edición: 2559 , Viernes, 21 septiembre 2018
22/05/2018

El gasoducto Nord Stream 2 se convierte en objetivo de Trump como palanca para doblegar a Alemania

Merkel que defiende el proyecto visita a Putin en un intento de reforzar la acción común ante EEUU
Carlos Schwartz
Funcionarios de la Administración estadounidense filtraron a la prensa que durante la visita de la canciller alemana Angela Merkel a Washington en abril el presidente Donald Trump advirtió a la primera ministra de que debía abandonar el apoyo al gasoducto denominado Nord Stream 2 como condición para entablar un nuevo acuerdo comercial entre la Unión Europea (UE) y Estados Unidos (EEUU). El gasoducto en el que la empresa rusa Gazprom tiene un 51% del capital es un proyecto estratégico para las empresas que forman parte del consorcio. Por parte europea participan Engie, OMV, Shell, Uniper y Wintershall y es el segundo ramal de un gasoducto denominado Nord Stream que opera como una compañía suiza también con mayoría de Gazprom en su capital. El gasoducto se ha convertido en el principal suministrador de gas para Alemania y la presencia de un segundo ramal está destinada a hacer frente a la creciente demanda de gas en Europa. 
Algunos países de Europa del Este, en especial Polonia y los países del báltico Estonia, Letonia y Lituania intentan frenar la operación argumentando que daría un poder excesivo sobre las necesidades energéticas de Europa a Moscú. Alemania mantiene un especial interés en la concreción del nuevo proyecto porque a su turno quedaría con la llave del suministro de gas al norte de Europa.

Rusia argumenta que la ruta por el Báltico de un gasoducto off shore despejaba los problemas recurrentes con el suministro a Europa a través de Ucrania. El suministro de gas al norte de Europa a través de Ucrania ha ocasionado en el pasado problemas serios, incluido el corte de suministro. Rusia considera inseguro el suministro a través de Ucrania y señala que además es un país de paso conflictivo con el gas ruso. Con sus advertencias Washington se erige en un aliado de primer orden para el grupo de naciones europeas que se oponen al desarrollo del gasoducto.

Sin embargo funcionarios de la UE señalan que estratégicamente a lo que apunta Trump es a posicionar a su país como suministrador a Europa de gas natural líquido (GNL) mediante buques metaneros. Estas mismas fuentes consideran que de acuerdo con sus estimaciones el gas estadounidense puesto en puertos europeos resulta un 20% más caro que el gas ruso servido a través de los gasoductos.

Las últimas intervenciones de la política exterior estadounidense ponen de manifiesto que los objetivos de Trump están estrechamente vinculados a los negocios energéticos. No en vano el secretario de Estado designado inicialmente por el presidente fue el ex presidente de ExxonMobil, Rex Tillerson, y sería una ingenuidad pensar que su dimisión haya roto el contacto entre la industria petrolera y Trump. Uno de los focos de interés son los recursos petroleros de Irán. Estados Unidos advirtió esta semana a Irán y la UE que aspira a un nuevo y duro acuerdo nuclear con Teherán en el cual hay ejes políticos y económicos: retirada de fuerzas con apoyo iraní de Siria y Yemen, el final a cualquier enriquecimiento de uranio, que admita los objetivos reales de su anterior programa nuclear, la liberación de rehenes estadounidenses y de sus aliados, y el final de sus proyecto de misiles con capacidad nuclear potencial. 

Mientras, la amenaza de las nuevas sanciones contra Teherán alejará de Irán a las petroleras europeas tal como ya anunciaron Total y Shell. Se perfila con claridad la intención de Trump de forzar un cambio político en Irán con o sin intervención militar externa que le de una presencia en la reorganización de la industria petrolera en el país. El apoyo sin ninguna cortapisa a Israel, país que advierte del peligro iraní y ha desatado ataques contra efectivos en Siria calificados de pro iraníes y que aspira a hostilizar militarmente a Irán parece formar parte de este plan. La conducta de Trump indica que en el fondo es un empresario al que le gusta negociar con el mazo en la mano: o me das o te doy. El repentino ”armisticio” en la guerra comercial con China anunciado en el comienzo de esta semana retrata también esta tendencia.

El presidente quiere cerrar un pacto firme sobre Corea del Norte que elimine la cuota de riesgo que entraña Pyongiang y su régimen. Pero para desactivar a Corea del Norte necesita de la asistencia china lo que le ha llevado a pactar un cese de hostilidades en la aplicación de aranceles punitivos sobre las exportaciones chinas a Estados Unidos. El acuerdo sin embargo consigue que China se comprometa a reducir el déficit comercial de Estados Unidos, un quid pro quo con claros objetivos económicos. 

El reforzamiento de los vínculos de Washington con Arabia Saudí, el otro archi enemigo de Irán, van en esta misma línea en la medida que Riyad está involucrada en varias operaciones para contrarrestar la influencia de Teherán en el Oriente Próximo. El enfrentamiento entre Teherán y Riyad tiene como telón de fondo la supremacía petrolera en la región.

Para Washington, la concreción de Nord Stream 2 supone un revés en su objetivo de asfixiar a Rusia. Pero todo parece indicar que los objetivos de presión política de Washington sobre Moscú que incluye fuertes sanciones comerciales también tienen objetivos económicos. No es ningún misterio que Rex Tillerson fue el artífice de los acuerdos entre la petrolera estatal rusa Rosneft y ExxonMobil mediante una exitosa negociación con el primer ministro ruso Vladimir Putin. Esos acuerdos se frustraron con las sanciones económicas a Moscú tras la crisis de Ucrania y la invasión rusa de Crimea. 

Pero de acuerdo con fuentes diplomáticas estadounidenses, Washington quiere tener ahora una presencia sustancial en la reorganización de los mercados financieros y de la industria del petróleo y el gas en Rusia. Este objetivo le lleva a una colisión con los intereses europeos, en particular los alemanes, que ya tienen una presencia en Rusia como socios comerciales de Gazprom, por ejemplo. 

Para Washington las sanciones económicas a Rusia se han convertido en una poderosa palanca para arrancar de Moscú concesiones significativas en la apertura de sus mercados a la banca estadounidense y del acceso a sus materias primas, en particular el gas y el petróleo, por parte de sus corporaciones. Las declaraciones esta semana del actual secretario de estado estadounidense Mike Pompeo, propugnando un nuevo acuerdo nuclear con Irán que excluye a Rusia y socavan sus bases de apoyo en el Oriente Próximo están en la línea de estos objetivos. La supervivencia de Nord Stream 2 dependerá de la capacidad de la UE de hacer frente a las pretensiones aparentemente ilimitadas de Estados Unidos.

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