edición: 2556 , Martes, 18 septiembre 2018
21/06/2018
Octavo año de crecimiento pero ya sin récord

El Gobierno ignora el declive turístico, con 60.000 millones de euros en riesgo

La campaña de verano confirmará las previsiones de caída en la afluencia de turistas extranjeros a España
Juan José González
Mientras las autoridades locales y autonómicas siguen enredadas entre la desorientación normativa y el desconocimiento regulatorio de algunos fenómenos nuevos que se han manifestado en torno al alojamiento de los turistas, las primeras estimaciones sobre el nivel de llegadas de turistas en la presente campaña de verano, registran un ligero descenso respecto a las dos campañas de los años anteriores. Estaría en peligro por tanto la dinámica de crecimiento del sector de los últimos ejercicios, en los que se registraron récords de afluencia turística hasta superar el pasado año los 82,2 millones de visitantes extranjeros. No es la primera vez en estos primeros meses de 2018 que se escuchan algunas voces críticas hacia la política turística de las autoridades españolas, caracterizada por la dejadez y la desidia de la actividad sectorial en tanto que la afluencia mantenía su curso natural (bajo el criterio de la simple observación, es decir, seguían llegando) y además con cifras que mostraban un crecimiento imparable. Imparable que sin embargo esta vías de dejar de serlo y que al parecer ya habría echado el freno en la campaña actual. Cifras que pueden dibujar una nueva tendencia, de la que ahora se encuentran pendientes de confirmar agencias de viajes, hoteles y restauración. Por tanto, caída inicial de la afluencia turística veraniega que ya ha dejado de ser una simple especulación para convertirse en realidad. Que la primera explicación ofrecida por las nuevas autoridades del Gobierno se centren en apuntar a que la posible disminución de las llegadas de turistas a España se debe a la recuperación de los destinos de países como Turquía, Túnez y Egipto, muestran el desconocimiento de los problemas del sector.
Es probable que a estas alturas del año el descontrol de las autoridades sobre la actividad turística continúe en el limbo que media entre un Ejecutivo saliente y otro que llega, por tanto, víctima de un cambio o relevo político. Como también es probable que la situación, el freno en la afluencia masiva de turistas extranjeros de las campañas pasadas, no haya sido considerada en toda su dimensión  como tampoco su volumen, estimado en cerca de ocho millones y medio de turistas que habrían cambiado sus rutas de destino camino, por ejemplo, de los citados países del Mediterráneo.

En el sector se lamenta la ausencia de políticas del Gobierno de turno, primero Socialista y luego Popular, para aprovechar las `inclemencias políticas´ de los países vecinos, al otro lado del Mediterráneo, para mejorar la oferta y los servicios, alargar las estancias y provocar un aumento del consumo de los visitantes `ocasionales´, los eventuales turistas que cambiaron su destino vacacional ante la inestabilidad política de los países competidores turísticos de España.

En este sentido, las autoridades parecen haberse dormido en sus laureles, en la complacencia de que el trabajo ya estaba hecho y que con 82 millones de visitantes extranjeros al año la aportación de esta industria al PIB (en torno al 16%) ya se daba por satisfecha. Y sin embargo, el cambio de coyuntura no sólo amenaza la consecución de un nuevo récord de visitantes sino que ahora es probable que el problema sea frenar la caída, el retroceso, el repliegue de los visitantes hacia otros destinos turísticos con mejores precios, mayor calidad de los servicios e, incluso, sin problemas añadidos como algunas limitaciones en la capacidad de alojamientos.

Ya se sabe, se conocían los problemas, como sector maduro e histórico para las autoridades españolas, que no es fácil tarea la de recibir a 82,2 millones de visitantes ofreciendo calidad de servicios y precios competitivos, y en particular, en la considerada como campaña de verano, los meses entre junio y septiembre. Y como se sabía se debería haber actuado en consecuencia, sin problemas en los alquileres regulados (que no lo están) y sin algunas de las reacciones locales surgidas en las dos últimas campañas de verano que no ocultaban su rechazo expreso a los turistas, especialmente en algunas zonas saturadas por el volumen incontrolado -y no regulado- de los visitantes.

Con estos problemas locales y de competencia de otros países, las cuentas del sector turístico español deben salir este año más que ningún otro, en la necesidad de que cuadren se encuentra la base para el crecimiento económico, el previsto de la ocupación, de los ingresos, tanto en alojamientos como en restauración, desplazamientos interiores y visitas a monumentos. Están en juego, nada menos que 60.000 millones de euros, cifra que se dejaron los 82,2 millones de visitantes extranjeros en 2017. Una aportación del 16% del PIB no debería seguir siendo una víctima de la dejadez y desidia de las autoridades centrales, autonómicas y locales.

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