edición: 2761 , Martes, 16 julio 2019
21/02/2019
Menos intereses

El freno de Alemania salva a España de un mayor coste en la factura de la deuda

Problemas de fondo en Italia y Alemania se convierten en un balón de oxígeno para las cuentas públicas españolas
Juan José González
La locomotora alemana baja el ritmo, se frena casi al ralentí. Es la velocidad que al parecer caracterizará la marcha de la primera economía de la eurozona. Una primera lectura de la situación puede entenderse que el bajón de la locomotora en cuestión es un drama para los intereses económicos del resto de socios europeos, o puede leerse en clave de oportunidad. Por la primera, es obvio que la desaceleración alemana afecta directamente a todos los vagones que enganchan en la locomotora, una de cuyas unidades del tren suele ir cargada de productos españoles procedentes de la producción industrial, léase automóviles y sus componentes. La locomotora germana aminora su marcha porque a su vez, otra locomotora, la china, echa el freno al decidir que comprará menos a Alemania.
Entretanto, las autoridades de Bruselas observan que la desaceleración europea es general, con diferente intensidad geográfica. Desde hace un año, las mismas autoridades revisan una y otra vez las previsiones de los socios locales sobre el crecimiento económico y constatan una clara tendencia a la baja. En este último aspecto, sin embargo, se observa la existencia de dos grupos: el primero es más optimista y considera que se trata de un freno leve de las economías, mientras el segundo grupo, pesimista, cree estar en la antesala de una ralentización mayor de lo que parece y de lo que presentan las cifras. Y como no hay mal que por bien no venga, resulta que las malas noticias de Alemania le pueden venir al pelo a los europeos más endeudados, España entre ellos, porque obliga al BCE a aplazar la subida de tipos prevista para después del verano.

Una subida de tipos convertiría en insoportable la costosa factura de la deuda y de sus intereses. Porque el frenazo alemán pilla a las autoridades del BCE en medio de un intenso debate a propósito del cambio de política monetaria expansiva anunciado hace mucho tiempo y cuál deba ser la velocidad más conveniente, teniendo en cuenta la nueva situación de la economía de la eurozona y, en particular, la de su locomotora alemana. Sobre el papel, Alemania marchaba bien hasta que comenzaron a aparecer signos de estancamiento en las exportaciones a China, al bajar éste su demanda industrial exterior.

El frenado evidente de la economía alemana no parece, sin embargo, revestir la gravedad inicial puesto que su economía se mantiene en expansión, menor, y el desempleo continúa en niveles considerados como de pleno empleo, por debajo del 4%. Otro asunto distinto es que si se analiza la economía germana y se compara con otros socios de la Unión Europea, la opinión sobre la desaceleración deba ser matizada. La reflexión de que aisladamente mi problema no es nada, pero si me comparo con, por ejemplo, Italia, me ensalzo, bien podría aplicarse al estado de la economía alemana. Lo que no evita que la preocupación al respecto sea general.

La teoría del frenazo coyuntural parece encontrar su reflejo en los mercados, en concreto, en el mercado bursátil, donde, tras las correcciones que siguieron a los malos datos económicos publicados a principio de año, han vuelto a recuperarse y abandonar la teoría de la recesión y sumarse a la del freno coyuntural. Al menos, los inversores han interpretado que Italia no iba hacia la bancarrota ni Alemania parecía dispuesta a mantenerse firme en su política salarial inflexible. Ambos países mantienen bajo control la prima de riesgo, en el caso de Italia, mientras que Alemania parece que se rinde a la necesidad de subir salarios y aplicar estímulos fiscales.

Mientras tanto, las autoridades españolas, imbuidas de su pasión por la dinámica política (elecciones) están convencidas de la vitalidad de la economía, que se mantiene en expansión con la previsión de 2,1% para 2019 (según la última corrección del BCE) y que no parece ofrecer mayores motivos de preocupación en el corto y medio plazo. No opina de igual forma el Banco de España, que según su Gobernador (..."algo más puede estar pasando"...) desconfía del carácter coyuntural de los problemas económicos y se inclina más a considerar otros asuntos de mayor profundidad. Y mientras el BCE no se decide a cambiar la política monetaria, Alemania e Italia resuelven sus problemas, la deuda española se mantiene dentro de lo previsto y sus intereses no aumentan la factura.

Contrasta la visión positiva, complaciente y sin mayores problemas que contempla el Gobierno español, cuya actitud ante la realidad económica correspondería ya a la de un Ejecutivo en campaña. Seguro y confiado que el BCE seguirá firme y atento a la desaceleración de las economías locales, dispuesto a mantener los préstamos condicionados a largo plazo (TLTRO) al sector bancario, vigilando de cerca las decisiones del Gobierno italiano y a la espera de las nuevas medidas económicas de Alemania, que en suma, propiciarían la recuperación de la eurozona. Y aunque el próximo Gobierno español que salga de las urnas deberá contar con la posibilidad de que alguno de los tres elementos citados pudiera fallar, no estaría demás que averiguase la enigmática reflexión del Gobernador del Banco de España.

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