edición: 3002 , Viernes, 3 julio 2020
30/04/2020
La clave está en el consumo privado 

El Gobierno se la juega en acelerar la vuelta del consumo privado y aparcar el riesgo del virus

Un informe de la Unión Europea señala que mientras en Estados Unidos la aportación del consumo familiar al PIB es del 72%, en China es del 38% y en la UE-28 del 65% (hoy, sin Reino Unido, la UE-27 sería del 61%)
Juan José González
La estrategia del Gobierno pasa por acelerar el regreso rápido a la actividad económica pero sin dejar de mostrar que la prioridad de las decisiones seguirá estando, en todo momento, en la protección de la salud de la población. Es cierto que se trata de un complejo ejercicio de equilibrio entre dos necesidades que en ningún momento se pueden presentar como alternativas; sería un desastre político que cualquier Ejecutivo primara el aspecto económico frente al humano. Otro asunto es que cualquier Gobierno deba preocuparse y luchar por mantener el desarrollo de ambos, es decir, que las decisiones relacionadas con la vuelta a la normalidad económica no olviden ni releguen a las relacionadas con la protección de la salud pública. Y en esta fase se encuentran las deliberaciones de técnicos y políticos, en una combinación que no oculta sus peligros, pero que ahora por necesidades del guion se presenta como obligatoria. En relación con los técnicos, señalar que en los últimos días están cobrando especial relevancia las predicciones de los economistas, de muy diferente color ideológico pero que no ocultan tendencia política ni intereses empresariales. Es obvio. Y sin embargo, la complejidad de la coyuntura obligaría a todos a un ejercicio de filtración previa de las opiniones. En juego está la forma de salir de la situación actual, también el desarrollo de la nueva normalidad y finalmente, la calidad de los resultados.
Todos pendientes del momento en el que las grandes empresas (sin olvidar las medianas y las pequeñas) abran las puertas para que entren los trabajadores. Todos pendientes de las acciones que decidan los representantes de las instituciones supranacionales y, en concreto, para España, de las europeas y del Banco Central Europeo, y todos conscientes de que la vuelta a la normalidad económica es ya una actividad sometida a contrarreloj. Los Gobiernos se encuentran ahora con la presión de cuatro frentes: la más directa, de la repercusión de la pandemia en la población; de los opositores políticos; de las cifras económicas de caída de la actividad y de empleo y, finalmente, de los organismos e instituciones internacionales. Tampoco habría que descartar presiones y desavenencias en el seno del Gobierno que, es evidente que las hay pero que se desconoce la auténtica intensidad. Una vez despejados los inconvenientes y sorteadas las presiones de todo tipo, el Gobierno se enfrenta a la reconstrucción del sistema productivo en general, desde la puesta en producción total de las empresas, que pasa por la incorporación de todos los trabajadores, hasta los transportes, logística de distribución de productos y suministros, hasta la normalización del comercio y servicios en general.

Y aquí es donde los planes del Gobierno deben afinar hasta el extremo, puesto que se trata de rehabilitar y activar el consumo privado, sin duda, junto a la actividad de las grandes empresas, la clave de la recuperación y no sólo de esta sino también de la velocidad de la misma. De esta última dependerá finalmente el célebre dibujo de los economistas para expresar que la salida de la crisis describa una `V´, una `U´ o quién sabe si, como algún acreditado instituto de opinión pública ha manifestado esta semana, "no habría que descartar una no salida en `L´", lo cual sería el paso siguiente a una depresión, una catástrofe.

Y ¿por qué se entiende que es tan relevante el consumo da las familias en esta coyuntura? Pues por la misma razón que lo es desde hace décadas: porque representa el 65% del Producto Interior Bruto, que viene a significar que casi tres cuartas partes de la recuperación van a depender del consumo privado, de los hogares. Un informe de la Comisión Europea indicaba el camino de la recuperación económica tras la recaída de la crisis mundial en 2012 cuando aseguraba que la diferente velocidad de recuperación de las economías por zonas geográficas, dependía exclusivamente de la aportación del consumo privado y su peso en la composición del PIB, junto al peso de la actividad empresarial o industrial.

El informe de la institución europea dejaba muy claro que mientras en Estados Unidos la aportación del consumo familiar al PIB es del 72%, en China es del 38% y en la Unión Europea (de los 28) del 65% (hoy sin Reino Unido, la UE de los 27, sería del 61%). Con estos datos es obvio que las decisiones del Gobierno español consideren que el motor de una rápida y veloz recuperación de la economía pasa por reactivar el consumo privado, es decir, acelerar el desconfinamiento de la población. Otro asunto que es probable que tenga en cuenta el Gobierno es que sin apoyo institucional, sin ayudas reales y efectivas del Estado, el consumo familiar se aproximará a los comercios pero se quedará en la puerta. Se trata de que los consumidores pasen y compren, y para ello es indispensable que cuenten, al menos, con la renta disponible suficiente.

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