edición: 3053 , Jueves, 24 septiembre 2020
21/07/2020
banca 

El difícil camino de las fusiones bancarias en Europa retrasa las aspiraciones del BCE que las facilita

El sector, pendiente ahora de los avales del estado, ve una prolongada caída de los ingresos por acción
Carlos Schwartz
La banca europea adolece de una caída en sus ingresos. El año pasado la ratio de éstos sobre su capital accionario para la media de las 113 entidades supervisadas por el Banco Central Europeo (BCE) cayó al 5,2% del 6,2% un año antes. La tasa es mucho más baja que la que registra la banca estadounidense y asiática, lo que pone de relieve la dificultad del sector por generar ingresos. El argumento de que la baja competitividad de los bancos en Europa se debe al exceso de entidades, que han esgrimido en el pasado los analistas, ha perdido fuerza. En los diez años desde la crisis financiera la cantidad de bancos europeos se ha reducido un 30% llegando a un total de 6.000 en 2018, de acuerdo con datos de la Federación Europea de Banca. Esta reducción ha hecho que la cantidad de bancos por habitante esté por debajo de la que hay en Estados Unidos. Mientras el número sigue siendo alto, limitar el análisis de la baja rentabilidad al número de entidades es una apreciación poco ambiciosa cuando menos. Algo habrá en la estructura bancaria europea que atenta contra la generación de ingresos más allá de su número. Un elemento de esta reflexión es el hecho de que en Japón los bancos adolecen del mismo problema desde hace años, mientras que las entidades en ese país son solo 200 con una población de 126,5 millones de habitantes.
Dentro de las posibles métricas para analizar este fenómeno está el número de sucursales que en Europa representan una media de 41 por cada 100.000 habitantes, comparado con 25 en Estados Unidos. La banca en España ha acometido una fuerte reducción de sucursales al socaire de la caída de ingresos y de beneficios que por otra parte implica una reducción de costes laborales considerable. Pero los efectos de este proceso están lejos de reflejarse todavía en las cuentas. Desde luego, la esencia del negocio bancario, la intermediación financiera, se encuentra en un momento por decirlo con suavidad malo. La pandemia lo ha desmejorado aún más pero el declive es muy anterior a la presente crisis y se ha desarrollado en paralelo a la desaceleración económica en años recientes tras la salida de la crisis. La falta de demanda de crédito solvente ha agudizado el problema. En un escenario de esta naturaleza la lógica de la situación empujaría a los bancos a un proceso de consolidación, es decir de fusiones con el objetivo de reducir el número de entidades, aplacar la competencia, y hacer un mejor reparto del mercado interno. El BCE se ha mostrado favorable a un proceso de estas características y lo ha promovido en intervenciones públicas y privadas.

No sólo expresó este punto de vista sino que además dijo que en los casos de consolidaciones sería benigno en materia de exigencias de capital. El 1 de julio el banco emisor del euro hizo pública una guía de sus criterios para las consolidaciones bancarias que ha quedado sometida a consulta pública hasta el 1 de octubre de este año en el que se reflejan estos criterios “refrescados”. Esta actitud expresa la preocupación por el futuro de los bancos cuya dimensión respecto de los competidores no europeos deja mucho que desear. La disposición a una menor exigencia en materia de capital choca contra decisiones no muy lejanas, cuando por ejemplo en la adquisición del Banco Popular por parte del Banco Santander en 2017 el BCE forzó un modelo de riesgo interno mucho más duro que el propuesto en el proceso. 

Otro episodio fue la exigencia de mayor capital para la fusión de Banca Popolare di Milano con Banca Popolare en 2016. Es probable que la disposición a menores exigencias sea el resultado de los temores a que las barreras de capital intervengan de forma negativa en los intentos de fusiones bancarias en un momento en el cual esas operaciones pueden ser de un lado una tabla de salvación para los bancos y del otro ayudar a que el abismo que separa en capitalización a los grandes estadounidenses se recorte en parte. El banco más capitalizado en bolsa es el francés BNP Paribas que con todo es seis veces más pequeño que JPMorgan Chase. Como quiera que sea las fusiones bancarias pasaron de 218 en 2006, su registro más alto en este siglo, a 77 el año pasado con un importe de 6.000 millones de euros.

Pero a pesar de que las escasas operaciones de fusión que hay en el mercado siguen su curso, están llenas de obstáculos y las rodea cierta falta de entusiasmo. El cuadro económico general no es auspicioso. Los analistas bancarios se preguntan cómo se puede valorar con certeza el activo de un competidor en el curso de una de las crisis económicas europeas más grandes desde la posguerra. La contracción económica va a desatar una cadena de quiebras en el segundo trimestre de este año, aun sin el concurso de una nueva ola de la Covid-19 y sus respectivos confinamientos. Un prueba de esfuerzo de la vida real que va a someter a las carteras de crédito de los bancos europeos a severos quebrantos. En estas condiciones el grueso del crédito bancario concedido en lo que va de año tiene garantía del estado, y por otra parte la liquidez de la que disponen los bancos por gracia del BCE, se suman para establecer una fuerte dependencia de la banca respecto del dinero de los contribuyentes. En su conjunto estos hechos hacen complejo que los bancos hagan operaciones de cirugía para reducir la plantilla como fórmula de reducir costes sin desatar una reacción adversa. 

El BCE ha recomendado a los bancos que retengan beneficio reduciendo el pago de dividendo o directamente omitiéndolo, y que cesen en la adquisición de acciones propias. Ocurre sin embargo que los bancos más grandes y saneados necesitan mantener a sus accionistas bien dispuestos a aportar capital y para ello necesitan pagar dividendo. Esto ha creado algunas tensiones entre el emisor y algunos grandes bancos de la zona del euro. Mientras tanto, en ausencia de demanda solvente, los bancos pueden considerar más rentable reducir su stock de acciones comprando sus propios títulos, que mantener aparcado el dinero a las tasas actuales. A resultas de esta situación es improbable que los bancos europeos puedan cumplir con las recomendaciones del BCE. A menos que las operaciones vengan impuestas por los reguladores nacionales a expensas de situaciones que se puedan hacer difíciles de sostener. Este es, probablemente, el caso del Commerzbank en Alemania.

Noticias Relacionadas

Director
Juan José González ( director@icnr.es )

Esta web no utiliza cookies y no incorpora información personal en sus ficheros

Redacción (redaccion@icnr.es)

Intelligence and Capital News Report ®
es una publicación de Capital News Ediciones S.L.
Editor: Alfonso Pajuelo
c/ Real, 3. 40400 El Espinar (Segovia)
Teléfono: 92 118 33 20
© 2020 Todos los derechos reservados.
Prohibida la reproducción sin permiso expreso de la empresa editora.

Optimizado para Chrome, Firefox e IE9+

loading
Cargando...