edición: 2805 , Martes, 17 septiembre 2019
30/04/2019
banca 

El fracaso de la fusión entre Deutsche y Commerz deja al Gobierno alemán sin instrumentos para operar

Berlín se resiste a una adquisición extranjera del Commerzbank tras los dos anuncios de interés
Carlos Schwartz
Tras seis semanas de negociaciones Deutsche Bank y su competidor Commerzbank comunicaron que abandonaban su intento de fusión. El anuncio de Semana Santa es, por sobre todas las cosas, un fracaso de los planes del Gobierno de coalición presidido por la canciller Angel Merkel. Su ministro de Finanzas, y vicepresidente de Gobierno, el socialista Olaf Scholz, fue quien diseñó y precipitó este intento de fusión. La ingeniería de la operación en realidad era sencilla. El Gobierno tiene el 15% del capital del Commerzbank, herencia de la crisis financiera durante la cual el banco requirió una inyección de capital. Mientras tanto, Deutsche Bank -el más grande del país-, necesita deshacerse de activos improductivos y sanear sus cuentas. Una fusión era la cobertura ideal para proceder a la eliminación de los activos improductivos de ambas entidades, pero en especial de Deutsche, agobiado por el drenaje persistente de recursos para hacer frente a una cartera de créditos en la cuál se oculta un volumen considerable de operaciones incobrables. La entidad ha sufrido fuertes pérdidas ocultas, o al menos no atribuidas, por operaciones de alto riesgo como los bonos municipales estadounidenses adquiridos en 2007, en vísperas de la crisis financiera internacional. El banco no está en una situación crítica, afirman los analistas, pero dadas las condiciones de los mercados financieros en Europa, con los tipos de interés negativos como una perspectiva de largo plazo, la entidad tiene que hacer frente a un coste muy alto para la obtención de financiación en el mercado.
La necesidad de recursos ajenos para reforzar capital y hacer frente al gasto choca contra la alta remuneración que la entidad tiene que ofrecer para colocar sus activos financieros. En estas condiciones el alto coste de financiación es una cuerda al cuello de la entidad porque deteriora su margen de forma continuada y está en la médula de su baja rentabilidad. 

Pero el abandono de las negociaciones ha supuesto el fracaso de los planes del Gobierno para sanear la entidad tras la pantalla de la fusión y mantener al núcleo de control de los dos primeros bancos alemanes dentro de las fronteras del país. Scholz recubrió sus argumentaciones con una pátina de estrategia de largo plazo al señalar que la creación de un campeón europeo de las finanzas en Alemania era una clave de la estrategia económica del país porque aseguraba al sector exportador el adecuado respaldo financiero.

Ahora el Gobierno se queda con la patata caliente del saneamiento del Deutsche. Mientras tanto, los partidos políticos alemanes saludaron la decisión de ambos bancos de no llevar adelante el proceso de fusión. La razón para esta benevolencia son los costes políticos marginales del proceso. Entre ellos la necesidad de reducir la plantilla de la entidad resultante, con decenas de miles de despidos. Los sindicatos reaccionaron de inmediato a la decisión de entablar las negociaciones de la fusión. 

Otro aspecto que preocupaba al 'establishment' político era la evidencia de que tendrían que gestionar las ayudas a la entidad, con una recapitalización que los funcionarios del Bundesbank cifraban en no menos de 10.000 millones de euros. Esto supondría un incremento de la participación del estado en este conglomerado bancario, algo que casa mal con las normas de la Unión Europea, a menos que se abra un procedimiento de rescate de la entidad para recapitalizarla, algo que no está planteado, o que se adquiera una participación a precio de mercado para luego ir a ampliaciones de capital. Una vía políticamente inabordable. 

El hecho que para el Gobierno la situación de Deutsche es un dolor de cabeza, lo ratifican comentarios de funcionarios al Wall Street Journal según los cuales se están estudiando fórmulas para la modificación de normas bancarias y fiscales de forma de facilitar la creación de una compañía holding para sus diversas operaciones que facilite la reestructuración de las divisiones más afectadas sin alterar a las otras. En Berlín también se han ventilado las posibilidades de crear un banco malo al que se traspasen los activos improductivos. Pero todo esto es de momento mera charlatanería con la que se ha sustituido la debacle de la estrategia de rescate de la entidad basada en la fusión con el Commerz. Mientras tanto este último está en la mira de al menos dos entidades extranjeras, el italiano UniCredit y el holandés ING. Ambos han manifestado su interés en el caso de que la fusión no prosperara.

Sin embargo, el Gobierno, y en general el 'establishment' político del país, rechazan esta idea porque consideran que el núcleo de gestión de la entidad quedaría fuera de Alemania y en manos de entidades de gran dimensión cuyos intereses en condiciones de crisis financiera internacional le llevarían a desatender las necesidades de financiación de la industria y el comercio alemanes. 

Commerzbank es la entidad tradicional del denominado Mittelstand, compuesto por 3,5 millones de medianas y pequeñas empresas, con alto desarrollo tecnológico, que son responsables del 50% de la producción manufacturera del país. Es este sector el que produce las herramientas, partes y componentes, que a su turno equipan a buena parte de las fábricas del mundo. La idea de dejar en manos de intereses extranjeros la financiación de este sector es algo que causa fuertes reticencias en el país.

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