edición: 2910 , Viernes, 21 febrero 2020
02/01/2018
Arranca 2018 con menor capacidad adquisitiva

El Gobierno mantendrá las trampas del IPC todo el año para controlar pensiones y salarios

Continua la argucia; IPC interanual -según el mes-, de referencia, deflactor del PIB, todos hijos del mismo padre y con distintos efectos, según convenga
Juan José González
Se cierra el año haciendo balance de costes y precios y comienza otro en términos similares, con previsiones de IPC, salarios y pensiones. Desde hace años el IPC no es problema, está controlado, no se dispara, más bien todo lo contrario, se viene trabajando para no incurrir en deflación, situación cantada con especial riesgo cuando la economía no crecía. Nadie podía imaginar una inflación anual en el entorno, y por debajo, del 1%. Quizá la aplicación en los últimos cinco años de esas combinaciones de políticas monetarias y económicas del BCE sea la causa para comprender lo que en pura teoría económica -el control de la inflación- se considera como un avance y su logro y eficacia un éxito de gestión de las autoridades. Comienza el año y se anuncian cambios importantes en los precios, al alza, naturalmente, energía, alimentación, educación, transporte, financiación, etc, todo subirá porque la inflación, la muy alta y la demasiado baja y persistente, es nociva y contraproducente. Y así, una vez introducido el concepto y sus efectos en la sociedad y sus consumidores, estos hacen cuentas: la vida será más cara, como todos los años, mientras que los salarios y las pensiones se quedarán, como siempre, uno o dos pasos más atrás. Finaliza algo más de un lustro sin inflación, situación que no por novedosa ha producido un cambio de opinión en la ciudadanía, convencida esta de que, a pesar del mantenimiento general de precios, la vida ha sido más cara y los salarios y las pensiones se han frenado.
Las primeras cifras de cierre anual confirman que las pensiones y los salarios se han quedado atrás, han perdido el tren y el ritmo que venían marcando los precios, la inflación. El IPC ha dejado a salarios y pensiones en cifras negativas, en empobrecimiento, desfase y pérdida de capacidad adquisitiva. Por décimas pero por debajo de la inflación. Las pensiones no habían perdido capacidad adquisitiva en los años anteriores, entre 2013 y parte de 2017. Pero cerca de final del año recién terminado todo se viene abajo y pensiones y salarios resultan tocados por el avance de los precios, de la inflación.

La reforma del sistema de pensiones, un éxito para una formación política a la que se le había atravesado el asunto, tuvo esa idea feliz de desvincular la subida de las pensiones del IPC para, a cambio, hacerla depender de una compleja fórmula de precios en función de otras variables como los ingresos de la Seguridad Social y la marcha del PIB, de modo que si estos van mal las pensiones irán peor mientras que si van bien es probable que a las pensiones llegue algo también en forma de compensación de tiempos adversos. Se diría que estos últimos años la economía se ha comportado de forma tan positiva que ese 0,25% de revisión de las pensiones debería reflejar esa tasa de bonanza que hoy por hoy, y para 2018 y 2019 se le quiere negar.

Con buen criterio para los intereses políticos, un Gobierno fuertemente presionado en cuadrar las cuentas, exigido por la realidad y por las autoridades europeas, dio con la tecla precisa para solucionar, a su manera, la presión insoportable de las pensiones, desvinculando su subida o revisión del IPC. Muerto el perro... apenas un ligero cambio de coyuntura para que el IPC regresara por sus fueros y tomara la delantera en su avance al 0,25% de subida anual de las pensiones.

El adelantamiento por la derecha y por la izquierda del IPC no se hizo esperar y ya en el primer mes del pasado año se pudo comprobar que el 0,25% anual de subida de las pensiones causaría innumerables disgustos. Debería ser este un asunto a revisar, quizá si no por el actual Gobierno, por los próximos o los que vengan de distinto color habida cuenta de los daños colaterales que conlleva referenciar una revisión que, como la de las pensiones o los salarios, según se realice a un IPC en enero, diciembre o junio puede pintar las cosas de muy diferente color.

Se sabe por experiencia, y los departamentos ministeriales económicos lo manejan como nadie, que para indiciar o referenciar precios de algunos servicios públicos, salarios y pensiones no hay como trabajar para que el IPC de diciembre sea alto o bajo, según convenga, para producir el resultado deseado. El juego se complica cuando entran a tomar parte del mismo el deflactor del PIB o el IPC interanual. Debería ser una imposición que los Gobiernos dejasen de jugar, manipular y, por ello, adulterar y falsificar el IPC.

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