edición: 2808 , Viernes, 20 septiembre 2019
12/09/2018
El enfriamiento como coartada

El Gobierno aprovechará el frenazo económico para modificar sus promesas estrella

Consciente de las consecuencias de algunas de sus medidas, la ocasión la pintan calva para rectificar
Juan José González
Estaba previsto que el Gobierno ofreciera en esta última parte del año algo más que una visión progresista de su programa político hasta convertirla en anuncios a la sociedad de medidas concretas. Pero el tiempo político no parece coincidir con el económico y todo indica que el Ejecutivo cambiará de planes, obligado por una coyuntura que a decir de expertos y políticos no se presenta con las mejores intenciones. La evidencia de algunos datos estadísticos ya acreditados como en el caso del bajón turístico veraniego, es algo más que un indicio de un cambio. En resumen, el Gobierno se ve obligado a cambiar el guion por el cambio súbito de escenario macroeconómico. Forzado a aplazar las reformas previstas de impuestos y poner patas arriba la disciplina en el gasto público. Tendrá que posponer los planes de intervencionismo del Estado presionado por los vientos de cambio de económico. Pero en principio, lo que podría significar la obligación de una enmienda a la totalidad de sus planes, se presenta, por contra, como la mejor ocasión, coartada y excusa para modificar las propuestas estrella de su programa, adaptarlo a la realidad, despojado del idealismo inicial que caracterizó su puesta en público, quizá consciente el Gobierno de que las decisiones de hoy en materia económica producirán sus efectos en el futuro, es decir, tendrán consecuencias inevitablemente.
El final del verano está mostrando la cara menos amable de la actividad en el mercado laboral, que parece haber perdido el pulso y la alegría mostrada hasta hace pocos meses. Noticias preocupantes llegan del sector exterior, donde la exportación ralentiza su actividad. En resumen, los datos de la economía mundial y nacional han modificado su imagen y tendencia expansiva, algo que deberá tener en cuenta el Gobierno que pensaba llevar a cabo un ambicioso programa de reformas progresistas pero que el tiempo y los acontecimientos obligan a modificar. 

Vientos de cambio, cambio de tendencia, frenazo, desaceleración, enfriamiento... se puede decir que son las notas que definen un invierno económico y político que estará marcado por los indicios y probablemente por la constatación de algunos datos que ya indican que la economía se encuentra en la antesala de una caída de la actividad. Por si no fuera suficiente, los mercados emergentes no cejan de producir noticias negativas que afectan a los negocios españoles cuya presencia es considerable en Brasil, Argentina o, como en el caso de la banca, también en Turquía donde el BBVA libra una dura batalla por mantener su actividad.

Cierto es que por ahora los vientos sólo parecen anunciar un otoño climáticamente más favorable a las escaramuzas políticas que a otros líos financieros. Pero el freno registrado en los últimos meses del consumo privado es algo más que una sensación, es un dato acreditado. Entre el turismo, la exportación, el empleo y el consumo nos llega el mensaje de final de trayecto expansivo, con crecimientos sostenibles en una década que en breve podrían comenzar a bajar de velocidad e, incluso, cambiar de signo.

Hasta aquí, puede decirse que el Gobierno español, tras sus primeros cien días de práctica, comienza a ver la necesidad de modificar algunas de las propuestas más ambiciosas como son las ofrecidas en su debut, en los días de gozo tras su llegada al poder: se diría que la coyuntura ha modificado de un plumazo, en tres meses, lo impensable, como es, terminar con la sensación de que la expansión económica. En el guion del Gobierno se dibujaba un horizonte despejado de desaceleraciones y enfriamientos a medio plazo, el clima propicio que allanaría el camino hacia una convocatoria electoral como colofón de una segunda parte de legislatura. 

Pero el escenario de hoy modifica el inicialmente previsto e incluso amenaza con un mayor deterioro también a medio plazo. Que hasta ahora las tensiones sobre los precios de la energía, principalmente, el petróleo, se hayan quedado en eso, tensiones, no descarta un escenario peor, dominado por las subidas del precio del crudo, como tampoco la luna de miel en el precio del dinero parece encontrarse en su parte final. Modificaciones que el Ejecutivo aprovechará, sin duda, para cambiar algunas propuestas estrella -léase impuestos- de su programa de Gobierno. Porque no hay mal que por bien no venga, piensan en Moncloa.

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