edición: 3009 , Martes, 14 julio 2020
22/05/2020

El Gobierno rehúsa elaborar el Presupuesto, que cede a la Comisión de Reconstrucción, un equipo con escasa formación y sin experiencia

A la sombra de un rescate, con la economía en caída libre y un déficit público desbocado, un equipo mezcla de técnicos y políticos será el autor intelectual de las nuevas cuentas públicas. Demasiado riesgo para tanta inexperiencia
Juan José González
Ministros de diferentes ramos de un mismo Gobierno, Banco de España, servicios de estudios de entidades financieras y diversos think tanks del perímetro empresarial mantienen una puja interesada para quién da más -o menos, según- en la singular licitación sobre el nivel, ratio o marca que logrará la economía española en la modalidad de salto del déficit público. Concurso reñido que da para que los participantes exhiban sus atributos, pues el abanico de la desgracia está situado entre el 14% y el 20%, siendo esta última apuesta la que menos concursantes reúne. Las apuestas oficiales que mantienen las ministras de Economía y Hacienda, a la limón, se sitúan en el entorno del 10%, quizá un tanto exigidas por un guion que les compromete para no caer en el catastrofismo: la imagen que daría un país cuyas autoridades reconocen un 13%, un 14% de saldo negativo del Estado sobre el PIB ante la comunidad internacional, los inversores y los prestatarios europeos, los del rescate en la sombra, sería patética, impresentable. Pero sucede que las previsiones sobre la calamitosa cifra se quedan obsoletas con el paso de una semana, lo cual obliga a mantener viva la puja y apostar una y otra vez. Le corresponde mantenerla viva, por razones de transparencia democrática, certidumbre y credibilidad del sistema al Gobierno. Una faena espinosa, sin duda alguna, puesto que el Ejecutivo anda embarcado en asunto de pandemia, una responsabilidad que le mantiene desbordado.
La puja, finalmente, deberá concluir en un Presupuesto; los Presupuestos Generales del Estado, habitualmente anuales, aunque el ciclo presupuestario anda ciertamente perdido y con los tiempos cambiados (el Presupuesto de hoy es el doblemente prorrogado de 2018 -del PP-). Pero ¿qué tiene de singular este nuevo intento de Presupuesto para el año próximo? Que el déficit va superar todas sus marcas, las históricas y las que en hipótesis más radicales se estudian en la Universidad. Un déficit monumental precisará de unos ingresos descomunales, necesitará de una fiscalidad dolorosa (pagar siempre duele) de una gestión fina e inteligente, justa y eficaz.

Siendo todas estas virtudes de difícil o imposible cumplimiento por parte de un equipo empeñado en la contradicción y en el error permanente. La fiscalidad resulta en este presupuesto de guerra en ciernes (el presupuesto, no la guerra) una cuestión capital (se diría que como en todos los presupuestos, aunque en este caso elevada al máximo nivel) la clave de dovela destinada a resolver la caída brutal de los ingresos públicos, la montaña de desempleados, todas ellas tareas a cargo de un Gobierno que deberá ser sólido en sus decisiones, bien cohesionado y mejor coaligado. 

Y en este escenario complejo y más exigente que nunca, no encaja muy bien (para nada) el cometido que el Gobierno acaba de confiarle a la "Comisión para la Reconstrucción Social y Economía de España", nada menos que le delega la construcción de la estructura básica de las próximas cuentas del Estado, de la elaboración presupuestaria, una maniobra que parece responder a una intención de excluir a los socios de Gobierno más conflictivos en temas fiscales y sociales. Aunque cabe la duda de la efectividad de la maniobra si se tiene en cuenta que la vicepresidencia de la Comisión estará ocupada por un socio de coalición de Unidas Podemos.

Porque a nadie se le escapa las dificultades de acuerdo entre los socios de coalición cuando ya se ha producido un primer incidente con un posible impuesto a los ricos a partir de un millón de euros que presagia una larga y enrevesada elaboración presupuestaria. La Comisión para la Reconstrucción de todo estará condicionada, entre otros, por situar el tiempo presupuestario en armonía con el tiempo político, que en este caso no es otro que el electoral. Y los acontecimientos diarios, los episodios nacionales del Gobierno de Pedro Sánchez, están confirmando que la legislatura no se agotará, sino más bien, que ya puede estar agotada.

Aparecen las dudas sobre la operatividad de la Comisión en un escenario político excitado en las Cámaras, agitado en las calles, crispado en las empresas y con las patronales y fuerzas sindicales a la expectativa de acontecimientos. La formación de la Comisión de Reconstrucción, que según su composición esta escasa de experiencia y de profesionales duchos en materias como tecnología, energía y otros sectores industriales y de servicios indispensables para la economía. No anima al optimismo ni a la esperanza en sus resultados, en propuestas de reformas novedosas como tampoco, ni mucho menos, para la elaboración de un nuevo presupuesto, extraordinario en todos los aspectos. Aunque si fracasa este, siempre nos quedará el de Montoro.

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