violentas oscilaciones de las denominadas criptomonedas.

Pocas horas antes de la reunión de consejo del BCE el instituto económico de referencia alemán, el Ifo, emitió su informe sobre la actividad industrial del país basado en una encuesta entre ejecutivos. De acuerdo con el informe las expectativas en el sector industrial están “en caída libre”. El clima empresarial en el sector manufacturero cayó en el indicador a -4,3 puntos en julio comparado con un indicador positivo de 1,3 puntos el mes anterior, lo que constituye el registro más bajo en los últimos nueve años. 

No se veía una caída de tal magnitud desde febrero de 2009, señala. “No se espera ninguna mejoría en el corto plazo, en la medida que las empresas miran hacia el próximo semestre con mayor pesimismo”, de acuerdo con el informe. El aprovechamiento de la capacidad productiva ha caído del 85,3% al 83,9% quedando todavía levemente por encima de la capacidad ociosa en el largo plazo. 

En el sector de servicios el índice ha mostrado problemas crecientes, y el sentimiento de los ejecutivos se ha tornado pesimista por primera vez desde el 2009. En el sector del comercio el clima es claramente negativo, y la caída del negocio es más perceptible de momento en el sector mayorista que en el minorista. El único sector que ha manifestado un comportamiento positivo ha sido el de la construcción. De acuerdo con el economista jefe de Commerzbank Jörg Krämer, no existen indicios “de una muy esperada recuperación económica” para el segundo trimestre de este año. Krämer señaló que Alemania está en “una zona gris y se debate entre una fuerte desaceleración y una recesión”. Esta es la segunda vez en el plazo de nueve meses que el país roza la posibilidad de una caída en en el crecimiento que pueda transformarse en una recesión técnica, de la que escapó por los pelos en el último trimestre de 2018.

Mario Draghi, en una conferencia en junio, señaló como motivo para la desaceleración de la actividad económica en Europa “a la continuada debilidad en el comercio internacional en un clima de prolongadas incertidumbres globales”. La desaceleración del sector industrial también ha afectado a Francia, donde la industria de maquinas herramientas ha sentido el impacto. El clima empresarial en ese país no es de tendencia a la recesión, pero si de franca desaceleración. 

El sector exportador en España ha mostrado también el impacto de las crecientes dificultades en el comercio internacional. De acuerdo con el índice PMI la industria española en el segundo trimestre de este año dejó el territorio de crecimiento para quedar por debajo del índice 50 al que se fue aproximando de forma acelerada desde 2018 en una franca caída que se coronó con el 49,8 al cierre de junio, de acuerdo con este indicador. El Fondo Monetario Internacional ha mantenido las expectativas de crecimiento para la economía española en el 2019 en el 2,5%, bastante por encima de las otras economías centrales de la UE.

Pero la desaceleración de los ingresos por turismo ensombrece aun más las estadísticas de exportaciones. De acuerdo con los analistas de la banca de negocios, Europa está pagando las consecuencias de años de estancamiento de la productividad, con políticas que han promovido el empleo a expensas de los bajos salarios, con empleos inseguros en lugar de desarrollar industrias con tecnología punta para mejorar la posición competitiva internacional. 

Para el Gobierno alemán el problema son las turbulencias en el comercio internacional, resultado de los enfrentamientos entre China y Estados Unidos, que de acuerdo con la canciller Angela Merkel “es obvio que están conectados con la caída de las exportaciones” de su país. Empresas líderes, como Daimler y BASF, han recortado sus previsiones de ingresos poniendo de relieve las dificultades de la principal economía de Europa. 

En este contexto, la directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Christine Lagarde ha decidido abandonar el organismo multilateral con la clara intención de sustraerse a la inevitable intervención en la crisis creciente de las economías emergentes al borde del estallido, como los casos de Argentina y Turquía, para atrincherarse en el BCE. No parece que Frankfurt le vaya a dar un respiro, pero Francia la necesita allí y para su aliada Alemania puede ser un respiro.

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