edición: 2783 , Viernes, 16 agosto 2019
14/06/2019
banca 
Por qué huyen de la banca los trabajadores

El gran ajuste bancario pasa inadvertido para la política laboral del Gobierno

La reestructuración de la banca está provocando una involución laboral por la que los trabajadores de los ERE son ahora los supervivientes de la crisis y los que mantienen el empleo las víctimas
Juan José González
Las dos regulaciones de empleo en marcha, en Banco Santander y Caixabank, que pueden cerrarse con unas bajas en conjunto de 4.700 trabajadores, han desatado todo tipo de valoraciones y reflexiones acerca de los motivos que han movido a una buena parte de los afectados por los Expedientes de Regulación de Empleo (ERE) a solicitar su inclusión en los citados expedientes. La reestructuración el sector bancario, con sus despidos, cierres de sucursales y fusiones, tiene su primer origen en la caída del negocio típico bancario. Entonces, cuentan las crónicas de la época, los sindicatos del sector estimaron que los despedidos eran las víctimas y los que mantenían su puesto los supervivientes. El paso del tiempo, una década, parece haber alterado las posiciones de modo que los supervivientes son los despedidos por los ERE, los ganadores, mientras que las víctimas son los que mantienen su puesto de trabajo, que ahora serían los perdedores. Algo así parece querer imponerse en la realidad, en la actualidad, por la que los despedidos, en condiciones óptimas y aceptables de prejubilación o jubilación, ganan en bienestar social y en salud, física y mental, a aquellos que aún conservan sus empleos.
Es probable que los `supervivientes´, incluidos en los EREs, hayan pasado a mejor vida, como también es posible que las `víctimas´, que conservan el empleo, consideren ahora que su trabajo es inestable, más exigente en objetivos y con funciones diferentes, tres notas que están presentes en el estado de ansiedad de los trabajadores que ahora desean convertirse en supervivientes. Por eso solicitan la salida del banco.

Y es que en los últimos años han proliferado los estudios que prueban que desde el inicio de la crisis, la inestabilidad laboral es una constante que viene pasando factura entre los trabajadores. El año pasado se conocía el trabajo de un sindicato independiente del sector financiero (FINE) que recogía la opinión de una amplia base de trabajadores sobre el clima laboral en el sector, siendo el 91% de ellos pesimista al opinar que no mejoraría en los próximos años y cerca del 85% denunciaba sobrecarga en el trabajo.

Desde 2009 las reducciones de oficinas bancarias en toda Europa ha sido una constante que ha ido en aumento con el paso del tiempo. Sólo entre 2008, año que los analistas toman como punto de partida en sus informes sobre la crisis, y diciembre de 2018, se cerraron algo más de 50.000 oficinas. En España había 46.000 oficinas en 2008 y en la actualidad los seis grandes bancos (Santander, BBVA, Caixabank, Bankia y Sabadell) suman 16.500. Así todo, Santander y Caixabank han anunciado cierres de oficinas de 1.150 el Santander y 800 Caixabank. Sirva como punto de partida del ajuste colosal recordar que fue en octubre de 2008, con el colapso de los tres grandes bancos de Islandia se dio por `inaugurada´ la crisis en el sector, momento en el que el 20% de los empleados perdieron su trabajo

Quizá las autoridades, los empresarios, las empresas y los bancos deberían plantearse algún tipo de reacción, previa reflexión, encaminada a descubrir el origen del absentismo y sobre todo sus disparadas cifras a partir de la crisis de 2008. Porque es probable que las políticas de empleo en España, como seguramente sucede en otros países del entorno, no hayan sido las más adecuadas para responder a la nueva realidad desde la citada fecha, o quizá, por qué no, es que ni las empresas ni los organismos públicos responsables del empleo no se han preocupado mucho (o nada) de la calidad del trabajo cuando su preocupación por contra en mejorar la productividad parece haberles ocupado todo el tiempo.

Lo que es evidente es que la tasa de absentismo en España, como la existencia de auténticos batallones de empleados pidiendo a gritos su inclusión en el ERE (y a partir de los 50 años de edad) como últimamente se vive en el sector bancario, no es una sencilla huida laboral motivada por razones culturales y laborales. Debe haber algo más, algo más que las autoridades responsables de las políticas de empleo y las empresas deberían estar investigando.

Hoy, la gran reestructuración del sector bancario abarca e interesa a todas las provincias españolas, y lo hace a un ritmo elevado e intensidad preocupante, habida cuenta que la banca ha expulsado de su sector un tercio de la plantilla total, cerca de 86.000 trabajadores cuando, según consultoras especializadas, de acuerdo con informes sindicales, señalan que esté es sólo el principio.  Curiosamente, las experiencias de los trabajadores de banca en España constituyen todo un banco de pruebas cuyas experiencias y resultados quieren ser aprovechados para otros sectores industriales, como el automóvil, la distribución de correos y otras infraestructuras. Las autoridades deberían darse prisa en resolver el problema laboral que se les viene encima porque si los bancos van a convertirse sólo en almacenes de dinero, los productos se van a las redes y las fábricas se llenan de robots, algo tendrán que pensar para los supervivientes, muchos millones de ex trabajadores.

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