edición: 2850 , Miércoles, 20 noviembre 2019
23/10/2019

El FMI y los acreedores de Argentina, en una tensa espera ante las elecciones, se resignan a una quita

El organismo multilateral espera que haya una pérdida alta para los bonistas y los inversores privados
Carlos Schwartz
Argentina avanza hacia el desenlace electoral el próximo domingo con la creciente sensación de que el triunfo será para la fórmula electoral de Alberto Fernández como presidente y Cristina Fernández de Kirchner como vicepresidenta. La semana pasada emisarios del candidato presidencial mantuvieron reuniones con funcionarios del Fondo Monetario Internacional (FMI) y grupos de acreedores en Washington. El organismo multilateral se inclina por una fuerte quita a los bonistas privados para evitar la imagen de que las ayudas y la política fiscal restrictiva se dirigen a favorecer a los inversores, de acuerdo con fuentes de medios financieros. Pero el FMI no ha hecho declaraciones públicas al respecto y mantiene su hermetismo a la espera del resultado electoral. Los grandes acreedores, los fondos de inversión en deuda soberana como PIMCO, Greylock o Pharo Management, se han manifestado resignados a una quita significativa. Mientras en Buenos Aires los documentos de los asesores de Fernández hablan de una quita del 20%, los fondos temen que el “afeitado” se apure hasta la piel y quede en 40 céntimos de dólar por dólar es decir una pérdida del 60% de las posiciones acreedoras.
De acuerdo con las cifras que maneja el Banco Central de la República Argentina (BCRA) la deuda pública externa total del país es del orden de los 315.000 millones de dólares y los vencimientos hasta 2023 en manos de los bonistas suman 75.000 millones de dólares. Dentro de este baile de cifras está el crédito de 57.000 millones de dólares concedido por el FMI al Gobierno de Mauricio Macri, que se ha esfumado en la salida de capitales que ha permitido a los inversores a corto plazo sacar el dinero del país. Es decir que una parte sustancial de la financiación forzada por Christine Lagarde, y a la cual se resistieron los funcionarios del Fondo, fue en rescate de esos inversores. El FMI espera una renegociación de la deuda porque el país no está en condiciones de hacer frente al endeudamiento que tiene contraído, y menos considerando las sucesivas devaluaciones que han encarecido la deuda en divisas. Los analistas en Argentina esperan que si Fernández gana las elecciones haya una nueva devaluación significativa para “licuar” aun más la deuda interna en pesos argentinos.

La propuesta inicial del equipo de Fernández de empujar un proyecto de reestructuración a la “uruguaya”, es decir una prolongación de los periodos de pago sin quitas, fue abandonado por impracticable. Uruguay reestructuró 5.000 millones de dólares y se comprometió a un superávit de las cuentas públicas del 3%, como se comprenderá no hay posibilidad de establecer comparaciones. En las presentes condiciones Argentina no puede garantizar un superávit estructural sin arriesgar un levantamiento popular. Tras las elecciones primarias en agosto en Argentina en las que arrasó la fórmula F&F, el país vivió un verdadero seísmo con la consiguiente escalada del dólar, inestabilidad cambiaria y pánico bancario. La oposición, es decir el Peronismo en todas sus variantes, rechazó en el Congreso la convalidación de los decretos para la “reperfilación” de la deuda y un programa de ayudas sociales, pero pactó para evitar la caída del Gobierno Macri y sostener la situación política hasta las elecciones del 27 de octubre, que el Gobierno adopte medidas por decreto para sobrellevar el tránsito por el desierto sin un desborde social. 

Con los ejemplos de Ecuador y Chile frescos en la realidad geopolítica, esta es una posibilidad que no se puede soslayar. Las devaluaciones han disparado la inflación y el coste de la vida ha subido de forma espectacular, lo que hace prever que el futuro Gobierno argentino no estará en condiciones de hacer frente a un incremento de la tensión. Sin embargo, una devaluación como la que algunos de los asesores del posible futuro presidente aconsejan, no va a dejar a la población indiferente y va a resucitar la tendencia a una carrera sobre los depósitos bancarios con fuertes probabilidades de que eso desemboque en medidas excepcionales para salvaguardar a los bancos de la quiebra. Habrá que ver como sale el FMI de esta crisis, en la medida que un impago argentino va a obligar a una recapitalización del organismo que va a quedar en los huesos tras este quebranto. Un organismo multilateral para la asistencia a los estados en necesidad sin dinero no parece eficaz.

Los representantes de los grandes acreedores que cenaron en Washington al final de la pasada semana para discutir una posible estrategia frente a las decisiones que tome el próximo gobierno han hecho saber que no están de acuerdo con una recorte excesivo de sus posiciones acreedoras y filtraron además el criterio de que una quita excesiva bloquearía el flujo financiero hacia Argentina. Esta no es una advertencia que haga temblar a los políticos argentinos que ya han transitado por una sequía prolongada en la anterior crisis de la deuda. Es previsible en este sentido que el Gobierno vuelva a introducir un impuesto a las exportaciones, pero la crisis internacional y la caída de la demanda de China, van a jugar una mala pasada a las expectativas recaudatorias de cualquier futuro equipo de gobierno en la medida que la llave de las exportaciones de soja del país está en Asia, sin contar con la caída del precio internacional de las materias primas. Es decir, que el contexto internacional para una renegociación de la deuda es adverso y constriñe la búsqueda de flujos de caja al interior del país lo cual es una mala solución.

El asesor de Fernández, Guillermo Nielsen, sugirió algunos de estos extremos en sus conversaciones con los acreedores privados en Washington el viernes pasado a los que dijo que las quitas serían grandes y que el gobierno no estaría en condiciones de operar por la vía fiscal, aunque no argumentó porqué. No hacía falta que lo hiciera, el espectáculo del ejército disparando munición de guerra contra civiles en Santiago de Chile es lo suficientemente elocuente, y el silencio sobre los muertos en las calles por esa intervención un bochorno para la prensa internacional. Mal lo tienen los bancos españoles con fuertes inversiones en esos países.

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