edición: 2597 , Viernes, 16 noviembre 2018
09/11/2018
Draghi y Enría controlarán la crisis bancaria italiana

El Gobierno no logra colocar a ningún español en cargos relevantes de la UE

Un perfil más político se estaría imponiendo al técnico en la renovación de los puestos de las instituciones europeas
Juan José González
De nuevo una renovación de consejeros y altos cargos en las instituciones de la Unión Europea, como en el Banco Central Europeo, y de nuevo ausencia de representación española que ni siquiera ha podido acceder a la categoría de candidato o aspirante a los segundos y terceros niveles. España sigue así, infrarrepresentada en las instituciones financieras europeas, excepción hecha del vicepresidente del BCE, Luis de Guindos. Comienza ahora un movimiento muy amplio de renovación de varios puestos relevantes en las principales instituciones europeas, comenzando por las presidencias de la Comisión Europea y a continuación seguir con la del Banco Central Europeo. En los próximos meses se producirán otros relevos, sucesiones o renovaciones de los más altos puestos en estas instituciones, como es la del Consejo de Supervisión del BCE y dentro de éste la renovación de dos de los seis puestos del Comité Ejecutivo. Por tanto, el revuelo y los movimientos en los despachos de máximo poder de la Unión Europea, ya se deja sentir en su dinámica diaria. En medio del revuelo, llama la atención el nombramiento de un nuevo responsable al frente del Mecanismo Único de Supervisión bancaria, en la persona de Andrea Enría, el actual presidente de la EBA, pero, sobre todo o en especial por su origen, italiano, que, junto al otro italiano Mario Draghi, serían los responsables de la supervisión del sector bancario y los controladores de las pruebas de estrés a la banca. Sorprende además que se haya elegido a un banquero italiano, el segundo, para supervisar el control el sector pero con la idea fija de elaborar las próximas pruebas de resistencia.
Al parecer, todo indica que se trata de una maldición o de la existencia de una mano negra cuya actividad estaría haciendo poco menos que imposible el acercamiento o el nombramiento de un español en lo más alto de las instituciones europeas. Lo cierto es que lejos quedan los tiempos en los que José Manuel González Páramo, consejero que del BCE, o de Magdalena Álvarez, Jaime Caruana, José Borrell, en la presidencia del Consejo de Europa, Joaquín Almunia y otros, se sentaban en los lugares de mayor relevancia para el poder de la UE. Pero transcurridos unos pocos años, la representación española se ha diluido hasta una mínima expresión, o representación en la vicepresidencia del Consejo.

De ahí a que España, merced a una regla no escrita, pero casi, por la que los países miembros deberán estar representados convenientemente en las instituciones y con el respecto a una posición de equilibrio, hay un largo camino para recorrer y donde se hace casi imposible encontrar a más de un español situado en lo más alto. No se trata solamente de la ausencia de nombres españoles en las instituciones de la Unión consideradas como organismos políticos, sino también de la sequía de españoles en el ámbito del sector bancario.

Si fuera por el tamaño de la economía del país, España contaría con una representación mayor, dado que se trata del uno de los cuatro países más grandes de la zona. Pero siendo así, parece inexplicable que cuente en la actualidad con la representación más baja de la Unión. Ausencia de profesionales españoles que no se dan sólo en los organismos públicos, netamente políticos, sino también en los organismos más económicos y financieros como puede ser la EBA, o autoridad bancaria.

Habitualmente, la composición de los órganos de poder en organismos como el BCE, se solía respetar la diversidad de las nacionalidades, si bien en la práctica no se ha conseguido formar esa diversidad en razón, seguramente, de pactos y negociaciones políticas interesadas. Como interesada parece ser la ubicación del italiano Andrea Enría al lado del también italiano Mario Draghi al frente del BCE, puesto que deberá abandonar en los próximos meses. Y llama la atención especialmente su nombramiento en un momento crítico para el sector bancario italiano.

Hay que recordar la complicada maquinaria de la diplomacia política y económica europea hace unos meses para conseguir colocar un representante (Luis de Guindos) en la vicepresidencia del BCE, una institución considerada como la más relevante tras el Consejo. Es probable, sin embargo, que los mentores de los técnicos y personal altamente cualificado para desarrollar su labor en tan altos puestos, hayan tenido antes la consideración de superponer un perfil de candidato más político que profesional o técnico, frente al criterio que valora más la figura de un profesional o técnico de prestigio. Aunque en cualquier caso, España seguiría siendo la nacionalidad más ausente en el escenario institucional europeo, algo que las autoridades españolas ya deberían estar preocupadas por corregir esta carencia cuanto antes.

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