edición: 3007 , Viernes, 10 julio 2020
02/03/2020
Metales y divisas avisan de la recesión

El dinero regresa al oro y a las divisas más fuertes mientras la industria huye del cobre

Suele ser uno de los indicadores adelantados más útiles para averiguar por dónde y hacia dónde se dirige la economía. Y la combinación de la demanda de los dos metales indica recesión
Juan José González
Muchos inversores vuelven estos su mirada sobre la vía por la que transcurre la vida de algunos metales, materias primas que suelen emitir señales claras y que anuncian episodios futuros, próximos o lejanos. No se trata de observar qué hace o deja de hacer el oro, sino de curiosear hacia dónde va, por ejemplo, el cobre, porque suele ser el termómetro que marca la temperatura ambiente o distancia que media para una recesión. El razonamiento es tan sencillo como que si la demanda del metal se reduce -baja por tanto su precio o cotización- es debido a unas expectativas de menor producción de distintos bienes y sectores. Sucede una apreciación del metal cuando se da una fuerte demanda del mismo, en especial, la procedente de los sectores industriales y de la construcción. El cobre al alza es, por tanto, síntoma de expansión, mientras que al contrario, caída de la demanda, es un indicador adelantado de la recesión. Y esto es lo que sucede en la actualidad. En la actualidad sólo parece clara la subida del oro, un metal al que parece el tiempo, el mercado y otros motivos parecen haber relegado al mero papel de refugio inversor, de cobijo del dinero que busca protección y socorro. De la combinación de la caída del cobre y de la subida del oro, se llega a la misma conclusión a la que estos días exponen algunos expertos a sus clientes, fondos e instituciones que se preguntan qué dirección tomar en los próximos meses.
En la gestión de las expectativas se entremezclan estos días temores e incertidumbres con hechos ciertos que denotan un comportamiento desconcertante de los inversores. Quizá porque la coyuntura es novedosa (una pandemia no suele ser una variable considerada en los ciclos económicos) o quizá también por las diferentes posturas de los Gobiernos, tanto los implicados directamente por la pandemia del coronavirus como los indirectamente perjudicados por la misma. Pero sirva en todo caso, que una ratio que combina el nivel del cobro y del oro podría llegar a ser una muy útil forma de saber la dirección de la crisis, su distancia hasta una posible recesión o incluso la inexistencia de esta última. 

Si se dividen las últimas cotizaciones del cobre entre las del oro, parece acreditado que el camino, inequívoco, lleva a las economías occidentales, al menos, las europeas, directamente hacia la recesión. Es probable que no hiciera falta siquiera recurrir a la ratio cobre-oro para conocer la dirección, pues la situación de las economías de varios países referencia de Europa mostraba recesión a dos o tres trimestres a la vista. Como tampoco la caída de algunos mercados, o de las cotizaciones de algunos metales como el citado de ejemplo, haya sido una sorpresa. Y ni siquiera el rally del oro en los últimos meses se puede considerar como una sorpresa ya que viene marcando máximos de seis años. Es decir, que no se puede asegurar que la situación haya cogido por sorpresa a la comunidad inversora. 

Por otra parte, el oro no es el único refugio que puede alardear en estos meses de haber registrado una mayor demanda; el dólar y otras monedas también se han visto demandadas por los temores de los inversores, caso del franco suizo y, quién iba a decirlo, del yen japonés. En esta última divisa la sorpresa viene del lado de su economía, al parecer, portadora de algunos signos preocupantes de desequilibrio que amenazan el futuro a medio plazo. Cabe preguntarse cómo mantienen el pulso y la tensión arterial las economías mundiales de referencia. Y en este sentido, de la observación de los indicadores básicos de actividad se desprende que el foco principal de atención mundial que hoy es, ya algo menos, China, no parece que entrará en recesión a corto plazo como tampoco a medio. 

Que el segundo país del mundo ahora en candelero, Italia, puede acercarse aún más a lo que ya se cantaba como inevitable en 2020; la recesión segura en el corto plazo, quizá poco antes del verano se confirme la impresión. Italia era el punto más débil de los cuatro grandes europeos, que ya había registrado crecimientos negativos seguidos en el pasado. Es decir, el evento se ha cebado quizá en el más débil socio de los grandes de la Unión Europea, con lo que la visita del coronavirus habría significado, finalmente, el golpe fatal, no sólo en términos sanitarios, sino también en sentido económico. 

Así las cosas, la recesión parece que será, con alta probabilidad, el escenario seguro en el que se desenvolverá la actividad económica en los próximos meses. Si el cobre y el oro daban al respecto una primera señal de aviso, los efectos de la pandemia actual colaboran como aceleradores de la situación para acercar, con mayor velocidad de la prevista, las economías europeas a la recesión. Y no es sólo que Italia se haya puesto a la cabeza del grupo europeo, sino que Francia -efectos de las huelgas de los chalecos amarillos- y Alemania por las caídas de la exportación a uno de sus primeros mercados como es China. Sólo faltaría que a este grupo se uniese España, una probabilidad que se descarta en el corto plazo pero que a medio plazo dependerá de la gestión de las reformas que lleve a cabo el Gobierno de coalición, en especial, en materia de impuestos.

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