edición: 3007 , Viernes, 10 julio 2020
25/05/2020
Italia muestra la vía rápida: la condonación de impuestos

El Gobierno español elige la vía lenta para salir de la recesión, sin exenciones fiscales

Los Estados muestran su incompetencia en espera de la vacuna que resuelva la pandemia  sanitaria y la económica, para la que sólo encuentran medidas monetarias
Juan José González
Los mercados financieros bailan últimamente al ritmo de la música que tocan las informaciones sobre nuevos hallazgos en las investigaciones que a nivel mundial se centran en la búsqueda de una vacuna. Las Bolsas andan estas semanas sumidas en un tobogán cuyo movimiento final, o tendencia, se desconoce aún, si bien, la actividad en ese mercado financiero que conforma la vida de la renta variable (y también la renta fija) es tan imprevisible que no se descarta que sea el motor o el lugar donde se pueda anunciar el inicio de la recuperación. No es fácil que este mercado, de forma aislada, vaya a mostrarse como el punto de partida para salir de la recesión de la economía mundial, aunque sí podría servir para animar a Estados y Gobiernos a acelerar el proceso. Pero la realidad es otra y lejos de ser un foco de optimismo para la reactivación, la Bolsa es hoy un mercado como otros mercados financieros; se ven y muestran simplemente como un indicio, un amago de recuperación cuando suben los índices y una vuelta a la realidad cuando los índices caen. Lo que sí está claro es que los tiempos demandan vacunas, remedios, medicinas de salvamento, antivirales... para eliminar pandemias, quiebras de empresas y de Estados, monedas y por qué no sistemas. No parece haber vacuna adecuada para Covid-19 como tampoco para remediar la caída de las cifras macroeconómicas. Ni el Banco Central Europeo como tampoco la Reserva Federal norteamericana, encuentran en sus laboratorios la vacuna adecuada contra quiebras, ruinas y quebrantos.
No hay vacuna americana desde el momento en que la Reserva Federal, marcando bien el camino a seguir al resto de bancos centrales del mundo civilizado, no consigue que una reducción tras otra del precio del dinero se anime la actividad económica. Sirven las medidas monetarias como apósitos o vendajes de contención de hemorragias financieras, pero no para detener ni atajar los daños directos, indirectos y colaterales del virus pandémico. Sucede de esta forma que las medidas compulsivas de los bancos centrales poco o nada afectan a la evolución de la variable económica de la pandemia.

No hay más que observar que las primeras -y únicas- medidas adoptadas hasta ahora por los Gobiernos de todo el mundo han conseguido sí, frenar y detener la propagación dramática del virus al tiempo que ha logrado reducir la actividad económica en los grandes sectores -de fuertes efectos multiplicadores- y grandes empresas, cierres de fábricas, interrupción de cadenas de producción que han dado al traste con la actividad económica. Pero, como además el sistema económico está tan ensamblado e integrado lleva a que la paralización general sea automática y se frenen ventas, caiga la liquidez, se produzcan despidos y cierren empresas.

De modo que, las medidas de los bancos centrales acaben siendo remedios puntuales y temporales que apenas sirven en el corto y medio plazo para dinamizar la economía. Las medidas de los bancos centrales bailan a un ritmo diferente al que lo hacen las pequeñas y medianas empresas. El ritmo empresarial, en términos de costes o pagos, e ingresos tiene una cadencia laboral mensual,  trimestral para los impuestos, cuotas sociales a la Seguridad Social y anuales para otros impuestos. Y no parece que todos los Gobiernos en problemas, que hoy son todos, hayan caído en la cuenta en la que sí ha visto claramente el Ejecutivo italiano.

De la misma forma que la liquidez y avales de un prestatario oficial -como es un Gobierno- son de tramitación lenta y farragosa, éste debería tener en cuenta que hay otras medidas más eficaces, de urgencia que sí consiguen detener la hemorragia de las tesorerías empresariales y anular la salida de trabajadores. Italia ha decretado la ayuda a las empresas y personas más afectadas, no mediante aplazamientos ni subvenciones en forma de ingreso mínimo vital (que no se discute) sino decretando la anulación de una veintena de impuestos a los que se suma también la anulación de pagos a esas empresas y personas de facturas de costes como electricidad, agua y redes.

Todas estas no se han pospuesto al entender que con estas facilidades no se arreglarían los problemas sino que, sencillamente, se pospondrían. Esta es la factura de la intervención pública del Gobierno, en este caos, italiano, para solucionar la crisis. Otro asunto son los costes por las cuotas hipotecarias, dependientes de los bancos privados, que sí han sido aplazadas o los nuevos créditos proporcionados por la banca con más facilidades. En cualquier caso, el principal objetivo mundial, sea de la medicina o de los representantes políticos en los Gobiernos, sigue siendo el descubrimiento de la vacuna, la solución en el doble sentido de ser el avance que permita evitar más desgracias en términos de vidas humanas y por otro, a la par, que permita acelerar la salida de la recesión económica. Y ambas son ahora, por desgracia, los ingredientes básicos que dan vida a los mercados financieros.

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