edición: 3097 , Viernes, 27 noviembre 2020
14/10/2020
La austeridad da paso al gasto público sin techo

El giro de la política monetaria para crear inflación confirma las alarmas de los supervisores

A distintas velocidades pero Europa y Estados Unidos han coincidido en relegar austeridad y restricciones de gasto inclinándose hacia programas de gasto, estímulos, ayudas y subvenciones no exentos de efectos secundarios
Juan José González
Con los matices singulares pero en sintonía y hasta casi estudiada coincidencia, los bancos centrales de ambos lados del Atlántico se encuentran calculadamente en posición de maniobra. Movimiento estratégico el que planean estos días de alto riesgo los supervisores financieros de la Reserva Federal (Jerome Powell) y del Banco Central Europeo (Christine Lagarde). Ambos comparten el riesgo evidente que están mostrando tanto la economía norteamericana como la europea de colapso. Y no es para menos si se tiene en cuenta el resultado de la primera parte (ola) de la pandemia, con un catastrófico dato sobre los PIB de cada país tras el confinamiento. Ambos bancos centrales son conscientes de que la situación de hoy es el reflejo del confinamiento de la mitad de la población del planeta y que las medidas adoptadas con posterioridad no han hecho más que confirmar y agravar la situación. Las restricciones de movilidad han sido la guillotina de la economía y su resultado la recesión, los crecimientos negativos de hoy. Pero ahora el gran temor de las autoridades monetarias se centra en la etapa o fase que suele seguir a la recesión: la depresión. Gobiernos y bancos centrales están en ello, en la fase de adopción de medidas para detener la sangría de las economías; la europea ya con planes sobre la mesa y algunas decisiones en marcha, y la norteamericana, desde hace unas fechas volvados en programas de ayuda a la población y a las empresas, y con cierta urgencia, dado que el otoño es intensamente electoral.
El otoño parece ser la antesala de las novedades que llegarán en invierno, cuando para entonces Norteamérica, probablemente, ya cuente con un presidente (nuevo o reelegido) y Europa, ya sin Reino Unido efectivo y con el Plan de Recuperación en marcha. Será el momento en el que como asegura el vicepresidente del BCE, Luis de Guindos, el supervisor europeo pondrá en marcha un nuevo programa de estímulos económicos. Una nueva etapa tras la actual en la que el banquero central se encuentra aplicando un paquete de medidas urgentes al que ha obligado la pandemia. Por tanto, coherencia a primera vista entre la política monetaria y la situación presente.

También en el otro lado del Atlántico piensa el supervisor que debe hacer lo mismo o similar, pues allí la FED estima que la economía norteamericana corre riesgos "trágicos", parecidos a los vividos en su día de la gran depresión. Quizá haya sido la diferencia de valoración de una y otra situación, la americana y la europea, la que haya impuesto mayor urgencia y contundencia en las decisiones del equipo de Jerome Powell al frente de la FED. Pero lo cierto es que en Estados Unidos las autoridades, bien por la historia bien por la presión de grupos empresariales o sociales, se han puesto las pilas antes que las autoridades europeas.

Y en vista de los riesgos -"trágicos" en EE UU y "preocupantes" en la UE- Gobiernos y bancos centrales se han volcado en el gasto público. Programas agresivos de gasto orientados a la ayuda a familias, empresas e instituciones locales han sido aprobados a la carrera en Norteamérica. Algo más lenta la reacción en Europa pero efectiva, también con programas de apoyo social y subvenciones y ayudas a empresas. Unos y otros han creado, se supone que de forma consciente, una nueva realidad: el cambio de las restricciones y la austeridad por el gasto, los estímulos y las ayudas. Y no por poco tiempo sino más bien por un período largo.

Los supervisores no pierden de vista que la fiesta del gasto conlleva mayores déficits y que también será necesario un plan de futuro para su financiación y amortización (próximas generaciones). La situación de la economía puede parecer inicialmente un asunto complejo para los Gobiernos. Sin embargo, no parece ser así, pues los presupuestos de gastos les permitirá llevar a cabo programas de ayudas sociales que, como se sabe, suelen dar buenos réditos electorales.

En el horizonte próximo, desaparecen -en principio- los techos de gasto en Europa mientras que en Norteamérica la barra es libre, al menos hasta diciembre. Y el cambio, o giro, hacia políticas de gasto, estímulos y ayudas (y también de creación de dinero) tiene sin embargo, un efecto (antes prohibido) en forma de subida de precios, de inflación. Efecto deseado en esta ocasión provocado también por las políticas monetarias de abundante liquidez. Inflación que, sin embargo, obligará también a poner al día precios y salarios y actualizar pensiones. En la práctica, las medidas de recuperación en Europa, como las destinadas a evitar la "tragedia" en Estados Unidos, deberán ser bien calculadas y sobre todo controladas para evitar males aún mayores.

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