edición: 2783 , Viernes, 16 agosto 2019
18/01/2019
banca 

El Gobierno alemán aspira a un campeón nacional en la banca como parte de su política industrial

El Ministerio de Finanzas promueve en la sombra una fusión entre Deutsche Bank y Commerzbank
Carlos Schwartz
El Ministerio de Finanzas alemán ha solicitado al regulador BaFin compartir los resultados de su análisis de un escenario de la fusión entre los dos grandes bancos del país: Deutsche Bank y Commerzbank, de acuerdo con fuentes al tanto del interés oficial por la posibilidad de que ambos bancos se unan. Las fuentes al tanto de las preocupaciones del Gobierno federal afirman que a Berlín le preocupa la persistente debilidad en la cotización de ambas entidades financieras plagadas de problemas. “El Gobierno quiere un campeón nacional en la banca que sea el brazo financiero del poderoso sector industrial alemán”, de acuerdo con una fuente próxima al Gobierno. Sin embargo, la caída persistente del valor de las acciones de ambos bancos en ningún caso puede ser ajena a la preocupación del ministerio responsable de la vida económica del país por la consolidación en el sector financiero. 
Detrás de la fachada saludable de la economía alemana su corazón financiero palpita a los tumbos y no es ajeno a tropiezos reveladores. El ministro Olaf Scholz ha mostrado de formas reiterada su interés por empujar la consolidación del sector financiero en el marco del reforzamiento de la política industrial del país. Esto se ha convertido en un secreto a voces que se ha colado en las columnas periodísticas en varias oportunidades sin que las fuentes oficiales lo hayan desmentido. “Pero todo parece indicar que el empuje hacia esta solución para la persistente debilidad de ambos grandes bancos se haya reforzado en los últimos meses”, de acuerdo con una de las fuentes consultadas. 

El Partido Verde presentó una pregunta al Gobierno sobre las consultas que se pueden haber hecho respecto del futuro de estos bancos y recibió una respuesta significativa: entre mayo y diciembre del pasado año altos funcionarios del gobierno mantuvieron 23 reuniones con el presidente del Deutsche Bank, su consejero delegado y altos ejecutivos de la entidad. En esas reuniones se debatieron, entre otras cuestiones, las opciones estratégicas de la entidad. La viceministra Bettina Hagedorn afirmó en el escrito que El gobierno federal está abierto a opciones económicamente sensibles”, aunque señaló que las opciones en si mismas debían ser tomadas por los bancos.

En los últimos 12 meses, las acciones de Deutsche Bank han perdido un 50% de su valor, y el registro de la entidad a finales de noviembre motivada por una causa criminal por lavado de dinero precipitó una nueva caída de la cotización de las acciones del banco que registraron su mínimo histórico. El periódico económico Handelsblatt afirmó esta semana que el Gobierno movía sus hilos tras la escena para impulsar la fusión de ambos bancos, mientras que el Financial Times afirmaba que de acuerdo con sus fuentes mientras que el Gobierno se interesaba por los resultados de una potencial fusión no la impulsaba de forma activa. 

La secuencia de la información entre ambos medios es reveladora, de hecho el texto del Financial Times es una suerte de respuesta a las afirmaciones del Handelsblatt. Es decir, el Gobierno se interesa, pero no empuja. Parece obvio que Berlín se muestre más que preocupado por la dramática caída del valor de las acciones de los dos primeros bancos del país. Sobre todo si al menos uno de ellos ha manifestado problemas de capitalización serios. 
Si el Gobierno no encuentra una solución a la crisis del sector bancario alemán, la perspectiva de una mayor desaceleración económica del país amenaza de forma grave el futuro del sector financiero de Alemania. El país ha bordeado en el último trimestre la posibilidad de una recesión técnica con una caída durante tres meses sucesivos del crecimiento económico. De hecho la oficina estadística del país aún no ha publicado el resultado de diciembre, pero ha despejado los temores afirmando que el crecimiento se había sostenido. 

Está claro que el saneamiento del sector financiero aconseja acción, pero una fusión sin una limpieza profunda del balance de ambas entidades poco va a resolver. El Gobierno lo que realmente sopesa es cómo hacer una limpieza en los activos de las dos entidades sin provocar una onda expansiva en el sistema financiero alemán. La reflexión pasa por un eje claro. En 2016 ambas entidades evaluaron la posibilidad de una fusión pero concluyeron que antes debían resolver sus problemas en solitario.

La cuestión es que dos años después ambas entidades siguen embarcadas en una continua reestructuración sin que los resultados sean significativos. Más bien al contrario, la capitalización de ambos bancos se sigue erosionando sin que se vea la orilla salvadora. 

Deutsche no ha terminado de reducir su balance y por tanto su dimensión, y los problemas persisten. Lo que hace suponer que éstos son más serios que lo que se dice. El consejero delegado del banco, Christian Sewing, ha señalado que a causa del proceso de reestructuración una consolidación a gran escala no estaba en la agenda de los próximos 18 meses. Lo que las noticias ocultan es que, como en el caso de todos los bancos con problemas de capital, los socios mayoritarios se oponen a soluciones que afecten a su posición. Es decir combaten de forma activa su dilución.

Salir de la situación actual para ambas entidades supone una inyección de capital, y en el caso de una fusión el asunto no sería menor. Hay argumentos para todos los gustos y uno de ellos es que las fusiones de grandes bancos no han resultado bien en Alemania. Citan como ejemplo la de Commerzbank con Dresdner en 2008. Otros argumentan que Deutsche no ha logrado digerir la adquisición del Postbank una década después. O que el banco de negocios internacional de Deutsche Bank, la división con más problemas, no es asimilable en una fusión entre los dos grandes. 

Pero mientras se ventilan estos argumentos de uno y otro lado, si la situación de los dos bancos no mejora de forma sensible, nos podemos despertar unas mañana con una decisión drástica del gobierno que opte por nacionalizarlos antes que poner en riesgo al sistema financiero en su conjunto. La entidad que podría salir de una fusión de ambos grandes bancos sería la tercera europea por dimensión tras HSBC y BNP Paribas.

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