edición: 3055 , Lunes, 28 septiembre 2020
10/02/2020
La paradoja del alpinista, en contra de los más endeudados

El Gobierno juega a favor de corriente, la desaceleración económica permitirá más déficit

Los tipos de interés bajos obligan a ahorradores e inversores a asumir más riesgos y a los Estados a extremar la prudencia y no abusar de gastos, deudas ni déficit, aunque no parece que estos lo vayan a tener en cuenta 
Juan José González
Viento de popa para los gobernantes con planes de aumento de gasto, con políticas activas sociales, con déficits elevados. La desaceleración en el crecimiento de las economías se pone del lado de los Estados con mayores déficits que, obviamente no podrán financiar. En estas situaciones acaba siendo el Banco Central Europeo el que termine por aportar los recursos financieros o las medidas de política monetaria precisas para controlar y gestionar la crisis. No es una situación novedosa para las autoridades: están obligadas a actuar en esa dirección cuando, a pesar de las elevadas deudas y déficits por encima de lo acordado, se producen situaciones de desaceleración o freno en el crecimiento de las economías de los países miembro. El ejemplo es reciente y muy próximo: en Estados Unidos el pasado año, la Reserva Federal recibió numerosas presiones para bajar los tipos de interés. Y no cesaron hasta que cedió y, cuando todavía su economía no se encontraba siquiera en situación de recesión, va y reduce los tipos. Las presiones parecen ser más fructíferas en aquel escenario, lo que no impide pensar que la misma o parecida presión no vaya a tener éxito en Europa, donde en los últimos meses se está constatando la evidencia de una desaceleración en el crecimiento económico de varios de los miembros de la Eurozona. Y esta es la situación ideal, propicia y más adaptada a los planes que puede tener un gobierno como el español.
En Europa se da por hecho una próxima desaceleración del crecimiento, lo que a su vez, dará alas a los miembros de la Unión Europea para presionar el BCE, no sólo para que mantenga los tipos de interés en las zonas más bajas, negativas, sino para que sea flexible en su petición de rigor presupuestario y `aflojar´ la presión sobre los Estados más endeudados y permitir más déficit. Esta situación parece ser, según los responsables económicos de los gobiernos, la más conveniente para estimular el crecimiento económico, es decir, para hacer frente a la desaceleración del crecimiento prevista por las autoridades de la UE.

En su día, se dijo que el impuesto a las rentas tenía un carácter puntual, de emergencia y, por lo tanto, transitorio. Pero acontecimientos posteriores y sucesivos terminaron por hacerle algo más que un hueco. Hoy tiene un trono y hasta se diría que un lugar en la Constitución si se analizan o interpretan algunos preceptos de la misma de forma extensiva. Pues bien, los tipos de interés negativos llegaron un buen día justificados por las autoridades monetarias europeas como una medida excepcional destinada a paliar un desajuste económico, consecuencia de la profunda crisis financiera de 2008. 

Como aquel el IRPF de la transición política española, estos tipos bajos y negativos tendrían un carácter temporal, tiempo o plazo que parece no tener final en tanto que la oportunidad de retirarlos no llega y la reversión se hace poco menos que imposible en el corto y medio plazo. Se diría por ello que, como medida estructural, los tipos muy bajos, negativos en su caso, han llegado para quedarse. Ahora bien, esa situación particular que hoy hace posible mantener un déficit mayor en el entendido de que una mayor actividad económica podrá evitar que la desaceleración derive en recesión, tiene una consecuencia negativa, muy difícil de prever en este momento y ni siquiera en los próximos meses.

Sería este un escenario ya conocido por los espectadores pasivos, los ciudadanos, que en su posición de ahorradores verían disminuir el rendimiento de su dinero como también los inversores reducir sus ganancias. Inversores y ahorradores que también saben que la única forma de evitar que el dinero pierda valor y que las inversiones produzcan réditos es la de mover el dinero y asumir mayores riesgos, una situación que se considera irreversible en el corto plazo.

Mientras sigue aumentando la deuda y el déficit en las economías, en Europa y en EE UU, los tipos de interés se mantendrán igualmente en las zonas bajas y negativas. El paso del tiempo puede convertir esta situación crónica en un mecanismo perverso que haga poco menos que imposible la normalización futura de los tipos de interés. Algo así como la paradoja del alpinista, quien a pesar de ser consciente de que una gran subida se correspondía con una gran caída, no veía el momento de detener el ascenso. Seguramente las autoridades ya conocen la paradoja y saben que cuanto más tiempo transcurra con el nivel actual de tipos, más difícil será la normalización de la política monetaria en el futuro. Y los que peor lo pasarán, los que más sufrirán con la caída, serán quienes abusen de la deuda y el déficit.

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