edición: 2825 , Martes, 15 octubre 2019
05/09/2019
Países vecinos se preparan para el escenario más adverso

El Gobierno español, sin normas de prevención ante un predecible Brexit caótico

Francia y Alemania ya cuentan con protocolos de actuación para los nuevos trámites aduaneros que se aplicarán al tráfico de mercancías en puertos y aeropuertos tras la salida
Juan José González
La desconcertante deriva de los hechos dibuja un panorama cada día más caótico en el escenario social, político y económico de Reino Unido. Se confirma que la salida del país de la Unión Europea será anárquica y desordenada, enredada en cuestiones legales, confusa en procedimientos y turbio, muy turbio, en general. Adjetivos todos ellos incluidos en el otro adjetivo: caótico. Un asunto del que se puede afirmar que los mercados y los consumidores están (estamos) hartos. Hartazgo equivalente al miedo y temor que provoca la tensión y la expectación para conocer, de una vez por todas, el desenlace, el final de la película, en este caso, probablemente, tragedia. Conscientes de la situación, los Gobiernos vecinos, Francia y Alemania, ya se han apresurado a adelantar, a prevenir y disponer la organización de un plan, el único posible y más que probable, para cuando se produzca el desenlace. Bien es cierto que la conclusión de la salida del socio británico, puede ser larga y agónica, aunque, por si acaso y mientras tanto, los dos países vecinos mencionados ya han comenzado a probar algunas situaciones y soluciones. No se sabe si el Gobierno español, aunque no vecino de puerta pero sí de comunidad, tiene algún plan o estrategia para el día en que se produzca el evento. si no es así, sería conveniente, incluso en situación de en funciones. Tan conscientes son en La Moncloa de su desidia que hay una convocatoria para hoy de varios ministros para analizar la situacion. Sí, para analizar, no para tomar decisiones que es lo que ya han hecho los prrincipales socios comunitarios.
Por encima de otras incertidumbres de futuro, la salida de Reino Unido de la Unión Europea exige una reacción inmediata de los Gobiernos de la UE, sean vecinos limítrofes o parientes más o menos lejanos. Si algún Gobierno, o socio de la UE, tenía dudas sobre si los británicos iban en serio, está claro que han perdido el tiempo: el resultado de un referéndum debe ser sagrado y respetado y llevado hasta sus últimas consecuencias, con beneficiarios y perjudicados. Es el precio de establecer normas de convivencia que no siempre son del agrado de todos (sería imposible) sino de una mayoría. Así las cosas, algunos socios se han dado más prisa, o han sido más realistas desde el principio, y se han puesto manos a la obra.

Todavía cuando no están definidas las normas de funcionamiento de un Brexit ya efectivo y en la práctica, Alemania ya cuenta con un documento de más de tres mil páginas con algunos de los nuevos métodos para el intercambio de productos que deben pasar físicamente una frontera. Y Francia, vecino más próximo con un importante paso en Calais y unidos ambos países, todavía socios por el Eurotunel submarino del Canal de la Mancha. 

Este será sin duda, el principal punto de contacto entre el continente europeo y las islas británicas, lo que justifica las prisas del Gobierno francés por contar con un protocolo completo de los trámites aduaneros que regularán un importante paso de mercancías. Con o sin acuerdo entre el Gobierno británico y Bruselas las autoridades de los socios europeos no deberían perder el tiempo en los preparativos que contemplen el peor escenario posible. Y los trabajos de franceses y alemanes parecen confirmar que la buena decisión es prevenir y adelantar situaciones y soluciones.

No parece que el Gobierno español haya dedicado recursos técnicos, humanos, económicos o políticos a poner en marcha algún tipo de planificación al respecto. Declaraciones y posturas críticas sobre la salida de Reino Unido de las instituciones europeas han proliferado en los últimos meses, ya años, en este período cansino de negociación política que, finalmente, no ha llegado a buen puerto y que se dirige hacia el peor escenario posible. El intento británico (primero de Theresa May y ahora de Boris Johnson) de alargar el proceso en busca de beneficios parece haber fracasado ante la postura rígida y firme de las autoridades europeas. 

El mantenimiento de la incertidumbre política, social y económica como estrategia ha sido inútil para Reino Unido, no ha conseguido objetivos y, al contrario, su economía continúa a la baja, cerca del mismo nivel de actividad que en la crisis financiera de 2008. Las autoridades británicas siguen sin un plan para evitar la probable escasez de productos importados como medicamentos, alimentos y combustibles. Asuntos de suministros de mercancías que deben pasar por puertos y aeropuertos para los que franceses y alemanes ya cuentan con un protocolo de actuación. Mientras tanto, se desconoce si el Gobierno español tiene algún plan de prevención ante la posibilidad de una salida abrupta de Reino Unido con sus consecuencias nefastas para empresas y ciudadanos británicos que viven en España y españoles que viven en Reino Unido.

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