edición: 2597 , Viernes, 16 noviembre 2018
18/06/2018

El dinero es finito

7.500 millones de euros para la paga extra de verano por aquí, otros 3.000 millones para atrasos desde enero por allá, y al final y por ahora, unos 20.000 millones de euros de mayor refuerzo para las pensiones del año en curso. Año que, por cierto, terminará con otra paga, la de diciembre o Navidades, otros 7.500 millones del ala que habrá que sumar a la deuda pública, restar a la caja del Estado y, a fin de todas las cuentas, tirar de impuestos si se desea que la caja de todos continúe siendo alimentada igualmente por todos.

Es un triste espectáculo éste, la crudeza de las cifras, la contundencia del destino, las pensiones, y la inclemencia de una situación financiera en estado de necesidad, casi de último recurso, más propia de un país africano, o del Este europeo, quizá asiático, en definitiva, de otras latitudes, en el que se encuentra el país europeo hoy campeón temporal en la modalidad de crecimiento económico. Se diría que los 7.500 millones son poca cosa para cumplir con la nómina de los 9,6 millones de pensiones públicas de junio y su extra correspondiente. Pero no, no son sólo -sólo- esos miles de millones, pues el importe de ambos conceptos es de 17.700 millones.

Cifras, unas y otras, de vértigo que deberían inculcar la mayor aprensión de cualquier gobernante, por casual y pasajera que pudiera ser su condición y que le deberían hacer pensar sobre la magnitud del problema, del déficit acumulado de la deuda, y del déficit inicial con el que comienzan a elaborar las autoridades las cuentas anuales. Se supone que el problema debe conllevar una ecuación de equivalencia o corresponsabilidad que relaciona la magnitud de la deuda y déficit con las consecuencias fatales en las que puede derivar una mala gestión de las cuentas, de los objetivos, de los programas o de los fines para los que están destinados los recursos públicos, máxime cuando se trata de recursos insuficientes. Porque el dinero se acaba, es finito.

Es el momento en que las autoridades deben pensar en que quizá algunos acuerdos políticos firmados al calor de los acontecimientos, como de algunas decisiones orientadas a la clientela electoral, incluso en los posibles excesos, magnánimos en extremo, para apaciguar tensiones y presiones locales, comiencen a no contar con un lugar fijo y seguro, de recurso, en ningún presupuesto público. Porque lo más probable es que el recurso al préstamo extraordinario, una vez agotado el ordinario, no es que la caja -al parecer un pozo sin fondo- del Estado quiebre, sino que lo peor ya es que no deja avanzar en la dirección correcta, que es peor.

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