edición: 2767 , Miércoles, 24 julio 2019
03/09/2018
banca 
Despejada una de las asignaturas pendientes

El Gobierno confirma a la banca la exclusión de su programa del impuesto sobre el capital 

La banca se libra del impuesto a la espera de que el Ejecutivo resuelva cómo va a financiar 300.000 millones de euros para cubrir el déficit público
Juan José González
Respira tranquilo el sector tras conocer la intención del Gobierno de descartar la idea del impuesto al capital. El escenario no podía ser más contradictorio: la rentabilidad del capital es escasa y la pérdida de dinero de los accionistas supera el 50%, en contraste con la intención del Ejecutivo de imponer un nuevo gravamen al capital. Por otro lado, el Banco Central Europeo presionando y exigiendo al sector más capital mientras la idea de un nuevo  impuesto a la banca intentaba abrirse paso entre otras tasas -`de nueva generación´- como los impuestos verdes o los tecnológicos. El debate de los impuestos, del déficit público, de los vencimientos de la deuda, de la financiación de las pensiones parece regresar a la cruda realidad tras las vacaciones estivales, eso sí, todavía pendientes todos los problemas de una solución razonable y -políticamente- vendible. Al menos, la polémica tasa sobre el capital de la banca desaparece de la escena inmediata toda vez que desde varios departamentos del Ejecutivo se ha trasladado al sector su intención de aparcar la idea del gravamen. Aseguran que las opiniones de la banca, tras conocer la intención del Gobierno, de aplicar un nuevo impuesto a su actividad, se dividieron entre las entidades que se la tomaron en serio y las que consideraron el anuncio de la `intención´ fiscal como, sencillamente, una cortina de humo y un anuncio más de campaña política. Pero que ahora renuncie a su aplicación no elimina la posibilidad de un nuevo intento en el futuro.
Lo cierto es que en estos dos últimos meses el sector financiero, la opinión pública y los miembros económicos del Ejecutivo han madurado su pretensión al respecto e, incluso, un destacado personaje del Gobierno parece haber sugerido que la idea del impuesto a la banca contará, en breve, con su correspondiente propósito de enmienda. Ni la necesidad urgente de ingresos, justificados estos en la necesidad de algo tan sensible como el pago de las pensiones, parecía amparar la acometida fiscal que significaba el impuesto y, mucho menos, su urgencia dado que las estimaciones de ingresos originados por el mismo no superarían los 900 millones de euros.

Como tampoco los efectos negativos de la tasa en cuestión iban a facilitar su imposición pues, como se sabe, no es lo mismo el sujeto pasivo de un impuesto que quien resulta al final pagándolo. La razón es tan sencilla como la comprobación por la costumbre de que quien tiene la obligación por ley de pagar un tributo tratará por diferentes medios de que el pago recaiga sobre otro sujeto. Y qué sujeto más próximo que el cliente o usuario bancario (en el caso del impuesto a la banca) sobre el que hacer recaer el gravamen.

El razonamiento que al parecer influyó de forma decisiva en el Ejecutivo para dar marcha atrás en la propuesta del gravamen fue el peculiar escenario en el que se mueve la actividad bancaria. Escenario en el que tiene que ver mucho la falta de rentabilidad del capital pero al que no es ajeno la fuerte destrucción de empleo (y de valor para los accionistas) en los últimos años. Es decir, el Ejecutivo habría entrado en razón dado que el sector se encuentra en una última fase de reconversión hacia otro escenario dominado por la banca tecnológica y digital. En este nuevo escenario ¿qué sentido tendría un nuevo impuesto al capital?

Pero por otro lado -y esta sí que parece haber decidido el sentido de la renuncia del Ejecutivo- la evidencia de que el nuevo impuesto sería trasladado a la clientela, eliminó el último razonamiento del Ejecutivo que consideraba que el sector contaba con suficientes entidades como para que los costes del gravamen se distribuyesen entre todas cuando la realidad indica todo lo contrario: que la concentración del negocio bancario es tan elevado que aseguraría su poder de mercado para trasladar el coste del impuesto al cliente.

Así pasa un segundo plano un impuesto que, como ya se ha dicho, seguramente lo pagarían los clientes, no era la mejor idea para mantener unas buenas relaciones con el sector financiero, de ahí que la marcha atrás o rectificación del Ejecutivo (para algunos `el perdón´ a la banca) sea, al final, el objetivo que pretendía el Gobierno. Los más escépticos, sin embargo, no pierden de vista el caso francés, donde un buen día su Gobierno consideró que debía gravar la actividad financiera (con la tasa Tobin) que en ese momento gozaba de muy buena salud y por la que recaudó tan sólo un 9,8% de lo previsto, al tiempo que provocó una caída considerable de la actividad financiera y obligando a la postre a eliminar el gravamen a los seis meses de vigencia.

Noticias Relacionadas

Director
Alfonso Pajuelo ( director@icnr.es )

Esta web no utiliza cookies y no incorpora información personal en sus ficheros

Redacción (redaccion@icnr.es)

  • Juan José González
  • Javier Ardalán
  • Carlos Schwartz
  • Rafael Vidal

Intelligence and Capital News Report ®
es una publicación de Capital News Ediciones S.L.
Editor: Alfonso Pajuelo
C/ Joaquín María López, 30. 28015 Madrid
Teléfono: 92 118 33 20
© 2019 Todos los derechos reservados.
Prohibida la reproducción sin permiso expreso de la empresa editora.

Optimizado para Chrome, Firefox e IE9+

loading
Cargando...