edición: 3025 , Viernes, 7 agosto 2020
27/02/2019
El calendario obliga a la reedición

El Gobierno convierte su Agenda del Cambio en el programa económico electoral

Propuestas fiscales y laborales -ya sin las exigencias de los nacionalistas- tienen ahora mayor moderación y ortodoxia
Juan José González
Los estrategas políticos del Gobierno habían planeado una presentación pública con algo de ruido de sus planes de modernización de la economía española. Reunidos en un documento de corta extensión, no más de dos horas, escaso si se tiene en cuenta que se trataba de la suma de ideas y propuestas que pretendían iluminar el horizonte económico español de los próximos años, de nombre "Agenda del cambio", el equipo económico del Ejecutivo de Pedro Sánchez planteaba algo más del medio centenar de medidas a desarrollar en distintas áreas de actividad y sus consiguientes objetivos a lograr. Por razones de calendario político (con los Presupuestos Generales pendientes de negociación) la presentación del documento se aplazó hasta el pasado día 8 de febrero, un viernes que en realidad se pretendía como materia para el análisis público y estudio de los expertos en el fin de semana.
La reacción fría y tímida de la opinión de los expertos y analistas económicos, fue el primer golpe que recibió el documento elaborado con la colaboración de varios departamentos ministeriales pero coordinado y, finalmente, apadrinado por Economía. Las expectativas creadas en torno al documento programático -según había comunicado el Ejecutivo- no tardó ni dos días en defraudar al público. Bien estructurado, el documento expone sesenta propuestas que pretenden ser la hoja de ruta de las reformas estructurales que ya figuraban en la relación de los conocidos "Objetivos de 2030".

La presentación de la Agenda del Cambio, se puede decir que obligada por la urgencia de recuperar la iniciativa política y sobreponerse al varapalo de las elecciones andaluzas, pretendía ser el reclamo de la sociedad civil, pero sobre todo de las fuerzas políticas parlamentarias para conseguir su apoyo a los Presupuestos Generales para 2019. Pero el objetivo no se consiguió y el documento ha seguido desde entonces el camino hacia el olvido, precisamente el lugar de donde acaba de ser rescatado por los estrategas de Moncloa para ser reconvertido hacia un segundo uso, esta vez, como producto electoral, nada menos que como núcleo central del programa electoral político y económico del Partido Socialista para las elecciones de abril.

Sus conocedores apuntan que la Agenda del Cambio, como documento de medidas concretas para distintas áreas de la actividad económica o laboral, pero sobre todo social, deberá ser retocada con intensidad y profundidad, pues se trataba de un documento teórico con propuestas de escasa concreción algunas y otras simplemente enumeradas. Como apunta un experto "si el objetivo era no dar pistas, con la Agenda lo consiguen", en referencia a la carencia de ideas, formas y caminos para conseguir los objetivos y, por supuesto, carentes de cuantificación, ni una cifra.

En estas condiciones, la Agenda del Cambio se saldó con un fracaso que ahora el equipo de Moncloa pretende enmendar mediante su transformación en el programa de gobierno de las elecciones generales. Previa limpieza a fondo, los artesanos de presidencia y partido político rescatarán lo que consideran las bases de la propuesta, como es asegurar la expansión económica pero dejando a un lado las concesiones políticas a grupos nacionalistas, como figuraban en la Agenda del Cambio, e introducir medidas, esta vez sí, específicas y concretas, que sean verosímiles y aceptables, es decir, que supongan una alternativa cierta y posible, al entender que se pondrían en práctica si el Partido Socialista consigue la mayoría de gobierno.

En la reedición, o mutación de la Agenda a programa electoral, los responsables deberán cuidar algunos aspectos básicos para no repetir fracaso, como por ejemplo, en las medidas y propuestas en torno a los impuestos, presión tributaria que se estima obligatoria en tanto que se trata de hacer acopio de los recursos financieros necesarios para el logro de los objetivos. Sin el concurso de dichos recursos de origen fiscal, nada sería posible. Si en la Agenda del Cambio la redacción de la presión tributaria estaba bien argumentada, en su cambio al programa deberá contar con mayor tacto.

En todo caso, parece haber ciertas dudas sobre el experimento, pues como se ha comprobado en estas dos semanas y media transcurridas desde la presentación de la Agenda, el Ejecutivo ha demostrado que al final no estaba muy de acuerdo con sus propias propuestas, siendo los departamentos ministeriales los encargados de dar marcha atrás, anular o posponer casi la mitad de las medidas que recogía la Agenda del Cambio. Habrá que pensar que, puesto que el documento se encuentra en el quirófano para su cambio de identidad, el nuevo recoja con más seriedad las ideas relativas al gasto público, inversión, presión tributaria, recursos humanos -natalidad y envejecimiento- todos indispensables no sólo para mantener el crecimiento sino también para garantizarlo y hacerlo sostenible. Porque en los programas electorales no pueden faltar ideas.

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