edición: 2975 , Miércoles, 27 mayo 2020
01/04/2020
fiscal 
Hacienda impone su filosofía: cada palo que aguante su vela

El Gobierno, inflexible con los impuestos, no ve el tsunami de impagos tributarios que se avecina

Retrasar el pago a la Seguridad Social no es suficiente y la cuota de marzo ya está pagada
El Ejecutivo mira para otro lado y está dispuesto a no perdonar, por el momento, a trabajadores y autónomos, incluso reconociendo que puede haber una caída de los ingresos
Juan José González
De los 16.300.000 trabajadores del sector empresarial, poco más de tres millones lo son de empresas muy pequeñas, aquí es donde se localizarían los trabajadores autónomos a los que el Gobierno les ha dejado bien claro que nada de interrumpir los plazos para las declaraciones y autoliquidaciones tributarias, y que si en algún momento alguien ha entendido que la interrupción de plazos administrativos podría alcanzar la presentación de impuestos y el pago de los mismos, estaba en un error. En resumen, los autónomos tendrán que presentar en plazo sus tributos, y nada de aplazamiento o reducción de la cuota de la Seguridad Social que corresponde a su categoría. Se tensa la cuerda entre los contribuyentes, que deben cumplir con la declaración del IRPF en marcha, y los autónomos a los que no se les quiere perdonar suavizar, reducir, ni siquiera aplazar, el pago de sus cuotas a la Seguridad Social. Se mantienen los equipos ministeriales al completo, con un número considerable de bajas por el coronavirus, con sus ingresos íntegros, sus descuentos a cuenta del Estado para la Seguridad Social, desempleo y demás prestaciones, mientras autónomos y microempresas se disponen a hacer cálculos sobre la caída de los ingresos en marzo, abril y mayo. Prisas del departamento de Hacienda por el inicio de la campaña de la renta con el aviso, por delante, de la magnanimidad de un impuesto que parece que beneficiará al 85% de los contribuyentes, así como de la agilidad que promete en su labor de devolución de las negativas.
Sorprende en todo caso que en este escenario de exigencia social, económica y empresarial, no sea el español un Ejecutivo que se suma a las medidas adoptadas por otros países del entorno y que ya han sido aprobadas y adelantadas por sus parlamentos. Lo cierto es que España, el Gobierno, es, hasta el momento, el único Estado que no está dispuesto a modificar los impuestos. Y así son criticados por fiscalistas y expertos que ven justificada una decisión como la de suspender y eliminar (renunciar al cobro) una parte de los impuestos o de las cuotas de autónomos. Con sólo la existencia de una causa objetiva fuerte, como es el caso del derrumbe productivo de las empresas, de sus ventas y negocios, bastaría para justificar las medidas fiscales a las que el Gobierno se resiste.

Tan sólo ha consentido el Ejecutivo alguna excepción para casos específicos y que sólo alcanzan a pequeños aplazamientos. Pero de exonerar cuotas, nada de nada. La historia vuelve a colocar a España, a sus gobernantes, en un puesto sobresaliente, al ser el único país europeo que se resiste a aplicar algún tipo de estímulo fiscal a la que siempre ha denominado la base del sistema económico y productivo del país, formada por autónomos y pymes. Por activa y por pasiva, Moncloa declara y subraya que de tocar impuestos (obviamente, a la baja) nada de nada. 

Sí es cierto que las medidas del Gobierno, plasmadas en los reales decretos recientes, recogen aplazamientos automáticos de las deudas tributarias, alcanzando también a los pagos fraccionados de IVA y retenciones, sin devengo de intereses en un trimestre. Un aplazamiento que se puede ampliar a seis meses, pero no así el devengo de sus intereses. Es decir, facilidades, las justas. En todo caso, el Gobierno, bien porque no tenga la intención, bien porque lo está retrasando, tensando, hasta conocer las primeras cifras del derrumbe económico, sigue sin reconocer la necesidad de aplicar un plan de estímulo tributario.

La lista de países y medidas fiscales donde el Gobierno español podría inspirarse, es muy larga. Alemania reduce prepagos, quedan sin efecto las sanciones y demás medidas de ejecución por los pagos atrasados. En Italia se suspenden los lazos para el pago de las cotizaciones a la Seguridad Social y se suspenden las retenciones y pagos para el sector turístico. En Francia ya se ha aprobado una medida que recoge el retraso en los pagos a la Seguridad Social o una desgravación fiscal. En Reino Unido se rebajan las aportaciones fiscales de establecimientos de ocio y turismo contarán con un descuento tan importante que casi un millón de pequeñas empresas dejarán de pagar sus impuestos (tasas) comerciales.

Es decir, no se trata únicamente de ofrecer medidas de aplazamiento, deferir y retrasar pagos, teniendo en cuenta que se trata de medidas que permiten respirar a empresarios pequeños y a trabajadores autónomos. Se trata de dar un paso más por el Estado en su declarada intención de compartir sacrificios, algo que no parece que se esté reflejando en los decretos ley aprobados por el Gobierno. Aunque es más que probable que no sea suficiente con el aplazamiento de pagos y Hacienda deba hacer un esfuerzo en reconocer que muchos de ellos, por desgracia, demasiados, no se pagarán nunca. Y para comprobarlo tampoco tendrá que esperar demasiado.

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