edición: 3010 , Miércoles, 15 julio 2020
06/05/2020
Búsqueda de una solución desesperada

El futuro del Gobierno, y con él de la economía, en manos del BCE y de la oposición

Pretende conseguir fondos no reembolsables de la Unión Europea y deuda perpetua, ambas figuras hoy inexistentes en los manuales financieros de la Unión
Juan José González
Luis de Guindos, vicepresidente del Banco Central Europeo, ha enviado al Gobierno español en los últimos meses varios mensajes directos sobre el plan que pretende el Ejecutivo para afrontar la crisis económica de la que ya se comienza a tener constancia en cifras. El último se produjo este lunes, a propósito de unas declaraciones que demandaban la necesidad de una acción concertada de la política monetaria a nivel europeo. Precisamente, es esta una de las variables que el Gobierno de Pedro Sánchez ya parece estar valorando como fija en su plan económico para superar, o suavizar, los efectos de la crisis económica. Por otra parte, la oposición política al Gobierno, con la negativa del Partido Popular a aceptar sus propuestas y la posible retirada del apoyo de algunos de los socios de investidura, sitúan en una posición compleja al Ejecutivo, con cierto parangón con la que se debe se debe sentir el jugador de ajedrez cuando el contrincante amenaza con un jaque. Situación más peligrosa en tanto que están en juego dos asuntos capitales: los efectos de una crisis económica provocados por una gestión errónea y la vida del propio Gobierno. La complejidad se convierte en amenaza desde el momento en que el Gobierno se ve necesitado de forma obligatoria de una cantidad de recursos de la que no sólo carece sino que además no podría devolver en varias generaciones.
Según reconoció la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, la economía necesitaría en torno a 200.000 millones de euros para hacer frente a los efectos derivados de la crisis de Covid-19. Esta parece ser sólo una aproximación numérica de las necesidades, un primer precio de la reconstrucción de la economía española siempre y cuando la eficacia de las fases de regreso a la "nueva normalidad" oficial sean eficaces e impidan un mayor deterioro de la economía. En cualquier caso y aplicando las mayores dosis de optimismo habrá que contar con novedades, con nuevos efectos de una crisis también nueva.

Si la posición del Gobierno es incómoda desde el punto de vista de los apoyos esperados de Europa y dudosos del sector político interior, la situación de la economía que, al margen de Covid-19, ya contaba con sus propias cifras, no ayudan a mejorar la fotografía de un escenario cercano al desastre. Sirvan de muestra los pronósticos avanzados por las dos ministras económicas, Montero y Calviño, la semana pasada: una caída del PIB del 9,2%, una deuda del 115% y un déficit del 10,3%. Posición incómoda, muy incómoda, en tanto que se trata de cifras que vienen a confirmar que la crisis será más larga de lo previsto y profunda de lo esperado.

Cifras que, por otra parte, habrían dejado al Gobierno de Sánchez en una mala posición como analista de coyuntura cuando afirmaba que esta crisis era de corta duración y escasa profundidad, una visión tal vez interesada o al menos mal valorada por parte de algunos ministros y sólo corregida por la realidad de las cifras. No es fácil mantener una visión acertada de la coyuntura cuando las necesidades corrientes, del día a día, superan todas las previsiones. Este puede ser el razonamiento para explicar la corrección del Gobierno tras una primera valoración de las necesidades financieras de la economía española.

Quizá víctima de una estimación precipitada, próxima a un optimismo injustificado, las responsables de Economía y Hacienda avanzaron que serían necesarios 100.000 millones de euros para combatir los efectos de la crisis por el Covid-19. Tan precipitada como alejada de la realidad la cifra se dobló hasta los 200.000 millones de euros pocos días después de la avanzada en primer lugar, seguramente tras caer en la cuenta de que la reconstrucción ocupará dos años y no uno como inicialmente habían previsto las ministras económicas. Esta sustancial rectificación es ahora la base de la propuesta española en la Unión Europea al solicitar un ayuda, se supone que a cargo de una emisión de una deuda perpetua. Aunque tampoco habría que descartar que al Gobierno le rondara la idea de proponer a la UE la misma fórmula, o similar, a la aplicada con las Comunidades Autónomas, combinación de fondos no reembolsables y deuda, si bien, se antoja imposible.

Al margen de las cuentas oficiales que proponen en estos truculentos meses los departamentos de Hacienda y Economía, hay  que recordar, por si acaso, que una de las herencias que dejó la crisis financiera de 2008 fue el menor crecimiento económico en la mayoría de las economías occidentales. En el entendido de que esta crisis de la pandemia tendrá su derecho a dejar su particular herencia, dada la esperada recesión de caballo prevista, histórica según todas las instituciones y organismos económicos, también dejará su particular firma, no se sabe si con aún menores crecimientos o quién sabe si todo lo contrario, si los ciclos serán de nuevo más largos, como antaño, o más breves, de media legislatura por ejemplo. En todo caso, el Gobierno de Sánchez no tendrá en esta ocasión posibilidad de un enroque ajedrecístico y estará obligado a encontrar un movimiento que le salve del jaque. Aunque ahora mismo lo desconozca.

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