edición: 2765 , Lunes, 22 julio 2019
11/04/2019
Deuda y déficit, siempre presentes

El Gobierno oculta el coste futuro de la deuda en la hipótesis de una subida de tipos

El FMI certifica la dejadez de los dos gobiernos –Rajoy y Sánchez- que en los últimos tres años no han puesto en marcha ninguna medida contracíclica
Juan José González
Las agendas políticas de los líderes que estos días se baten el cobre en busca del poder, no contemplan actos específicos ni público target económico: si el horno no estaba para bollos antes del informe del Fondo Monetario Internacional, una vez conocidos los rotos que el organismo prescriptor asigna a la macroeconomía española, con mayor razón se eluden esos temas tan escabrosos. Ni agendas ni mítines de temporada llevarán nada económico en cartelera. El informe del FMI ha servido sin embargo para algo más que para poner algunos puntos sobre algunas íes, pero sobre todo para comparar y recordar que hace un año por estas fechas, el citado organismo publicó el documento correspondiente a la añada donde sumaba décimas en cantidad de cuatro a las previsiones oficiales de crecimiento económico español. Nada menos que en el 2,8% cifraba su revisión (frente a 2,1% actual). Fueron momentos de júbilo y celebración por un entonces gobierno que necesitaba apuntarse triunfos y medallas en cualquier parcela de la actividad política, pero sobre todo en la económica, pues el Ejecutivo se solía acostar con dos pesadillas -que se mantienen en el tiempo- del tamaño de un déficit público y una deuda de casi imposible digestión en décadas.
De aquellos tiempos se deriva también una advertencia que ocupaba un folio entero del documento del Fondo y que venía a advertir, en un lenguaje técnico inasumible para el periodismo, que las autoridades económicas deberían asumir sacrificios, realizar reformas y aplicar políticas tendentes a equilibrar el barco, es decir, a estabilizar financieramente las cifras macroeconómicas del país en previsión de una futura (¡futura!) crisis de deuda o, incluso, ante un probable cambio de dirección en la política monetaria del Banco Central Europeo. 

Las autoridades leyeron el documento con atención pero sólo se quedaron con las opiniones favorables, las que ensalzaban el proceso de recuperación económica del país. El horizonte dibujaba ya un paisaje claramente electoral y del diagnóstico del Fondo sólo se debía aprovechar todo cuanto sonara a parabien. Con el paso del tiempo, en una coyuntura diferente aunque comparta el escenario electoral, lo que entonces -hace un año- era un déficit próximo a igualar el PIB, continúa igualándolo pero además con el agravante de que el déficit público en cuestión es el déficit primario, es decir, sin tener en cuenta los intereses de lo que se debe.

Después de la lectura atenta del informe del FMI presentado hace unos días, se mantiene por desgracia la más desgraciada cifra  de déficit estructural, cuya cantidad no parece haber experimentado mejoría alguna, habida cuenta que nada se ha recortado. Por tanto, se diría que poco o más bien nada se ha avanzado en este sentido. Ni políticas nuevas ni remedios políticos se han conocido ni aplicado en los últimos meses a pesar del cambio en el equipo de gobierno. Y el esfuerzo que hace un año apuntaban los técnicos del Fondo sigue sin hacerse, incluso se podría afirmar que el nuevo Ejecutivo ha asumido la herencia del anterior, puesto que los recortes en la inversión pública se han mantenido en toda su crudeza.

Que se tenga constancia, en los últimos nueve meses no ha habido aumentos de gastos en, por ejemplo, investigación, o de educación, si acaso en infraestructuras, gastos que en cualquier caso no verán la luz hasta dentro de uno o dos años. Por tanto, el balance de la política económica aplicada por los dos últimos gobiernos deja en evidente posición de riesgo y debilidad a la economía española que ahora mismo se encuentra en una situación en la que ya debe estar echando cuentas sobre las necesidades, costes, derramas y sacrificios que se deberán realizar. Riesgo y peligro evidentes de la economía española que se podrán medir (por cierto, se desconoce el importe de la factura que habrá que pagar cuando suban los tipos) cuando comiencen a subir los tipos de interés y los intereses de la deuda vengan reflejados en forma de subida en una factura que situará a la economía española en el lugar donde debe estar, que no es el de la recuperación que tan buenas ventas viene consiguiendo. Pero de riesgos, peligros y ajustes nada se dice en los mítines ni recogen los programas electorales en los que, por contra, sí tienen cabida las edulcorantes promesas de las bajadas de impuestos.

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