edición: 2491 , Martes, 19 junio 2018
25/05/2018
banca 

El Fondo Europeo de Inversiones invierte en derivados destinados a maquillar las cuentas bancarias

La práctica generalizada en la banca europea se utiliza para reducir la carga de los activos en riesgo
Carlos Schwartz
El Fondo Europeo de Inversiones (FEI) se ha embarcado de forma creciente en la inversión en derivados y securitizaciones emitidas por los bancos para reducir el impacto de sus activos en riesgo sobre el capital de acuerdo con fuentes del sector financiero. La legislación bancaria europea establece niveles de capital de acuerdo con los activos en riesgo lo que determina la necesidad de incrementar capital cuando el existente ponderado por los activos en riesgo baja de ciertos niveles predeterminados. La legislación bancaria recoge las normas establecidas por la regulación conocida como Basilea II y III. El FEI ha casi duplicado en un año su inversión en estos instrumentos destinados a mitigar el riesgo de las carteras bancarias alcanzando la cifra de 1.300 millones de euros de riesgo cubierto representando créditos por un total de 30.000 millones de euros. Los analistas de los fondos de inversión en este tipo de activos consideran que el FEI seguirá aumentando su cuota de riesgo en estos activos. En el caso de los derivados estos son productos denominados sintéticos en los cuales invierten los fondos de inversión y otros agentes financieros asumiendo el riesgo del impago a cambio de un rendimiento anual por parte del banco que los emite. En los hechos los créditos siguen en la cartera de los bancos, lo que se traslada es el riesgo empaquetado en un derivado es decir en un instrumento financiero muy complejo en el cual hay un compromiso por parte del banco que cede el riesgo de asumir una parte del quebranto si hay impagos dentro del paquete incorporado como subyacente al derivado.
Son una suerte de 'credit default swaps' (CDS), es decir un seguro contra el impago de créditos. El inversor parte de la noción no necesariamente reflejada de forma eficaz en los contratos de que hay un reparto del riesgo, pero la pregunta clave aquí es qué pasa si hay una crisis financiera extensa e intensa y los quebrantos se disparan. Hasta dónde los bancos van a poder asumir parcialmente esos quebrantos. En segundo lugar queda fuera de toda duda que al asumir en parte el riesgo del impago la cobertura es imperfecta por parcial. En tercer lugar se trata de instrumentos negociados de forma privada cuyos términos contractuales no son públicos y se establecen de forma bilateral. Esto los convierte en instrumentos opacos, complejos y de alto riesgo.

El FEI es un fondo dedicado a la inversión de capital en riesgo para el desarrollo de proyectos empresariales europeos. Sus socios son el Banco Europeo de Inversiones (BEI), la Comisión Europea, y una amplia representación de bancos públicos y privados así como instituciones financieras. El Fondo desarrolla su actividad con sus propios recursos o con recursos aportados por el BEI o la Comisión Europea (UE), sus estados miembros o terceros. 

De acuerdo con una fuente del FEI el cometido de esta institución es “desarrollar y ofrecer productos financieros específicos a nuestros intermediarios como los bancos, las sociedades de garantías recíprocas,  de leasing, proveedores de micro créditos, fondos de inversión en capital privado, con el objetivo de amplificar la financiación a las pequeñas y medianas empresas en Europa”. De tal suerte que de la única forma en que el FEI podría justificar tan riesgosa actividad financiera sería afirmando que al reducir el riesgo de los bancos permiten que éstos sigan prestando dinero con sus recursos lo que, de forma muy vaga, supone que quedan más recursos disponibles para el crédito a las pequeñas y medianas empresas en Europa. 

Claro que un observador neutral podría afirmar que el FEI está arriesgando dinero de los contribuyentes europeos en productos opacos de alto riesgo para que los bancos adornen ante los reguladores sus escaparates de forma que parezca que tienen más capital disponible del que en realidad tienen. Es decir que el FEI contribuiría de forma significativa al incremento del riesgo sistémico en el sistema bancario europeo. 

Es muy propio de los funcionarios de la Comisión Europea elaborar teorías ad hoc para justificar sus acciones. Cuando el FEI se reestructuró en el año 2.000 y el BEI se convirtió en su accionista mayoritario, el fondo se convirtió en el vehículo de la CE para la inversión en capital de riesgo del grupo público-privado con mayoría de capital público mediante la garantía parcial de la cartera de créditos concedidos a las pequeñas y medianas empresas por las entidades financieras. 

Pero el supuesto es que esta garantía se haría de forma directa y no mediante derivados y por relación a un tipo específico de créditos y no al bulto. La mecánica de alto riesgo por la que se ha deslizado el FEI forma parte de una ambición de Bruselas. La CE tiene en marcha un programa cuyo objetivo es poner en el mercado 500.000 millones de euros en nueva financiación a disposición de las empresas europeas.

Para la burocracia de Bruselas la creciente participación del Fondo en estas operaciones es una forma de empujar este objetivo de la CE, algo que el ejecutivo europeo aplaude si que le importe el precio que asume el FEI por ese objetivo. Los reguladores europeos en el pasado se plantearon el efecto de estos mecanismos para atenuar la carga del riesgo sobre el capital disponible de las entidades y una de las cosas que les preocupó fue la posibilidad de que al compartir el riesgo del impago con el fondo que adquiere los derivados el sistema puede acabar en una vulgar amortización de un riesgo que no estaba provisionado es decir una simple limpieza de cartera de crédito para los propios bancos con el coste que ello tiene. 

Como estamos hablando de instrumentos opacos negociados de forma privada y no sujetos a fiscalización en tiempo real por, digamos, el Banco Central Europeo lo que ocurra con estos instrumentos es un artículo de fe que solo se podrá verificar en la próxima crisis financiera.

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