edición: 2724 , Viernes, 24 mayo 2019
14/05/2019
banca 

El ex gobernador Linde hace un oportuno recordatorio de la situación extrema de la banca en 2012

La gobernanza de Santander y BBVA son parte del ’input’ de los inversores en los mercados
Carlos Schwartz
Las declaraciones la semana pasada del ex candidato a consejero delegado del Banco de Santander, Andrea Orcel, al Financial Times -el medio de comunicación por antonomasia de una parte significativa del establishment financiero- recordando su estrecha relación con el difunto presidente de la entidad, Emilio Botín, y la sorpresiva cancelación de su acceso al cargo en el banco bloqueado por quien lo invitó, la presidenta Ana Patricia Botín, han puesto una vez más sobre el tapete las cuestiones de gobernanza en la banca española. Esto porque los dos grandes bancos del país han sido objeto de presiones por parte del Banco Central Europeo (BCE) para que delimitaran con claridad las funciones entre presidente y consejero delegado, en una tendencia creciente en materia de gobernanza para que los bancos tengan presidentes del consejo de administración no ejecutivos independientes. Una alternativa, señalan analistas del sector de banca, es que la separación de cargos se ejerza por la vía de la designación de un consejero delegado con atribuciones amplias y pleno ejercicio de sus atribuciones. Esto es, en definitiva, lo que desde el punto de vista de la gobernanza aparentemente dictó la buena conciencia al ex presidente del BBVA a la hora de designar a Carlos Torres para la presidencia con atribuciones recortadas, y a Onur Genç como consejero delegado en un cargo reforzado. Si se compara con la naturaleza de interinato de segunda categoría con que contó el cargo de consejero delegado bajo la interminable carrera del hoy degradado Francisco González en el banco, se podría asumir que se ha registrado un cambio de envergadura. Lo cierto es que lo que había preparado era un tutelaje embozado que no pudo ser.
El cambio de escenario ha hecho que los inversores institucionales reparen más en el hecho de que nadie tiene un registro claro sobre el 'track récord' del nuevo presidente, que llegó de la mano de un amigo de FG, Manuel Pizarro, tras su salida -maltrecho- de Endesa. Los memoriosos que aun sobreviven en esta última, afirman que Torres de generación de energía nada de nada, y de banca menos que menos. En fin, opiniones las hay tantas como gustos y colores. Sobre Genç hay poco que decir. Habría que preguntarle a la Reserva Federal que es el regulador que más ha estado en contacto con el actual consejero delegado de la entidad y quien ha sido el responsable de presentar los planes anuales de resolución de la entidad en Estados Unidos. Pero en los hechos no parece que las soluciones que tanto el Santander como el BBVA  han dado a los problemas de gobernanza, que quitan el sueño al BCE, hayan sido las esperadas. Ni por el regulador, ni por los inversores institucionales.

En el caso del Santander la decisión de no no contratar a Orcel, un banquero con un significativo prestigio internacional, ha conducido a la fórmula de mantener en el cargo al consejero delegado que se pretendía sustituir, algo que sigue rechinando en algunos ambientes profesionales y que sin duda se suma de alguna forma al coste de financiación de la entidad.

La intervención en el juicio por la salida de Bankia a bolsa esta semana del ex gobernador del Banco de España, Luis Linde, ha tenido el mérito de recordar el estado de virtual disolución de la banca española en 2012. Linde rememora que la deuda de bancaria española con el BCE en enero de 2012 era del orden de los 150.000 millones de euros y que en octubre la cifra había alcanzado los 402.000 millones de euros, es decir que la posición acreedora del banco emisor se había más que duplicado en ese breve lapso de tiempo. Mientras tanto, la deuda de Bankia con el BCE pasó de 20.000 millones de euros a los 82.500 millones de euros es decir se multiplicó por cuatro. 

Linde apunta que el banco emisor estaba obligado a exigir a Bankia la devolución de las posiciones deudoras en octubre de ese año, tras degradarlo las agencias de calificación por no alcanzar los requisitos de capital exigidos. Esto pone de relieve algo que ya se sabía, pero vale la pena recordar: los bancos españoles no tenían en ese momento otra fuente de liquidez que el BCE. La postulación de que tanto el Fondo Monetario Internacional como el Banco de España tuvieron graves errores de previsión en el segundo semestre de 2011 respecto de lo que finalmente ocurriría en 2012, ha servido para que Linde refuerce la idea central de su intervención: la situación crítica del sistema financiero español en ese año. Como bien deja ver la crisis de Bankia sujeta a investigación judicial, la gobernanza no ha sido ajena a la crisis de las entidades españolas.

El presidente de la Asociación Española de Banca (AEB), José María Roldán, que fue de manera significativa director general de regulación del Banco de España entre 2000 y 2013, señaló en una intervención la semana pasada que si el regulador exigía más capital a los bancos, la reacción sería reducir el crédito a la clientela. La lógica es que prestar más supone mayores requisitos de capital para respaldar el crecimiento del activo. El funcionario de la AEB señaló que se trata de una política contradictoria, en la medida que de un lado pretende fomentar el crédito y del otro lo amenaza. Sin embargo, el señor Roldán debería tener en cuenta que el regulador europeo ha decidido dar marcha atrás en su política de reducir la liquidez del sistema financiero. Lo ha hecho por el serio temor de que lo que sobrevuela a la Unión Europea (UE) es una potencial recesión. 

Sospecha fundada en la situación económica de algunos países, entre ellos Alemania e Italia, y en la tendencia general del comercio mundial, entre otras cosas. Dos países en los que además se bordea una crisis bancaria de consideración en instituciones muy significativas. Quizá Roldán debería tomar nota de las declaraciones de Linde acerca de la incompetencia predictiva del BdE y el FMI en 2011 y extrapolar los datos. El aumento de la deuda pública y privada en España hace que un deterioro del escenario económico global sea una amenaza cierta para la estabilidad del sistema financiero español. Mientras tanto, respecto del problema de gobernanza, tanto en el Santander como en el BBVA no podemos menos que esperar lo que esperan los inversores institucionales. Un cambio significativo tarde o temprano, que si hubiera capacidad de reflexión quizá debería accionarse antes del diluvio.

Noticias Relacionadas

Director
Alfonso Pajuelo ( director@icnr.es )

Redacción (redaccion@icnr.es)

  • Juan José González
  • Javier Ardalán
  • Carlos Schwartz
  • Rafael Vidal

Intelligence and Capital News Report ®
es una publicación de Capital News Ediciones S.L.
Editor: Alfonso Pajuelo
C/ Joaquín María López, 30. 28015 Madrid
Teléfono: 92 118 33 20
© 2019 Todos los derechos reservados.
Prohibida la reproducción sin permiso expreso de la empresa editora.

Optimizado para Chrome, Firefox e IE9+

loading
Cargando...