edición: 2560 , Lunes, 24 septiembre 2018
12/06/2018
Calendario apretado, enemigo a batir

El Gobierno, obligado a jugar contra reloj sus bazas en política económica

El tiempo se convierte en el principal recurso escaso que condicionará la puesta en marcha de los proyectos a lo largo de toda la legislatura
Juan José González
Una de las primeras tareas que ha debido acometer el nuevo Ejecutivo ha sido la de clasificar los asuntos económicos en dos grandes grupos: el de los urgentes y el de los aplazables. Y dentro del primero, incluso, ha forzado una selección de problemas sujetos al criterio de la elección de prioridades y del que se desprende que es la decisión de corregir el desequilibrio de la Seguridad Social el primero de todos, con un mensaje explícito hacia una base amplia de población por el que se compromete a mantener la revalorización de las pensiones con referencia al IPC, así como otros retoques novedosos que se darán a conocer en breve. Al nuevo Ejecutivo no les van a faltar manos, aunque es probable que sí necesite ampliar plazos para cumplir con los compromisos de reordenar las cuentas públicas, una vez que se inicie el movimiento de subida de tipos, ofrecer alguna idea novedosa y realizable sobre la financiación autonómica y sin perder de vista que el empleo es un objetivo que no puede esperar, que demanda medidas de apoyo social. Las cifras mensuales de empleo serán sin duda el látigo que presionará al Ejecutivo en su labor de Gobierno y al que le recordará que el objetivo principal y prioritario de cualquier Gobierno es la creación de empleo. En este sentido, el ritmo anual de la nueva ocupación sitúa el listón en el medio millón de trabajadores, un objetivo para el que contará con el viento a favor de la próxima campaña turística de verano. Aunque sin duda alguna, para cruzar todo este camino de dificultades, deberá estar resuelto el principal problema doméstico: los Presupuestos Generales del Estado -una pelota hoy en el tejado del Senado- compañeros de viaje para el resto del ejercicio.
Pero es la falta de tiempo, sin embargo, el principal inconveniente al que se tiene que enfrentar el Gobierno desde ahora hasta el final de la legislatura, en principio, a lo largo de los 18 próximos meses que tiene por delante. Un apretado calendario sujeto también a importantes variables externas, en Europa y con la FED, además de algunos acontecimientos geopolíticos a los que no es ajeno el interés español. Asunto incierto e incómodo será precisamente esa lidia del Presupuesto heredado, en espera de las numerosas enmiendas que se espera se adjunten al texto enviado al Senado desde el Congreso y que ahora está obligado a pasar por el tamiz de un partido político en mayoría, ofendido y desplazado del Gobierno, incluso también es posible que con algunas ganas de ajustar otro tipo de cuentas y no precisamente numéricas sino políticas.

Lo que se da por hecho es que los trabajos de adaptación del traje presupuestario a la talla del nuevo Ejecutivo van a llevar tiempo y obra en abundancia, un tiempo del que no parece que está sobrado el equipo de gobierno. A tener en cuenta también que incluso los equipos económicos, en sus segundos y terceros niveles, están a la espera de nombramiento por el Consejo de Gobierno (antes de Ministros) lo que contribuirá a ralentizar aún más las decisiones urgentes y demorar su puesta en práctica. 

La ajuste del traje presupuestario a su nueva talla oficial exigirá al equipo económico de Nadia Calviño el manejo fino de los recursos disponibles para que el ritmo de crecimiento de la economía no se resienta y se mantenga en la senda de los previsiones del Gobierno y dentro también de las expectativas de los agentes económicos. La confianza que consiga inspirar a estos será reconocida en los mercados en los próximos meses y que sobre el papel no debería ser muy diferente a la buena acogida dispensada por los inversores al nuevo Gobierno en sus primeros días.

Ahora cabe esperar a la próxima reunión del Consejo de Gobierno que se celebrará el viernes y del que deberán salir ya las primeras medidas de carácter económico y muy esperadas por los inversores, que confirmen, por un lado, la continuidad en los aspectos básicos que mantienen el ritmo de crecimiento de la actividad y el empleo. Pero por otro, nuevas medidas, con el sello propio del nuevo Ejecutivo que confirmen algo más que el sometimiento de la estrategia oficial a la que marca Bruselas en los asuntos de política económica. También en este punto es probable que el equipo económico no vaya a tener mayor margen que el fijado en el calendario por sus antecesores, en particular, en asuntos relacionados con los Presupuestos y el déficit público. 

Hasta fecha, no se tienen noticias de la petición de un período inicial de tregua por parte de algún miembro del Gobierno en esta primera fase de aterrizaje. Aunque en todo caso, los clásicos cien días de cortesía o de respiro que se suelen conceder a los principiantes o recién llegados a un trabajo, deberían ajustarse a la duración prevista de la legislatura. Este criterio, por tanto, reduciría a la mitad el tiempo de cortesía, lo que por otro lado obliga a pensar en que deberá doblar la velocidad de crucero de la actividad de Gobierno si es que aspira a llevar a cabo algunos de los cambios o reformas previstas. Con todo y para todo cuenta, al menos, con un equipo al parecer tan cualificado como numeroso resulta a la vista. Así que todo se reduce a una cuestión de tiempo.

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